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Gobernanza en la educación: El reto

31 de marzo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Horacio Erik Avilés Martínez/La Voz de Michoacán

La educación mexicana constituyó durante muchos años cimiento clave de la denominada “dictadura perfecta”, como denominó el escritor peruano Mario Vargas Llosa a nuestro régimen gubernamental que imperaba durante el siglo pasado; descripción que, a pesar de la distancia temporal, aún reverbera. Recordemos que, aunada a las presiones ingentes que se ejercían sobre las bases magisteriales para ejercer voto corporativo a favor de la fuerza política o candidato que así conviniera a los intereses de las cúpulas sindicales, su intervención consensuada para sostener representación de democracia a la mexicana, puesta en escena sexenalmente partía valiéndose de que el maestro era el líder de la comunidad por ser el ciudadano con más formación académica de su entorno. Por ende, de entre su gremio, se seleccionaban profesores con aspiraciones políticas para controlar las jornadas electorales para que contribuyeran al sostenimiento del régimen.

Dicha labor la cumplían con efectividad, siendo recompensados con cuotas de poder, entregadas en forma de regidurías, presidencias municipales, diputaciones y senadurías se les otorgaban; lo cual convirtió a las cúpulas del magisterio en aliados y parte del régimen, siendo recompensados con prestaciones e incrementos salariales ligeramente superiores al del promedio de la clase trabajadora nacional. Paralelamente, a los estudiantes se les infundió en lo más profundo de su conciencia el sofisma de que la educación superior era para solamente unos cuantos, quienes la merecían era por su esfuerzo o por su brillantez.

Lograr completar la trayectoria a través del sistema educativo era un mérito excepcional, no un derecho universal. Derivado de lo anterior, víctimas colectivas del efecto Pigmalión, resultaba entonces natural aceptar sin discernir que la gran mayoría de la población estuviese al margen de efectuar acciones para lograr que su derecho a aprender fuese efectivo. Tristemente, la sociedad mexicana compró el engaño y se conformó con ser discriminada en su gran mayoría, llegando al extremo de autoexcluirse de la participación en las comunidades educativas y de ser corresponsable de la educación nacional. En lo general, los padres de familia fueron paulatinamente abandonando la responsabilidad de educar a sus hijos, delegándola inefectivamente en el gobierno mexicano, lo cual demostró ser catastrófico. Gracias a ese esquema, durante décadas la educación nacional fue un rubro de importancia secundaria, desde la cual se gestó un genocidio cultural para varias generaciones, de las cuales muy pocos se beneficiaron de las oportunidades de aprender, mientras que una inmensa mayoría permaneció resignada a vivir y padecer las consecuencias terribles que la ignorancia ocasiona en la existencia humana.

Como consecuencia de la ausencia de participación ciudadana nuestro sistema educativo fue a la vez, durante muchos años, impune causal de muchas dolencias socioeconómicas, catástrofe silenciosa y caja grande de la opacidad y corrupción gubernamentales. Hoy el día, el cliché de concebir al sistema educativo nacional como un mero aparato de reproducción de régimen político hegemónico en México está completamente rebasado, ideológica, legitima y normativamente hablando, pero en absoluto está agotado o en desuso. Empero, el contrapeso que contribuirá a consolidar el naciente cambio de paradigma lo constituirá la debida construcción de gobernanza dentro del sistema educativo nacional. El concepto de gobernanza, comprendido como la construcción inacabada y dialéctica de relaciones, alianzas, consensos, intercambios, participación ciudadana, transparencia y rendición de cuentas, entre otros factores, que incrementan la legitimidad y capacidad de una sociedad de gobernarse cobra cada vez mayor importancia en el orbe.

Ésta no es una cuestión meramente conceptual, sino que tiene posibilidades amplísimas de recibir seguimiento y medición. Por ejemplo, el Banco Mundial realiza estudios sistemáticos al respecto en la gran mayoría de las naciones del orbe y establece ejes como voz y rendición de cuentas; estabilidad política y ausencia de violencia, efectividad gubernamental, calidad regulatoria, estado de derecho y control de la corrupción. Lamentablemente, nuestra nación resulta mal evaluada en fechas recientes en los indicadores respectivos. Desagregar la información y realizar una medición del nivel de gobernanza en el sistema educativo constituye, mucho más que un reto académico irresuelto, una responsabilidad no atendida por parte de la autoridad. Por ello resulta de capital importancia que hoy el Gobierno Federal coloque como quinto eje del Nuevo Modelo Educativo el de gobernanza. Ello implica el reconocimiento del gobierno de México de que, sin el concurso de la ciudadanía, jamás podremos ser una sociedad educadora. Finalmente, después de muchos años, el Eje 5 del Nuevo Modelo Educativo se refiere a ello. Establece condiciones y mecanismos para la mejora de la gobernanza del sistema educativo nacional.

Por ello, resulta valioso reconocerlo como un primer esfuerzo para concitar la participación ciudadana. Sin embargo, resulta manifiesto que hacen falta el establecimiento de mecanismos de consulta y validación ciudadana respecto a las acciones de política pública a implementarse en todas las escalas territoriales, así como garantizar que la voz de los actores del sistema educativo que se encuentren dentro del marco legal vigente, tengan carácter vinculante.

La autoridad debe de abandonar vicios y conductas abusivas del pasado. Fomentar la participación ciudadana es una obligación. Cultivar la gobernanza del sistema educativo es prerrequisito insalvable para que la autoridad ejerza debidamente sus atribuciones, con efectividad y legitimidad. Pero no olvidemos como sociedad, que más que ser la gobernanza un eje más del modelo educativo, debe ser una acción transversal y constante. Para lograrlo, la ciudadanía debe de ejercer a plenitud sus derechos, manteniéndolos frescos, vivientes e incólumes. Y usted, amable lector, ¿qué opina respecto a la importancia de densificar la gobernanza del sistema educativo nacional y abandonar las malas prácticas del pasado?

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