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Un mundo patas arriba III

18 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

En un mundo patas arriba, vemos como algo normal, lo que comúnmente se veía como algo no propio de una persona. Quizá no tanto como una falta moral, pero son acciones que poco a poco van haciendo menos a las personas o al menos le quitan su ingrediente de personas íntegras. Hoy me gustaría analizar unas de esas actitudes que les quitan brillo a las personas.

  1. Vivir de apariencias. Hoy existe una sed insaciable de quedar bien con los demás incluso haciendo cosas que uno no quiere hacer. Veo jovencitas de 15 años que se pintarrajean su cara con tal de quedar bien con sus amigas. Incluso varias de ellas se dan cuenta que es excesivo el uso de sus pinturas, pero aquí lo importante es quedar bien con las “amigas”; prefieren quedar bien con ellas y pelear en casa, para no ser rechazadas de su grupo en el colegio. Eso es una falta de autenticidad, te hacen hacer cosas de las que te arrepientes o al menos cosas que no van contigo. O piénsese en el chico de secundaria que por quedar bien con su círculo de compañeros, comienza a decir groserías, o hace comentarios para quitarle prestigio a su profesor y quedar bien con los de su clase. Quizá todos nosotros lo hicimos más de alguna vez en nuestra adolescencia, fruto de nuestra inmadurez o de nuestra falta de reflexión o peor aún por no saber realmente lo que se quiere en la vida. En el caso de los adolescentes, se podría entender; pero en el caso de los adultos, deja mucho qué desear. El caso de Tomás Moro, nacido en Londres en el año de 1478, es un caso digno de conocer. Es un abogado de prestigio que es llamado a servir al Reino como Canciller. El Rey Enrique VIII logra conseguir que su matrimonio con Catalina de Aragón venga anulado con sobornos. Tomás renuncia a su cargo como Canciller porque no está de acuerdo y se opone a firmar el Acta de Sucesión, por la que se proclama al rey Enrique como Cabeza de la Iglesia Anglicana. Para Tomás hubiera sido muy fácil, sólo se trataba de firmar una hoja. Pero su integridad como persona, autenticidad y querer actuar en conciencia delante de Dios, sin importarle no sólo la opinión de los demás sino incluso las consecuencias agresivas que esto le traerá en su propia vida. Al negarse fue encerrado en la Torre de Londres. El 16 de julio de 1535 fue decapitado y canonizado en 1935. Este caso de Santo Tomás Moro, es un testimonio fuerte para nosotros, que somos amigos de la apariencia y del qué dirán. Su testimonio nos recuerda que una persona íntegra debe ser fiel a su conciencia, sin importar si queda bien con los demás. Es triste ver que en ambientes laborales se ven abusos contra personas que buscan ser honestos. Se les tacha de mochos o de “tontos”, simplemente porque quieren hacer las cosas bien, de forma honrada. Los hacen a un lado, buscando hacerlos sentirse mal, cuando en realidad ellos están bien. El reto hoy más que nunca para los que ya somos adultos es no sólo dar ejemplo a los que nos siguen, sino hacer hincapié en este aspecto tan importante de la formación integral de las personas. A veces se les da más importancia a los errores técnicos de los hijos – como el romper un cristal, o hacer travesuras- que a las faltas morales como decir mentiras o actuar de forma irreal o no auténtica.
  2. Las quejas estériles. Apoyados en la libertad de opinión, muchos se dedican a hablar y hablar sin fundamento, a opinar de todo y de todos sin criterio y peor aún, sin importarle si lo que dice le quita la buena fama a su prójimo. Especialmente hoy con el boom de las redes sociales, se nota que todos se quejan de todo, pero no hacen nada por resolver los problemas. Se cuenta una anécdota de la Madre Teresa de Calcuta. Un periodista pregunta: —Madre Teresa, tiene usted setenta años. Cuando se muera, el mundo seguirá igual que antes de que usted naciera. Después de todo el esfuerzo que ha hecho usted, ¿qué ha cambiado en el mundo? Sin alterarse, y con una encantadora sonrisa, responde la Madre Teresa: —Verá, yo nunca he querido cambiar el mundo. Yo sólo he procurado ser una gota de agua pura en la que el amor de Dios pueda reflejarse. ¿Le parece poco? Silencio embarazoso en la sala donde se desarrolla la rueda de prensa. Lo rompe la Madre Teresa: —¿Por qué no intenta usted también ser una gota de agua pura? Así ya seríamos dos. La anécdota continúa. Se entabla un diálogo entre el desarmado periodista y la fundadora de las Misioneras de la Caridad, que le anima a convencer a su mujer y a sus tres hijos para que sean también gotas de agua pura, «… y ya seremos seis». (Anécdota del libro Un retrato Personal, escrito por el sacerdote Leo Masburg). En esta anécdota, se puede descubrir que para la Madre Teresa había seguramente muchos motivos para quejarse, pero ella prefería trabajar, hacer algo por los necesitados que simplemente quejarse. La queja está a disposición de cualquier menso, pero el hacer algo para cambiar el mundo está sólo al alcance de personas que aman y son capaces de olvidarse de sí mismo. ¿Estás dispuesto a cambiar este mundo patas arriba, por un mundo donde se viva el amor?

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