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Es odioso decirlo, pero: ¡se los dije!

29 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Parece que de nuestra parte somos un “poco” necios. Parece como si estuviéramos sordos y no nos interesara escuchar a quienes han caminado delante de nosotros. No escuchamos esa alerta que nos avisa que hay un hoyo profundo en el cual caeremos, pero cuando estamos ahí dentro del hoyo con una fractura en la pierna, nos toca reconocer que el de adelante tenía razón.

Nos guste o no, la Iglesia católica va mucho tiempo delante de nosotros. Su tradición, es decir la trasmisión de las cosas durante la historia, sobre aquello que se ha vivido y se va trasmitiendo a las generaciones futuras, nos enseña un camino seguro para seguir, pero ello no significa que será un camino fácil. Me gustaría analizar brevemente algunas enseñanzas de la Iglesia Católica.

En este caso se trata de San Juan Pablo II, que escribía: “La limitación impuesta por el mismo Creador desde el principio, y expresada simbólicamente con la prohibición de ]”comer del fruto del árbol” (cf. Gen 2, 16 s.), muestra claramente que, ante la naturaleza visible, estamos sometidos a leyes no sólo biológicas sino también morales, cuya transgresión no queda impune”. (Sollicitudo rei socialis 34).

No es tanto que lo diga la Iglesia, es simplemente saber leer los signos que expresa de manera tan clara la misma naturaleza. ¿Por qué nos toca ver que nuestro mundo se cae a pedazos? Porque no sabemos respetar las leyes que el creador ha puesto para regir a nuestro mundo. Hoy está de moda el “Valemadrismo”.

El ejemplo de la madre que sufre y le dice a su hijo que deje ese exceso de alcohol, porque terminará mal. Y la respuesta fácil y estúpida del hijo: “Me vale…” pero años después vemos al mismo hijo convaleciente en la cama de un hospital, a punto de morir, porque no quiso respetar las leyes biológicas de su cuerpo y seguir los consejos sabios de su madre.

Ahora apliquémoslo al permisivismo sexual que se está dando en nuestras sociedades. Un partido político que trae como bandera el permisivismo en contra de la naturaleza, es un partido político suicida, que con tal de ganar votos, es capaz de ir en contra de sus propias convicciones. Es duro de aceptar.

Otro ejemplo que se pueden ver en las redes sociales, es el de los padres homosexuales adoptivos, que tanto daño hacen a los niños y que ellos después de haber tenido una experiencia tan dura, gritan a la sociedad para que frenen esa ley que va en contra de la naturaleza. Por eso el Papa nos dice que esa trasgresión no queda impune. Pero no sabemos escuchar. Siempre queremos hacer nuestras ideas que se inclinan por una autocomplacencia, que más bien parece una inclinación meramente animal que una decisión racional. Una vida así, es un suicidio lento pero seguro.

Los grandes empresarios que son capaces de sobornar a las autoridades para que les den un terreno destinado para conservar el medio ambiente, y lo convierten en una torre de cientos de departamentos que les deja una derrama económica gigantesca, a costa de acabar con miles de árboles y un ambiente más saludable. O unos políticos que seden ante la presión mediática, y son capaces de aprobar el aborto, con tal de que los medios de comunicación los alaben y los traten de “buenos políticos”.

El Papa nos sigue recordando: Una vez más, es evidente que el desarrollo, así como la voluntad de planificación que lo dirige, el uso de los recursos y el modo de utilizarlos no están exentos de respetar las exigencias morales. Una de éstas impone sin duda límites al uso de la naturaleza visible. El dominio confiado al hombre por el Creador no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de “usar y abusar”, o de disponer de las cosas como mejor parezca. (SRS, 34).

Aquí está el detalle, que el hombre no ha entendido que es sólo administrador de las cosas creadas, y para su buen uso debe PENSAR en el bien común, y no sólo en los propios gustos y caprichos.

Es odioso decirlo, pero la Iglesia nos lo ha advertido desde hace mucho tiempo, pero no hemos querido escuchar su voz. Y ahora nos pasa lo mismo que el muchacho que ha caído en el pozo por no querer escuchar la advertencia de su madre.

Por eso hoy constatamos con tristeza que nuestra sociedad está fracturada, pero no sólo eso, sino que está quedando inválida. Depende de nosotros si seguimos por ese camino suicida o cambiamos por el camino que Dios nos ha trazado en la naturaleza.

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