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Una semana diferente

1 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Durante la Semana Santa, estamos acostumbrados a irnos a descansar a la playa, solos o en familia. Quizá nos vamos a la montaña con los amigos. O también nos quedamos en plan tranquilo en casa viendo una serie o yendo al cine. Todo esto dentro de los parámetros de la normalidad. Pero no son la única manera de vivir una Semana Santa. Miles de personas, en especial los jóvenes salieron a realizar misiones a distintos puntos de la República Mexicana. Las misiones consisten hacer práctico el mensaje evangélico. Algunas familias comparten algo de despensa con las personas más necesitadas, comparten la riqueza de su fe. Yo tuve la oportunidad de vivir esta experiencia en primera persona. Me queda la duda si somos los misioneros los que me misionamos; o somos nosotros los que salimos misionados por la riqueza de fe y la generosidad de las personas que a las que visitamos. Este año muchos jóvenes nos buscaron para poder hacer esta experiencia. Me parece muy significativo este dato, porque los chavos a veces tienen fama de ser egoístas y materialistas. Pude ver a varios chavos de secundaria y de primaria- con posibilidades de irse a un buen lugar de vacaciones- elegir el poder irse con algunos de sus amigos a comunidades menos favorecidas económicamente. Comunidades en las que no encontrarían las comodidades a las que están acostumbrados: una cama bien cobijada, un baño individual con la debida privacidad, regadera con agua caliente, alimentos al gusto, buena señal de wifi y de teléfono, videojuegos, unos padres consentidores; en fin, una vida sin problemas. Creo que para muchos es inconcebible vivir una semana de renuncia a todas estas cosas. Les parece imposible vivir una semana así, porque nunca lo han hecho. Aquí es donde se pone en práctica el principio evangélico: “Hay más alegría en dar que en recibir”. El corazón del hombre está diseñado por el creador para amar, para donarlo a los demás. Hay muchas personas – la gran mayoría- que prefieren irse de vacaciones sin preocuparse por el prójimo; pero esto tiene sus consecuencias, que regresan de sus vacaciones más vacíos en su corazón. La felicidad del hombre está en dar. No sólo cosas materiales, sino quizá la clave está en darse a sí mismos. Dar tu tiempo, dar tu atención a los que lo necesitan, salir al encuentro de los más necesitados. ¡Qué semana tan maravillosa! Nos ha dado la oportunidad de valorar todo lo que hemos recibido de forma gratuita: la salud, las cualidades, los defectos que podemos ir superando, los regalos materiales que podemos compartir con los demás. Nos ha dado la oportunidad de encontrarnos con aquellas personas que nos necesitaban. Nos ha dado la oportunidad de valorar a las personas que más nos aman: papás, hijos, verdaderos amigos. Algunas de las cosas que me comentaban los jóvenes, que les impresionaban mucho, eran las siguientes:

Para ser felices no es necesario tener muchas cosas. Mucha gente de las que visitamos, tenían pocas cosas y no deseaban tener más.

Para ser felices es necesario compartir con la demás. Algunas de las familias tenían una sola gallina, pero al saber que los misioneros iban a visitarlos, no tenían reparo en matar a su animalito para cocinarlo para ellos. La familia disfrutaba sólo viendo como los misioneros consumían en su totalidad su única gallina. Nosotros que estamos siempre guardando las cosas para que no se nos acaben o no nos hagan falta más adelante, recibimos una lección de desprendimiento y al mismo tiempo de felicidad que da la donación generosa.

Para ser felices no es necesario ser millonarios. A veces es simplemente ser agradecidos con lo que se tiene y con lo que el buen Dios te va mandando.

Para ser felices no es necesario ir a un lugar lejano. La felicidad es ir con la persona que está cerca y que necesita de ti. El corazón se hace grande dándose a los demás.

Para ser feliz no es necesario pensar en ti mismo. Ser feliz es pensar en hacer felices a los demás. Cuánta insatisfacción se encuentra en las personas que son egoístas, que sólo piensan en sí mismas, que todo su mundo gira alrededor de su “ombligo”. Esas son las personas más pobres que existen en la sociedad.

Creo que todas las personas deberíamos hacer el intento por vivir una semana dedicada a salir al encuentro de nuestro prójimo. Imagínense si en una semana vivida así se encuentra tanta satisfacción, que será una vida vivida para los demás. Vive no sólo una semana diferente, sino una vida diferente. Atrévete a ser verdaderamente feliz.

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