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La Universidad frente a la discapacidad

28 de mayo, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Puede decirse que el grado de civilización (y podría decirse, también, de humanización) de una sociedad se aprecia por la forma en que trata a sus minorías en desventaja, y en particular, a las personas que padecen alguna discapacidad. Durante siglos, a las personas que nacían con alguna desventaja orgánica se les demonizaba, denigraba o simplemente se les excluía de la vida normal de la colectividad; en el mejor de los casos, eran objeto de conmiseración. No eran reconocidos sus derechos; no se les otorgaba la dignidad plena de seres humanos. Esto, por fortuna, ha ido cambiando, aunque con resistencias.

Desde finales del siglo XX, las convenciones internacionales y las leyes de muchos países han avanzado en cuanto a reconocer, no solamente la igualdad formal de derechos de las personas con cualquier tipo de discapacidad, sino a entender que tal igualdad requiere, para ser efectiva, reconocer también las diferencias o desventajas de origen quedeberían ser atenuadas con medidas compensatorias. Es lo que en Estados Unidos se conoce como “acciones afirmativas” y lo que el filósofo político John Rawls denomina “principio de diferencia”. Se trata de aproximar la igualdad ante la ley a la igualdad de oportunidades. Para ello, en determinados casos es necesario dar un trato diferente a quienes, por una desventaja no imputable a ellos mismos, no pueden acceder a esa igualdad sin apoyos especiales de la colectividad.

Hoy existen muchas formas de apoyar con medidas especiales a quienes tienen alguna discapacidad: desde las rampas para sillas de ruedas hasta los incentivos fiscales a quienes empleen a una cuota mínima de discapacitados. La experiencia ha demostrado que esas medidas solidarias no sólo benefician a las personas con discapacidad; la sociedad también se beneficia del trabajo, el talento y la creatividad de quienes, teniendo una deficiencia en alguna habilidad, poseen o desarrollan con creces otras habilidades. La sociedad mexicana tiene todavía mucho que aprender para tratar a las personas discapacitadas con la dignidad y la solidaridad que merecen. Muchas escuelas han dado los primeros pasos, aun venciendo la resistencia de algunos profesores y autoridades que, o bien tienen prejuicios discriminatorios, o simplemente no quieren molestarse en dar un trato especial a quienes lo merecen. Las universidades deberían ser ejemplo de comprensión de la problemática de la discapacidad y vanguardia en la adopción de políticas de inclusión.

La Universidad Michoacanaha dado ejemplos encomiables de inclusión de estudiantes, empleados y académicos con alguna discapacidad. Pero no todos los universitarios ni todas sus autoridades adoptan la misma actitud al respecto.Recientemente, se ha conocido el caso del economista José María Gerardo Carmona Rocha, adscrito como Técnico Académico al Instituto de Investigaciones Económicas y Empresariales (ININEE) de esta universidad. El caso de Chema, como le conocen amigos y familiares, es ejemplar y admirable en muchos aspectos.

A Chema Carmona lo conocí hace más de treinta años, cuando él terminaba su licenciatura en Economía y yo daba mis primeros pasos como profesor precisamente en esa escuela. Afectado por una parálisis cerebral que limita severamente su motricidad y parcialmente su habla, Chema, sin embargo, demostró una capacidad intelectual notable.

Eso le permitió cursar su carrera y luego estudiar un postgrado. Con el tiempo, un director de la Escuela de Economía abogó por darle una oportunidad laboral y pudo emplearle, primero como bibliotecario y más tarde como técnico académico. Años después, se trasladó al recién creado ININEE, donde se ha desempeñado como investigador. Como miembro del personal académico, José María Carmona investiga, participa en comisiones, presenta ponencias en congresos y publica en revistas de divulgación o especializadas.

Es decir, hace lo mismo que muchos otros investigadores de la universidad. Sin duda, tiene limitaciones físicas que dificultan su trabajo, pero ha demostrado una voluntad inquebrantable para sobreponerse. Para compensar o atenuar sus desventajas físicas, desde hace años la Universidad Michoacana le asignó una asistente de investigación que lo auxilia o suple en tareas físicas que le resultan muy difíciles. Con esa ayuda, Chema Carmona ha podido cumplir sus tareas con regularidad.

El rector de la Universidad Michoacana y su equipo de la administración central han sido sensibles para autorizar y renovar el contrato de la asistente del maestro Carmona. Pero la dirección del ININEE ha adoptado otra posición. Arropado por el Consejo Técnico del Instituto, el director se niega ahora a aceptar la instrucción de la Secretaria Administrativa de la Universidad y cuestiona el derecho de Chema a continuar laborando en esa dependencia. En una sesión del Consejo Técnico del ININEE del 26 de enero de 2015, se acordó “avalar el informe de actividades del ciclo escolar 2014-2015” del maestro José María Carmona, pero “con las siguientes observaciones: En Investigación se considera que 1 Artículo (sic) y 1 Ponencia (sic) son pocos resultados”. (¡!). Y así enumera otras actividades realizadas por Carmona que, según ellos, tienen algunas deficiencias. A consecuencia de esa evaluación, el Director y el Consejo Técnico del ININEE se niegan férreamente a permitir la recontratación de la auxiliar de investigación para el académico Carmona, a pesar de que la Rectoría ha autorizado y ordenado esa recontratación. La propia Comisión Estatal de Derechos Humanos respalda la solicitud de Carmona.

No sé si, desde un punto de vista estrictamente académico y en abstracto, las autoridades del ININEE tengan razón. Pero desde un punto de vista humanitario y legal, se ven mal, muy mal. Respetuosamente, les sugiero más sensibilidad y menos mezquindad, a fin de aprovechar las capacidades de José María Carmona, ampliamente demostradas a lo largo de una vida de esfuerzo a contracorriente.

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