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Venezuela: cómo se arruina una economía

8 de octubre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Este año, la inflación en Venezuela rebasa el 140%, y algunos analistas la proyectan a fin de año hasta 200%. En nuestros días, es la tasa inflacionaria más alta del mundo. Desde finales de 2013 la economía venezolana entró en recesión y este año se estima una caída del Producto Interno Bruto entre 5% y 8%. La escasez de productos básicos es desesperante: arroz, leche, carne, harina, pasta dental desaparecen por días o semanas de los almacenes y sólo se consigue una ración tras hacer filas por varias horas; otra forma de conseguir tales productos es recurrir al mercado negro, a precios 10 o 20 veces el oficial. La mayoría de los venezolanos, a pesar de haber incrementado mucho su ingreso nominal en los últimos años, hoy vive peor que lo que habían conocido toda su generación y la de sus padres.

¿Cómo se llegó a tal fracaso económico? ¿Por qué un país que posee unas de las reservas petroleras más grandes del mundo es cada día más incapaz de pagar sus importaciones? ¿Por qué hay más pobres ahora, si uno de los objetivos prioritarios de Hugo Chávez y de su heredero, Nicolás Maduro, era reducir la pobreza y crear un bienestar general? Venezuela es un ejemplo elocuente de cómo la mera voluntad política, aun con deseos de justicia social, puede empobrecer a la gente si se ignora la realidad económica. En este espacio me limitaré a ilustrar lo que podríamos llamar un “modelo de política económica para arruinar una economía”. Aunque el modelo es abstracto, está basado en la experiencia venezolana del último decenio. El eslabonamiento de las decisiones políticas y los efectos económicos es el siguiente:

Primera decisión política: repartir dinero para redimir a los pobres (y de paso, enriquecer a los redentores). Gracias a las abundantes exportaciones petroleras y a los elevados precios internacionales que prevalecieron hasta 2013, el gobierno de Chávez multiplicó el gasto social en forma de aumentos salariales, subvenciones directas al consumo, servicios de salud, construcción de viviendas, etc.

Primer efecto económico: aumento de la demanda y aumento de precios. Con más dinero en el bolsillo, la gente compró más. Sin embargo, como el súbito aumento de los ingresos de la gente no fue resultado de un aumento de la producción ni de la productividad, sino tan sólo del gasto público, el incremento de la demanda ejerce una presión sobre la oferta existente que sólo puede equilibrarse mediante el alza de precios.

Segunda decisión política: controlar los precios de los productos básicos, para proteger el consumo popular. El gobierno se luce imponiendo precios fijos y denunciando a los acaparadores y capitalistas voraces. Recibe aplausos que lo animan a seguir por el mismo camino.

Segundo efecto económico: estancamiento o disminución de la producción. Con precios fijos por decreto, el productor (lo mismo el gran empresario de pan que el pequeño agricultor o el vendedor callejero de hot-dogs) no puede seguir el ritmo de la demanda ni adquirir insumos suficientes para elevar la producción. En el mejor de los casos, la producción sigue igual, aunque haya más demanda; en el peor, disminuye o se suspende. Hay menos productos en el mercado, pero como la gente tiene más  dinero que antes, los inventarios se agotan rápidamente.

Tercera decisión política: estatizar las empresas de producción estratégica. El gobierno atribuye la escasez de productos a una siniestra conspiración de los empresarios y otros enemigos del régimen. Expropia empresas de pan, leche, cereales, pañales, cemento (cuya demanda se disparó por la construcción de viviendas) y se hace cargo de ellas una burocracia con poca técnica, mucha ideología y buenas dosis de corrupción.

Tercer efecto económico: la producción sigue disminuyendo. Las empresas estatizadas no aumentan la producción o lo consiguen sólo comprando insumos a precios muy elevados. Pierden dinero, pero el gobierno las subsidia. La demanda de las empresas estatizadas a su vez provoca alza de precios de muchas materias primas, maquinaria y refacciones, que se encarecen también para los productores privados.

Cuarto efecto económico: espiral inflacionaria. Se genera una cadena causal de demanda-alza de precios-escasez-nueva alza de precios-etcétera. Una vez que la espiral inflacionaria se echa a andar, se reproduce por inercia.

Quinto efecto económico: caída de inversiones y fuga de capitales. La inflación galopante, el desorden comercial y, sobre todo, el temor a nuevas expropiaciones inhiben las inversiones locales y extranjeras. La producción y la oferta globales se contraen y aumenta la escasez de toda clase de productos. La pobreza aumenta.

Sexto efecto económico: las importaciones se disparan. Ante la insuficiencia de producción local y el manejo gubernamental de un tipo de cambio fijo y subsidiado, las importaciones de bienes de consumo se aceleran y el déficit comercial aumenta peligrosamente; las reservas de divisas se evaporan.

Cuarta decisión política: el gobierno devalúa el bolívar, establece varios tipos de cambio y restringe las importaciones.

Séptimo efecto económico: se expande el mercado negro de divisas y la escasez de bienes se acentúa por la reducción de las importaciones.

Quinta decisión política: endeudamiento público. El gobierno recurre a créditos externos para solventar sus gastos y financiar las importaciones. La caída del precio del petróleo empeora todo.

Octavo efecto económico: el déficit fiscal crece hasta niveles insostenibles (este año, ronda el 20% del PIB) y repercute en más deuda y más inflación.

Nuevas decisiones políticas: negar las causas del desbarajuste económico, censurar más a la prensa, imponer un férreo racionamiento de alimentos, aumentar el precio de la gasolina, gritar más fuerte contra el imperialismo yanqui, culpar a los empresarios de la escasez, perseguir a la oposición, provocar un conflicto fronterizo con Colombia, aplazar las elecciones legislativas o preparar un fraude electoral… Cualquier cosa, menos corregir realmente la economía, porque las opciones de política económica ya se le agotaron al chavismo.

Ésa es hoy la realidad del llamado “Socialismo del Siglo XXI”. ¿Alguien quiere seguir el ejemplo venezolano?

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