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El dilema de las tarifas de agua

25 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Como todos loa años, en el presente el gobierno municipal de Morelia exploró la posibilidad de aumentar las tarifas de agua potable. La razón de ello es muy simple: el Organismo Operador de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento (OOAPAS) sufre desde hace muchos años un déficit crónico y creciente, que amenaza con llevar a ese organismo descentralizado a la insolvencia total. Cada año, el déficit ronda los 130 millones de pesos. Si se tratara de una empresa, hace mucho tiempo que habría quebrado y ya no existiría; como es un organismo público, su déficit lo cubre el subsidio que le otorga el gobierno municipal. Tal subsidio al OOAPAS significa llanamente que lo pagan todos los contribuyentes de Morelia: lo que no pagan con tarifas más altas, lo pagan con otros impuestos o con menor calidad de los servicios municipales.

La pregunta obligada es: ¿por qué el OOAPAS opera con déficit financiero? Todo déficit (nos dice el licenciado Perogrullo) se debe a que el gasto es mayor que el ingreso, y este resultado se origina por fuerza en que el ingreso es pequeño o insuficiente, o que el gasto es grande o excesivo. El ingreso principal del OOAPAS de Morelia proviene de las cuotas de agua potable que pagan los usuarios (los que pagan), según su volumen de consumo y el nivel de la zona en la que habitan. ¿Son muy bajas las tarifas de agua potable de Morelia? Definitivamente, no. De hecho, este municipio destaca entre las tarifas más altas del país. Según algunas fuentes, Morelia tiene el agua potable más cara entre todas las ciudades de México, con cerca de $25 el metro cúbico (incluyendo en esta cuota  el cobro adicional por drenaje y saneamiento). Fresnillo, Aguascalientes y Puebla le disputan el poco honroso primer sitio. Sea o no en realidad Morelia la número uno, es innegable que los morelianos pagan por el agua más que los habitantes de la Ciudad de México y de muchas otra ciudades con un poder adquisitivo más elevado. Por lo tanto, no son tarifas bajas lo que causa el déficit del OOAPAS.

Si los ingresos del OOAPAS no son pocos, dadas sus elevadas tarifas, entonces su déficit se debe a que el gasto es excesivo. Un costo de operación muy elevado en agua potable podría originarse en la escasez de fuentes de agua, en un suelo extremadamente inestable que rompa la red o en un relieve del suelo muy irregular que obligue a bombear el agua a muchas zonas elevadas. Ninguna de esos factores se presenta en Morelia en grado fuera de lo normal. De ahí que no son factores naturales los que elevan el costo de operación del OOAPAS, sino factores humanos, y específicamente, administrativos. Desde hace tiempo muchos saben que los costos laborales del OOAPAS son excepcionalmente elevados, merced a las “conquistas laborales” que el sindicato respectivo ha acumulado a lo largo de muchos años: salarios muy superiores a los que reciben otros empelados con funciones equivalentes; numerosos días de descanso y prolongadas vacaciones, con prima vacacional más que generosa; aguinaldo cuatro veces superior al mínimo de ley e inclusive más alto que el de otros empleados públicos; seguros, vales de despensa, bonos de puntualidad y otras subvenciones que hacen de los empleados del OOAPAS una verdadera aristocracia burocrática.

Es natural que un sindicato demande y exija mejoras salariales y prestaciones que les permitan, llanamente, trabajar menos y ganar más. Pero no es natural que la autoridad que funge como patrón conceda más y más beneficios laborales fuera de toda racionalidad económica, al grado de hacer insostenible financieramente al organismo al que representan. En una empresa privada, el límite a las exigencias económicas de los trabajadores son el equilibrio financiero y la rentabilidad de la empresa misma. En un organismo de gobierno, ese límite se rebasa con subsidio. Comprensiblemente, un director de un organismo público prefiere ceder ante el sindicato a fin evitar un conflicto laboral que podría acabar con su carrera política. Al fin y al cabo, las concesiones se pagan con dinero público. Pero esa doble lógica  -voracidad sindical sin límite objetivo y conveniencia política de la autoridad-  conduce inevitablemente a incrementar los costos laborales fuera de toda proporción y a absorber un subsidio público que terminan pagando todos los contribuyentes y habitantes del municipio. Esos es, exactamente, lo que ha sucedido con el OOAPAS de Morelia.

A nadie le gusta pagar tarifas altas por un servicio público, y menos aún cuando esas tarifas son de por sí muy caras. No hay nada más impopular que un gobierno que cobra demasiado. Tal vez por eso, el gobierno de Morelia desistió de su propósito inicial de incrementar las cuotas de agua. Pero dejar las cosas como están tampoco es una solución aceptable. Mientras el OOAPAS siga operando con los costos actuales, continuará su déficit, se incrementará el subsidio que todos pagamos, no habrá inversión para reparar y mantener la red de agua, no se podrán abrir nuevas fuentes de abastecimiento, no se construirán las plantas de saneamiento que hacen falta ni se podrán liquidar todos los adeudos con la Comisión Nacional de Agua.

Si se quiere resolver de verdad el problema del agua potable en Morelia, el gobierno municipal tendrá que  tomar la difícil decisión de frenar y reducir los costos laborales y de operación; si no lo hace, llevará a la insolvencia total al organismo o al endeudamiento extremo al gobierno municipal. El sindicato, por su parte, debería entender que, si quiere conservar la fuente de empleo para sus agremiados, tendrá que renunciar a muchos de sus beneficios y privilegios. Ambas partes deberían tener en cuenta que, cuando una empresa o un organismo descentralizado es inviable financieramente, queda la opción de declarar su liquidación y empezar desde cero. Sería una opción políticamente difícil, pero legalmente viable, financieramente necesaria y socialmente justa.

 

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