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Morelia, Michoacán a 28 de mayo de 2017
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El miedo a perder

18 de mayo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Juan Pablo Ríos y Valles Boysselle

 

Los michoacanos tenemos facha de bravos, de gente recia que prefiere enfrentar las dificultades antes que doblarse; hemos sido puestos a prueba por décadas y lo mismo se han vencido las crisis económicas, las plagas en el campo y el crimen en las calles de la colonia que a autoridades coludidas. Los nacidos en esta tierra hemos estado dispuestos a dar la vida y hay quienes inclusive ya la ofrecieron por causas justas con el mayor de los sentidos comunitarios; pero de poco ha servido el sacrificio porque la historia no cambia.

Salimos de una para entra a otra, resolvemos los problemas temporalmente hasta que encontramos paz y desistimos de llegar al fondo, preferimos lo efímero a lo definitivo porque es más cómodo. Los problemas públicos nos importan hasta que logramos salvaguardar lo privado, cuando nuestra casa tiene alarma, púas y reja la inseguridad se deja de sentir, el problema magisterial termina su relevancia cuando pagamos la colegiatura de nuestros hijos y éstos sí tienen clase.

Por eso las efervescencias no duran, la indignación provoca y nos mueve, pero no lo suficiente, porque lo recio no puede contra el miedo de perder lo que tenemos, aunque sea poco, en realidad sólo arriesgamos lo que no duele.

Nuestro orgullo es José María Morelos porque para él morir era nada cuando por la patria se moría y decimos ser formados por el espíritu de Hidalgo, pero no la honramos. Quien nos conoce en lo individual, en lo privado, sabe que el miedo y el egoísmo es más fuerte, que el discurso es más bello que la realidad y que tenemos serias deudas con la calidad moral y la integridad. Ni siquiera en lo más cercano impulsamos al hermano, cuidamos y procuramos a quien nos genera beneficios directos o indirectos en vez de a quien nos necesita.

Así es la condición humana, no somos puros y pretender serlo es signo de un ego desmedido, toca trabajar todos los días para mejorar en medio de una sociedad en la que difícilmente nos atrevemos a hablar, en la que quien señala es visto como golpista o reventador, en círculos en los que crece quien venera y no quien observa. Pero de este pie cojeamos todos, especialmente quien escribe, es cierto que hace falta valor para provocar la reflexión y que caminar es más difícil pues hay que evitar tropezar, pero a pesar de esfuerzos provenientes del corazón caemos una y otra vez lastimando no sólo a nuestro Estado sino a los más cercanos.

Hoy tomo un respiro y me alejo esta semana del análisis político para reflexionar con urgencia de lo que se sólo se observa con el detenimiento que trae la soledad, de lo que sin hacer ruido ni causar nota determina el actuar de las personas y como conjunto de la sociedad. Aprovecho también para agradecer a todos los michoacanos verdaderamente valientes que sin certeza de su futuro arriesgan a favor de otros, a los que guían en vez de simplemente acompañar, los que dejan de ser espectadores y se involucran, a los verdaderos ciudadanos que por fortuna tienen esta columna frente a sus ojos y me permiten por esta ocasión hacer un llamado a su corazón y no a su mente.

Igual que la mayoría de los michoacanos he tenido la dicha de caminar por senderos pedregosos y hoy voltear hacia atrás para bendecir la dificultad, pero tengo que reconocer que en ningún momento ha sido gracias mi capacidad ni astucia sino a que iba siempre de la mano de alguien más fuerte y más valioso, a jóvenes espectaculares involucrados en el desarrollo de nuestro Estado como Ale; personas invaluables a las que espero tener el tiempo y el camino suficiente para corresponder.

Hoy no lanzo un reto al Alcalde ni al Gobernador, esta vez los Diputados y su agenda perdieron relevancia, ahora le pido a los lectores que caminemos juntos y no nos dejemos de acompañar en este sueño de un Michoacán próspero y seguro en el que vivamos como familia. El miedo seguramente será abrumador e incitará a calcular de más, quienes se benefician de vernos divididos continuarán en su intento por separarnos, pero los valores y la fuerza deben triunfar. ¡A seguir remando fuerte y contra corriente!

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