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Jesucristo el más grande ateo

2 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Vidal Mendoza
Alguna vez yendo a misa todos los días me preguntaron la razón, dado que yo he fomentado un acervo ateísmo, claro que además de hacerlo por ser algo importantísimo para la persona a quien amo, en mi consciente debía tener una razón que fuera con mis ideales. Así, gracias a ella nació este tipo de antítesis de Nietzche. La explicación la he dado dos años tarde pero por fin, aquí está.

Todo comienza con el libro de Job. Como todos sabemos, las cosas le van mal a Job, lo pierde todo, su casa, su familia, sus pertenencias y etc. Tres amigos lo visitan y cada uno de ellos trata de dar respuesta a su desgracia; la grandeza de Job es que no acepta este significado profundo. Cuando hacia el final del libro de Job aparece Dios en persona, éste le da la razón a Job, diciendo que todo lo que los amigos teólogos de Job le decían era falso y todo lo que Job decía es verdad: “no hay significado en las catástrofes.”

Aquí encontramos el primer paso en dirección a la deslegitimación del sufrimiento. El contraste entre judaísmo y cristianismo es el contraste entre ansiedad y amor. Alegando que el Dios judío es el Dios del abismo del deseo del Otro, suceden cosas terribles, Dios está al mando pero no sabemos lo que el Gran Otro, lo que Dios quiere de nosotros, ¿cuál es el deseo divino?

Para designar esta experiencia traumática, Lacan usaba la expresión italiana “¿che vuoi?”, “¿qué quieres?” Esta espantosa pregunta: ¿Qué quieres de mí? Alegando que el judaísmo persiste en esta ansiedad, Dios sigue siendo este Otro enigmático, espantoso, y entonces, el cristianismo resuelve esta tensión mediante el amor; sacrificando a su hijo, Dios demuestra que nos ama.

Así que es una especie de solución imaginaria, incluso sentimental, para un caso de ansiedad radical. Si este fuera el caso, entonces el cristianismo debería haber sido una especie de reverso ideológico, o apaciguamiento de una revelación judía mucho más devastadora.Pero creo que se puede interpretar el gesto cristiano de una forma mucho más radical.

Esto es lo que muestra la secuencia de la crucifixión en la película de Scorsese. Lo que muere en la cruz es precisamente esta garantía del Gran Otro. El mensaje del cristianismo aquí es radicalmente ateo. La muerte de Cristo no es ningún tipo de redención, ni relación comercial en el sentido en que Cristo paga por nuestros pecados; ¿a quién paga, para qué, etc? Es simplemente la desintegración del Dios que garantiza el sentido de nuestras vidas y que es el sentido de la famosa frase: “Eli Eli lama sabactani” (Padre, ¿por qué me has abandonado?)

Justo antes de la muerte de Cristo presenciamos lo que en términos psicoanalíticos se le llama destitución subjetiva: salir completamente del dominio de la identificación simbólica, cancelar o suspender todo el dominio de la autoridad simbólica, toda la esfera del Gran Otro.

Por supuesto que no podemos saber lo que Dios quiere de nosotros, porque no hay Dios. Este es el Jesucristo que dice, entre otras cosas, “traigo la espada, no la paz”, “si no odias a tu padre y a tu madre, no eres mi discípulo.” Claro que esto no quiere decir de verdad que debes odiar y matar a tus padres, creo que las relaciones familiares representan las relaciones sociales jerárquicas.

El mensaje de Cristo,“me muero, pero mi muerte son en sí buenas noticias” significa que estamos a solas con nuestra libertad; “permaneced en el espíritu santo”, que no es más que la comunidad de creyentes.

Es un error pensar que el Segundo Advenimiento será el de Cristo en persona, que regresará de alguna forma; Cristo ya está aquí cuando los creyentes forman un colectivo de emancipación. Por eso sostengo que el único modo de ser realmente ateo es atravesando el cristianismo. El cristianismo es mucho más ateo que el ateísmo habitual cuando afirma que no hay Dios, etc., pero aun así conserva cierta confianza en el Gran Otro. Este Gran Otro se puede llamar necesidad natural, evolución o lo que sea, sin embargo, los seres humanos estamos relegados a un lugar dentro de la armónica totalidad de la evolución o lo que sea, pero lo difícil de aceptar es, de nuevo, que no hay un Gran Otro, no hay punto de referencia que garantice el sentido.

Dos años tarde pero por esto es que un ateo te acompañaba a misa todos los días.

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