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¿Dónde están los hijos?

9 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Johannes Legmann L.C.

Ayer tuve la oportunidad de platicar con una señora y me preguntaba sobre su responsabilidad como abuelita. Me comentaba que su hijo y su nuera, eran buenas personas. Pero que notaba que ellos estaban demasiado enfocados en sus trabajos, en sus profesiones. El hijo trabajaba todo el  día. La nuera llegaba hasta las seis de la tarde y cuando llegaba a casa no se dedicaba a sus hijos.

Me recordó un documental que se titulaba: “Huérfanos digitales”, en el que se hace un experimento con una mamá y su hijo. Los escogidos para el experimento eran las mamás que iban con sus hijos, pero que ponían más atención a su celular que a sus propios hijos.

La prueba consistía que la mamá se debía sentar frente a su hijo y ella debía hacer como si estuviera chateando con su mejor amiga, sin voltear a ver a su hijo. Mientras su hijo leía muchas frases como: Te quiero mucho pero me siento muy ignorado por ti; me duele que siempre estés metida en tu teléfono y no me hagas caso; en estos años necesito mucho de ti, pero te siento ausente, etc.

Era impresionante ver el cambio de los rostros de las mamás que tenían una sonrisa al inicio y poco a poco entendían de qué iba la prueba, y muchas al final terminaban llorando. La pregunta que me hice fue: ¿Realmente después de ver el video la mamá abandonará el celular en los momentos que sus hijos más necesiten de ella? Quizá soy un poco pesimista, pero creo que hace falta algo más que ver un video.

Es como los papás de los que hablaba al inicio del artículo. Quizá les  puedo mandar el video, porque dicho sea de paso, su hijo le dijo a su abuela que su mamá llegaba del trabajo y se dedicaba a estar en su teléfono. No conforme con ausentarse todo el día, el poco tiempo que tiene con sus hijos, lo dedica a estar en el teléfono.

El papa Francisco nos dice en su nueva exhortación apostólica Amoris Laetitia: “Cuando un hijo ya no siente que es valioso para sus padres, aunque sea imperfecto, o no percibe que ellos tienen una preocupación sincera por él, eso crea heridas profundas que originan muchas dificultades en su maduración”. Después los padres se lamentan de algunas de las actitudes de sus hijos, a los que tantas veces abandonaron.

Un consejo del papa acerca de la formación de los hijos, es el dé no ser simples vigilantes que o controlan sus movimientos, sino que los padres busquen de verdad crear en su hijos las convicciones profundas que los lleven a actuar siempre por el camino del bien, incluso cuando sus padres no están presentes. Pero eso significa que el padre está siempre presente, de manera especial en la infancia y en la adolescencia de sus hijos.

El papa Francisco lo dice así: “Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía. Sólo así ese hijo tendrá en sí mismo los elementos que necesita para saber defenderse y para actuar con inteligencia y astucia en circunstancias difíciles. Entonces la gran cuestión no es dónde está el hijo físicamente, con quién está en este momento, sino dónde está en un sentido existencial, dónde está posicionado desde el punto de vista de sus convicciones, de sus objetivos, de sus deseos, de su proyecto de vida”.

Cuando me toca dar alguna plática a los papás, les pongo un video de varios jóvenes que han terminado mal su vida: alcohólicos, drogadictos, depravados sexuales; con un cuerpo lleno de piercings, tatuajes. Y al final del video les pregunto a los papás: ¿Quién quiere que sus hijos se pierdan? Y absolutamente nadie hasta hoy me ha levantado la mano para decir que ellos sí quieren que sus hijos se pierdan.

Pero mis queridos papás, no basta no levantar la mano para que no se pierdan. Se debe buscar desde un inicio querer ser padres de los hijos que Dios les mande. De una manera consciente y entusiasta. Ver qué cualidades tiene mi hijo, sus inclinaciones naturales, sus defectos, sus reacciones, su temperamento, su carácter. Y después de buscar potenciarlo para que pueda volar. Pero no soñemos con proyectos grandes para nuestros hijos si no somos capaces de sacrificarnos en cosas pequeñas como: dejar el celular a un lado para escucharlos, si no somos capaces de ayudarlos a hacer sus tareas, si no somos capaces de enseñarles a andar en bicicleta, si no somos capaces contarles un cuento.

No sé si la pregunta debería ser ¿Dónde están los papás? Ojalá que los papás modernos sepan poner en primer lugar a sus hijos, antes que a sus trabajos, teléfonos u otras cosas que nunca serán más importantes que ellos.

 

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