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Morelia, Michoacán a 29 de mayo de 2017
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Herencia de escombros

17 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Durante el año de 1982, el último del gobierno de José López Portillo, la economía mexicana se colapsó, y no recuperaría estabilidad y crecimiento hasta 1989. El auge petrolero de 1978 a1981  -descubrimiento de grandes yacimientos, altos precios internacionales del crudo, abundante oferta de créditos externos-  alimentó la ilusión de abundancia segura y estimuló al gobierno a gastar como rico y adquirir préstamos sin medida. En ese breve período, el crecimiento económico fue notable (8% anual), pero la mayor parte de él se nutrió de los ingresos petroleros, las inversiones públicas y los créditos; el sector privado, aunque se benefició de la bonanza y de las divisas subsidiadas por el gobierno, fue más cauto y no invirtió gran cosa. Cuando, a mediados de 1981, los precios del petróleo se desplomaron y las tasas de interés se elevaron, México se encontró con menos dinero, muchas deudas (más de 90 mil millones de dólares), presiones inflacionarias y una inercia de gasto público que produjo un déficit fiscal de 16% del PIB, el más alto desde la Revolución. Pero López Portillo no reconoció que su apuesta al auge petrolero fue temeraria y equivocada; antes que rectificar, prefirió culpar a la banca internacional y local, a los “sacadólares” y a la mala suerte. Su última decisión política, muy nacionalista, terminó de hundir a la economía: decretó la estatización de la banca (unos bancos con más deudas que dinero para prestar) y desató una colosal fuga de capitales.

Ese fue el país que heredó el presidente Miguel de la Madrid.

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