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No quiero vivir más

15 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Cada vez es más frecuente escuchar las frases: Mi vida no tiene sentido, no me siento pleno o plena, quisiera quitarme la vida.  Ojalá que estás frases fueran poco comunes, pero por desgracia ahora se escuchan en aquellos que no han pasado ni los 18 años. Brenda es una chica que apenas tiene 17 años. Está cursando su último año de preparatoria.

El otro día me abordó y me comenzó a contar lo infeliz que vivía. Me contaba que su papá no la comprendía, que su mamá era demasiado exigente y no expresaba nada de amor por ella. En la escuela se sentía poco auténtica, pues debía comportarse con sus amigas de una manera en la que no expresaba su manera de ser, como decir groserías, tomar bebidas que no le gustan, fumar algún cigarro. Menos mal que ella no había aceptado meterse una sustancia rara por la nariz, argumentando a sus amigas que sufría de rinitis.

Brenda dedicaba su vida a la música y a otras actividades propias de su edad como ayudar a fregar trastes – esto lo hacía obligada, sino no salía los sábados con sus amigas- cumplir mediocremente con sus tareas, ir a la disco los fines de semana, “whattsapear” con los amigos, subir fotos sexis al “Instragram”, quejarse del profesor de matemáticas en el “face”, dar “like” a las fotos de sus seguidores. Pero algo que no hacía y que mucho necesitaba, era hacer oración. Vivía en un mundo de fantasía, en un mundo de apariencia y materialismo, en el que cuentas por lo que tienes y no por lo que eres. Ella se estaba olvidando de lo más importante, es decir, que somos seres espirituales.

A nosotros nos pasa lo mismo. Nos acostumbramos a vivir como animalitos que nacen, crecen, se alimentan, se reproducen y mueren. Cuando en realidad el hombre es un ser con sed de eternidad y de plenitud. Qué razón tenía Agustín, que toda su vida estuvo viviendo como un animalito; eso sí a él lo salvó que siempre buscó la verdad en su vida. Y ya adelantada su vida nos deja esta frase de oro: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti” (Conf. 1,1,1). Qué bien nos haría también a nosotros buscar al Señor. Ya no escucharíamos tantas lamentaciones de que la vida no tiene sentido. Pues claro, somos nosotros lo que nos esforzamos por vivir como seres pasajeros y sin sentido en esta tierra. Por eso tanta insatisfacción, por eso tanto sufrimiento sin sentido, por eso tanta gente quejumbrosa y desgraciada que prefiere quitarse la vida. Nos la pasamos alimentado nuestra alma de pura mugre. Y después queremos ser plenos, felices. Cuanto ayuda a tener los pies bien plantados en la tierra y lo ojos clavados en el cielo. Qué hermoso que los padres de familia desde los primeros días de vida de su hijos, les enseñan a conocer a “Papá Dios”. Y les enseñan a dar gracias por lo dones recibidos como la vida, los alimentos, el vestido. Y que en los momentos de dificultad les enseñan que Dios es un Padre bueno que está al pendiente de sus hijos y que aquello que sea pedido con fe y para nuestro bien, nos será concedido por ese Padre bueno.

Alguno pensará que esto es puro cuento. Pero yo le invito a hacer la prueba. La pobre de Brenda nunca tuvo a alguien que le enseñara a orar. Ella no oraba nunca. Ella no encontraba ningún sentido a su vida. Y tú ¿le encuentras sentido a tu vida? Si la respuesta es no, estoy seguro que tú eres de los que han abandonado la oración o de plano nunca la han hecho. Quizá nadie te enseñó a orar; pues bien nunca es tarde para aprender a orar. Comienza primero por descubrir que tu vida no puede ser fruto de la casualidad; está clarísimo que hubo Alguien que te dio lo que tienes y lo que eres, pues bien, tengo el gusto de presentarte a Dios. Platica con Él. Agradécele que haya regalado la vida, tu familia, tus cualidades. También agradécele que tengas unos defectos que te ayudarán a luchar por ser mejor, que te ayudarán a superarte. Pídele aquello que necesitas, empezando a pedirle el don de la fe, pues estoy seguro que todavía no crees del todo en Él. Si no le encuentras sentido a tu vida, pídele a Él que dé sentido a tu vida. Pídele a él que te ayude a hacer una persona de oración, una persona que sabe trascender. Un persona que a pesar de las dificultades propias de la vida, vive plenamente feliz.

 

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