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La tecnología y el combate a la pobreza

14 de abril, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Juan Pablo Ríos y Valles Boysselle

Con la aparición de los teléfonos inteligentes y la propagación del internet, hemos experimentado un cambio en nuestras vidas, ya se transfiere dinero en lugar de firmar cheques, se compran boletos de conciertos desde la computadora en vez de formar fila en taquilla y se tienen videoconferencias para no viajar horas a una reunión.

La llamada Cuarta Revolución Industrial ha disminuido los costos del sector productivo, logró crecer el mercado de los empresarios y a quienes buscan trabajo les permite ser conocidos por empleadores del otro lado del mundo gracias a una aplicación en el celular, pero ¿Qué beneficios ha traído para los pobres?

Pareciera que quienes tienen capacidad de tener 3G en su celular viven en planeta diferente de aquel que sigue caminando kilómetros para llegar a un teléfono rural o de aquellas personas que, aunque viven en zonas urbanas y poseen celular, tienen que decidir si ponerle saldo o tener dinero para el transporte público.

850 millones de personas en el mundo trabajan en una línea de producción y su labor podrá ser reemplazada por un robot en 2030 por lo que millones de personas hoy se catalogan como “vulnerables” pues tienen un gran riesgo de regresar a la pobreza.

Con estos dos escenarios, el de los actualmente pobres y el de los “vulnerables”, es necesario que repensemos los mecanismos de combate a la pobreza y generación de riqueza inclusiva. Es momento de combatir las desigualdades con infraestructura digital en vez de física, con autopistas digitales que permitan crecer la transparencia y el combate a la corrupción, que geolocalicen las necesidades y permitan confirmar en tiempo real la recepción de los apoyos, que lleve a maestros de calidad a través de enlaces vía satélite a cada una de las aulas y desarticule a los sindicatos, así como Uber irrumpió entre los taxistas.

Imagina que acompañado a una despensa se entregase una pulsera digital que, enlazada al celular y por medio de una red de internet satelital, permita monitorear el ritmo cardiaco del beneficiario y alimente un APP donde además tendrá que ingresar su talla y peso, donde avisará de algún malestar y vía geoposicionamiento se puedan calcular las calorías consumidas. Eso sería mucho más efectivo que imponerles un impuesto a los refrescos y asumir que así bajará el nivel de obesidad.

Si como país invertimos en conectar a las comunidades rurales, éstas podrían alimentar datos y hacer que los programas de combate a la pobreza dejen de inventarse en el escritorio. Sería posible enviar cuestionarios regulares para saber cuántas vacunas y dónde se necesitan, fotos y videos podrán sustituir a gestores que hoy alimentan la corrupción y perpetúan estructuras partidistas, reduciríamos la brecha tecnológica y podrían enviarse cursos disfrazados de juegos gratuitos para implantar las nuevas habilidades que el cambio de época demanda.

La pobreza global se mide, de acuerdo al Banco Mundial, a través de ingresos menores a 1.90 dólares diarios y en América Latina de 2.50 dólares, sin embargo, es incorrecto desincorporar la multidimensión de la pobreza; de poco ha servido transferir recursos si se depositan en familias enfermas, mal educadas o sin posibilidad de insertarse dignamente en el mercado laboral. En los últimos años dos terceras partes de las personas que dejaron la pobreza lo hicieron al encontrar un trabajo bien remunerado y sólo un tercio por programas sociales; en un entorno de bajo crecimiento económico y con gobiernos quebrados sólo una profunda alianza público privada puede mejorar el panorama y evitar que se reviertan los logros hasta ahora alcanzados.

En 25 países 80 empresas han aceptado el llamado de Fundación Paraguaya para reconocer que muchos de sus empleados viven en pobreza y a través de tableros de control individuales, soportados por un APP, están aliviando a medio millón de personas vulnerables. Imagina que adoptásemos como michoacanos un compromiso intersectorial para reentrenar a quienes hoy tienen un empleo pero en 10 años lo perderán, que invirtiésemos en desarrollar videojuegos educativos y aulas conectadas en vez dar dinero a los sindicatos, que se pagaran las contribuciones en línea en vez de mantener burocracia, que las luminarias de la ciudad fuesen de energía solar, que el transporte público tuviese puntualidad y frecuencia capaz de ser revisada en el celular para no esperar inseguro en la parada o que en vez de ir a denunciar pudieras transmitir en vivo un delito o desperfecto y de inmediato llegase la policía o los bomberos.

Todo se puede, pero le regresaría el poder a los ciudadanos y eso sólo nosotros lo podemos reclamar, a los políticos y corruptos jamás les interesará.

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@jpriosyvalles

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