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Un mundo patas arriba II

11 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

En este mundo revuelto que se esfuerza por no ser “conservador”, llega a los excesos del polo opuesto y a una falta de equilibrio desmesurada, provocando así muchos trastornos en la sociedad. Veamos algunos de estos trastornos:

  1. El libertinaje. Es verdad que una de las cualidades de las que goza el hombre es la libertad. Con su inteligencia descubre que puede hacer cosas buenas o malas y con su voluntad elige cual ejecutar. Ciertamente la inteligencia bien formada te invita a elegir siempre el bien, te invita a hacer las cosas que te ayudan a superarte como persona.

Pero en la actualidad, se renuncia a actuar de acuerdo a la dignidad de ser persona; ahora se prefiere actuar según la “libertad”, pero una libertad que no tiene criterios. Si antes el criterio que dictaba la dignidad humana era el de hacer el bien; ahora el criterio de esta libertad, es hacer lo que se me venga en gana, sin preocuparme mucho si es bueno o malo, si me conviene o no me conviene.

Es como tomar una decisión, para demostrar que yo hago lo que yo quiero; como si por eso se nos diera el título de personas maduras. Por eso hemos perdido muchísimo de nuestra humanidad, pues parece en muchos casos que en vez de actuar como persona, actuamos como animales que se mueven sólo por instintos y no por una voluntad iluminada por la inteligencia y por la voluntad. Hasta aquí analizamos, por así decirlo, la parte teórica, que quizá a algunos no les suena tan mal. Pero cuando ves el libertinaje hecho vida, nos sorprenderemos.

El famoso caso de los “gays”. En realidad uno puede descubrir que se trata de una decisión fatal. La tendencia a la homosexualidad, puede entenderse como una tentación que se presenta a la inteligencia del hombre. Éste se da cuenta con su conciencia que esa tentación o ese razonamiento no es bueno, incluso sabe que debe rechazarlo. Por la debilidad de su voluntad, por su falta de vida espiritual o por otro motivo como podría ser un trauma infantil, decide realizar un acto homosexual. Después de realizarlo viene un remordimiento, fruto de ir contra de su dignidad de ser humano. Buscará en unos casos esconder su falta o quizá preferirá seguir con esos actos, incluso cuando sabe que no es el camino que lo hace mejor persona.

No tengo nada en contra de los homosexuales, ellos son personas al igual que todos nosotros,  que tiene que luchar contra una mala tendencia. Nos puede ayudar el  2358 del Catecismo de la Iglesia Católica que dice: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas.

Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta.

Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”.

Lo triste es que hoy por hoy, lo que se proponen algunos homosexuales no es superar esta dificultad, sino obligar a otros que lo aceptemos como algo bueno. Es como si yo dijera: Yo tengo la inclinación por matar personas, pero en vez de esforzarme por cambiar y superar esta inclinación, propongo a todos que eso es bueno; y si alguien no me apoya en mi deseo de matar personas, es un racista y una persona que se opone al progreso. Lo que a todas luces es incorrecto.

Un libertinaje que quiere dar rienda suelta a las pasiones desordenadas, que dicho sea de paso todos tenemos.  Creo que aquí nos bastaría tener una antropología bien centrada en la noción de bien; es más, a veces bastaría analizar detalladamente nuestra naturaleza de seres humanos.

¿Qué hacer en el caso de los homosexuales? Pues conocerse, aceptarse y superarse. Pongo otro número (2359) del catecismo que les puede dar mucha luz en este aspecto: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.Trato este tema, porque ha sido un tema demasiado controversial.

Sinceramente creo que el que una persona tenga tentaciones de ir en contra de su ser como persona, me parece normal, pues es fruto de una naturaleza corrompida como la que tenemos.

Pero uno cosa es tener una tentación o inclinación al mal; y otra muy diversa es aceptarla como algo bueno y vivir con ella como si fuera lo más normal y correcto.

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