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¿Apoyar o no al Teletón?

29 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

El Teletón, una de las iniciativas civiles con fines filantrópicos más exitosas que ha habido en México, despierta sentimientos encontrados. De un lado, muchos miles de personas, cientos de empresas y algunos gobiernos responden positivamente al llamado a donar dinero y prestar apoyo por otros medios, para una causa que a todos (o casi) les parece encomiable: brindar servicios de rehabilitación a niños con alguna discapacidad y, desde hace pocos años, también atención a niños que sufren cáncer. De otro lado, se alzan voces diversas que desconfían de los promotores del Teletón, a quienes atribuyen fines aviesos o distractores de las responsabilidades del Estado; los más radicales de este frente militan activamente para descalificar y obstruir las campañas de recaudación de donativos y las subvenciones gubernamentales para la operación de los Centros de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT).

A primera vista, parece incomprensible que una labor conjunta de la sociedad civil y el Estado en beneficio de los seres humanos más vulnerables y necesitados de solidaridad, encuentre rechazo y descalificaciones, aunque sea por parte de una minoría. Sin embargo, en un país como México, que durante muchos años estuvo sometido a un Estado autoritario que controlaba casi todo, daba y quitaba subsidios y favores a su arbitrio, y desalentaba las iniciativas autónomas de la sociedad, es fácil desconfiar y sospechar de todos. Hay desconfianza de lo que hace el gobierno; muchos desconfían de los empresarios en general, como si todos fueran unos truhanes desalmados; se desprecian las acciones altruistas, sea que provengan de las iglesias, de asociaciones privadas o de individuos. Pareciera que nadie cree en la bondad de los otros. De ahí que muchos desconfíen del Teletón y hagan lo que pueden para desprestigiarlo y debilitarlo.

Entre los adversarios del Teletón y de sus frutos más importantes, los CRIT, se cuentan en primer lugar los enemigos ideológicos de Televisa, aquéllos que ven en esta empresa la encarnación de la maldad de “el sistema”, sin más fines que manipular, engañar, idiotizar y extraer dinero sin escrúpulo alguno. No seré yo quien defienda a Televisa, pero no comparto esa percepción mistificada, más cercana a las creencias medievales en el demonio que a la crítica racional que debe florecer en una sociedad abierta. Quienes predican contra el demonio de Televisa se quedaron en los tiempos de Echeverría o Díaz Ordaz, cuando toda la televisión estaba controlada por el Estado y al servicio de un solo partido. Pero, en fin, el tema no es Televisa, sino el Teletón, objeto a su vez de una demonización derivada de prejuicios, ignorancia o mala fe, y a veces de todo esto a la vez. Aclaremos algunos de los prejuicios o datos equivocados que circulan acerca del Teletón.

Algunas personas afirman que el Teletón es de Televisa. Falso. El Teletón es una fundación (asociación civil, con una filial como Institución de Asistencia Privada, IAP) cuyo patronato está formado por directivos de 23 empresas: Televisa, Telmex (que compite duramente con Televisa en el mercado de telecomunicaciones), MVS Radio (también rival de Televisa), Gutsa Construcciones, El Universal, Farmacias del Ahorro, entre otras. En total, participan en la asociación cerca de 600 empresas.

También se dice que Televisa toma los donativos como propios y con ello evade impuestos. Falso. Los ingresos de la Fundación Teletón se registran como donativos, y de ellos y de sus gastos tiene que dar cuenta al SAT. Lo único que obtienen las empresas y personas físicas donadoras es la deducibilidad de impuestos por lo que ellas mismas aportan: por cada 100 pesos, pueden deducir 30 o 35, lo que significa que en realidad el donativo les cuesta 70 o 65 pesos. Eso no es evasión de impuestos, ni mucho menos negocio: quienes donan no ganan dinero, sólo gastan un poco menos de lo que dan.

Otros arguyen que el gobierno no tiene por qué aportar nada a una fundación privada. Falso. La ley autoriza a los gobiernos a hacer aportaciones a instituciones de asistencia privada sin fines de lucro. Es una manera de sumar esfuerzos del gobierno y la sociedad civil. Por lo demás, en muchos casos, al gobierno le resulta más barato aportar a una IAP que crear, construir y administrar por sí mismo un servicio. Es el caso del Centro de Rehabilitación Infantil Teletón de Michoacán, construido en 2013. La Fundación Teletón aportó más de 300 millones de pesos para la construcción y el equipamiento del CRIT, y el Gobierno del Estado, con aprobación del Congreso,  se comprometió a aportar 40 millones de pesos al año para la operación. No es mucho, si se piensa que el CRIT ya está atendiendo, en promedio, a mil niños: cada uno cuesta al erario 3,333 pesos mensuales. En realidad, el CRIT gasta mucho más que eso en brindar a los niños con discapacidad diagnósticos médicos, terapias especializadas, aparatos ortopédicos, salas con equipos terapéuticos sofisticados, apoyo psicológico a las familias, etcétera, en unas instalaciones físicas amplias, funcionales, limpias y estéticas.

Por si fuera todo eso fuera poco, los CRIT se manejan con una transparencia administrativa y financiera que ya quisieran muchos organismos públicos. Además, gracias a que se trata de una organización civil, no gubernamental, los CRIT cuentan con la participación diaria de decenas de voluntarios que brindan información y orientación a los pacientes y sus familias.

Tal vez estos argumentos no basten para cambiar la convicción de los enemigos del Teletón. Pero estoy seguro de que las personas que visiten un CRIT quedarán deslumbradas por el servicio eficiente y digno que da a los niños que más lo necesitan. Este solo motivo me basta para apoyar la labor del Teletón, por encima de antipatías políticas o ideológicas. Pero no tengo problema con quienes no lo hacen. Como toda cuestión moral, es un asunto de conciencia personal. Cada quien define sus prioridades morales.

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