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Morelia, Michoacán a 28 de marzo de 2017
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¿Proyectos estúpidos que no trascienden?

8 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Que ya se extinguió el jaguar de tres manchas, que quedan pocos gorilas, casi ya no hay pandas; ¡Debemos invertir más en el cuidado de los animales! ¡Que sean castigados con cárcel y multas aquellos que agredan a la naturaleza! Todos estos discursos son buenos e incluso hasta necesarios, pero deben de proponerse sobre una plataforma de una jerarquía que no pierde su estabilidad y su congruencia. No puede ser posible que estemos luchando para que los animales no sufran en los circos, no puede ser posible que estemos defendiendo los derechos de los animales, no puede ser posible que dediquemos millones y millones a defender una especie animal, cuando nos hemos olvidado de los seres humanos. Recuerdo con tristeza un día que caminaba por el centro de Medellín en Colombia, como un chico de unos 15 o 16 años de edad, estaba tirado en la banqueta y por ahí pasaban muchas personas. A un lado del chico, casi en su mano, estaba un bote de pegamento amarillo. El chavo estaba drogado, privado de todo pensamiento. Yo pasé también de largo; pero la verdad no me dejó indiferente. Pensaba en mis adentros lo infeliz y abandonado que estaba ese pobre muchacho. Pensaba que quizá ese chico podría haber sido yo. Y la cabeza me daba vueltas, y no lograba entender por qué todos pasábamos tan indiferentes como si se tratara de una bolsa de basura o un costal de frijoles. Y la vida seguía, y los periódicos y las noticias buscando noticias que transmitir. Y ese muchacho no era noticia. Mi conciencia no me dejaba en paz y tomé la resolución de regresar para ver si podía hacer algo por ese muchacho. Mi sorpresa fue que cuando regresé a aquél lugar, ya era tarde. El chico ya no estaba ahí. Quizá lo recogieron y lo llevaron a un hospital, o talvez simplemente lo metieron en un lugar donde no estorbara a los peatones. Pero les puedo asegurar que no había ninguna manifestación pidiendo que se respetara los derechos de “esa pobre especie a punto de extinguirse”.  Y no es que yo esté en contra de la protección animal o vegetal; es más, como dije antes, es necesario que se dedique tiempo, dinero y esfuerzo para proteger a la naturaleza; ahí también se juega nuestra propia existencia. Pero lo que no soporto es que nosotros seamos los mismos que degradamos la naturaleza humana. No es justo, no es coherente, no es inteligente, no tiene ni pies ni cabeza ese discurso de que un animal es más importante que un hombre. El caso del chico colombiano, es el mismo caso que se repite a cada momento, a cada instante en todos los rincones de la tierra; pero infelizmente nos hemos puesto una armadura de indiferencia que hace que nos resbale la situación por la que pasan nuestros hermanos los hombres. Y eso es una falta terrible de la que tendremos que dar cuenta a Dios. Cómo es posible que nuestros gobiernos permitan esos periódicos, que venden en las esquinas, donde se exhiben en primera plana los cuerpos ensangrentados de PERSONAS como nosotros; no sólo no hacemos nada sino permitimos que sea una noticia que alimenta la curiosidad desgraciada, que nos hace ver a nuestros hermanos como si fueran animales o simples cosas. ¿Nos damos cuenta de lo bajo que hemos caído? Cuando yo era niño, la noticia de una muerte, era una noticia que dolía, que impresionaba. Ahora estamos “curados de espantos” ya salen en los videojuegos, en cualquier noticia, en caricaturas, etc… Realmente se concluye que para muchos lo vida no vale nada. Tenemos que tomar cartas en el asunto, todos. No podemos permanecer ajenos, pues todos somos personas. Que a nivel práctico exijamos a nuestros gobernantes que velen por cuidar a cada uno de sus ciudadanos. Que en los semáforos no haya niños pidiendo o vendiendo; sino más bien que estén en su escuela formándose. Que no haya ancianos que tengan que terminar su vida pidiendo limosna para poder subsistir; sino que se encuentren en su casa con lo necesario para cada día. Que no haya gente que muere fuera de un hospital por carecer de dinero; sino más bien que todos nosotros encontremos la ayuda necesaria en caso de enfermedad. Y tantos casos que se podrían enunciar; y es a eso lo primero que debemos preservar. Una vez que todos nuestros hermanos los hombres se encuentren bien, podremos dedicarnos con más intensidad a cuidar de la naturaleza.

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