IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 24 de marzo de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

18.13

18.90

La lucha interior

3 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La fragilidad del hombre es notoria. Somos verdaderamente frágiles. Sin embargo el hombre experimenta un deseo grande por superar las dificultades que se van presentando en su vida. Una de las grandes luchas que experimenta es la fuerza de la tentación, que los instintos humanos lo perciben como algo atractivo por hacer; pero al mismo tiempo ese acto lo percibe como un acto moralmente malo y lo presenta a la conciencia como algo que no se debe de hacer. Es ahí donde viene la ruptura. Por un lado, el sentimiento natural que está tocado por el mal, nos invita a aceptar la tentación. Y por otro lado, la inteligencia iluminada por la gracia, descubre que ese acto no le conviene. Ejemplificando, podemos imaginar a un joven que invitado por sus amigos a una fiesta, tiene un gran deseo de tomar unas copas. Él sabe que después de la primera necesariamente tendrá deseo de la segunda copa. Él se conoce, en su interior experimenta un fuerte deseo por tomar. Esto es lo que llamamos la primera fase de la tentación, que es motivada por un instinto natural de auto placer. Pero después, viene a su mente que eso no le hace bien. Vienen los motivos del porqué no debe de hacerlo. Sabe que eso le puede traer consecuencias a su salud. Sabe que después de la primera no podrá evitar la segunda y después la tercera y así sucesivamente. Recuerda que él es conductor asignado. Y ve claramente que no debe hacer ese acto. Pero dentro de sí experimenta una fuerte lucha, un dolor, un sufrimiento de su alma que se debate en si toma o no mejor no toma. La lucha entre el bien y el mal está teniendo lugar ahí en lo profundo de sus pensamientos, sentimientos y emociones. Por un lado este joven tiene un deseo grande de trascendencia que lo está llamando continuamente a hacer el bien. Una parte dentro de sí, que es espiritual y que lo invita continuamente a superarse, que lo invita a trascender. Por otro lado se siente verdaderamente humillado, pues experimenta los deseos más sucios e incluso algunas veces degradantes que lo hacen ir en contra de esos deseos de trascendencia. Esa es la lucha que experimenta el hombre de toda la vida. Esa es la verdadera lucha que el hombre tiene que trabar todos los días mientras viva en esta tierra. Visto un panorama así, quizá nos podría entrar un poco de desaliento, porque podríamos experimentar una soledad en esta lucha. Y experimentar también que haremos aquello que sabemos que no debemos hacer, pues experimentamos con más fuerza la tentación y el atractivo de hacer el mal, que el hacer el bien. Esto mismo experimentaba Pablo, que resumía su lucha interior así: “Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido por esclavo al pecado. Porque no sé lo que hago; pues no pongo por obra lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Si, pues, hago lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena. Pero entonces ya no soy yo quien obra esto, sino el pecado que mora en mí. Pues yo sé que no hay en mí, esto es, en mi carne, cosa buena. Porque el querer el bien está en mí, pero el hacerlo, no. En efecto, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Pero si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado, que habita en mí. Por consiguiente, tengo en mi esta ley: que, queriendo hacer el bien, es el mal el que se me apega; porque me deleito en la Ley de Dios según el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros que repugna a la ley de mi mente y me encadena a la ley del pecado, que está en mis miembros.” Rom 7, 14-23

Al ver este texto de Pablo, no quisiera que experimentemos un desligamiento de nuestra responsabilidad de nuestros actos; sino más bien que conozcamos esas dos fuerzas interiores. Pero sobre todo que experimentemos que en la lucha por hacer el bien, no estamos solos. Dios está presente en lo más arduo de la lucha. Y que Él, a todo aquel que tiene fe, lo ayudará en esa lucha interior. Estamos comenzando un Año Nuevo, la lucha continuará en nuestra vida. Si queremos crecer, si queremos trascender, si queremos superarnos es necesario asociarnos a Dios y que con su ayuda triunfemos cada día de nuestra vida. Que este Año sea un Año en intensa lucha y abundantes triunfos en nuestra lucha interior. ¡Feliz Año Nuevo!

Comparte la nota

Publica un comentario