IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 8 de diciembre de 2016
Morelia
Compra
Venta
USD

19.47

20.70

Los hermanos Rodríguez

2 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Inicio estas líneas cuando está a punto de arrancar la 18ª Edición del Gran Premio de México, y claro, acuden a mí los recuerdos de los dos pilotos más famosos del automovilismo mexicano, que brillaron cual estrellas fulgurantes en su país y en el mundo del automovilismo de la velocidad: Ricardo y Pedro Rodríguez.

El recuerdo del fallecimiento de Ricardo, para mí, no puede ser más trágico y doloroso, pues en un día como hoy, hace 54 años, murió en un accidente, en el Autódromo de La Magdalena Mixhuca, el hermano menor de la dinastía de corredores. Esto ocurrió cuando se llevaban a cabo las prácticas para la carrera, que prometía ser muy emocionante. El día anterior, acompañé a Ricardo y le dije que no podría acompañarle al día de prácticas, en virtud de que tenía a un familiar muy grave, pero que estaría con él para la carrera. Ese momento nunca llegó, pues estando con mi familiar enfermo, recibí una llamada, para avisarme de la trágica muerte de Ricardo. Fue un golpe terrible para mí; Ricardo era mi hermano menor. Lo conocí cuando apenas tenía 11 años y yo enamoraba a su hermana Conchita, la que más tarde sería mi esposa. Su hermano mayor, Pedro, tenía 13 años. Los dos pasaron a formar parte de mi familia.

Ricardo en aquel momento, era Piloto Oficial de la Scudería Ferrari, y vivía en Modena, Italia. Dado que la Scudería Ferrari pasaba por un mal momento, Enzo Ferrari decidió no participar en el Gran Premio de México. Ante el deseo de Ricardo, de correr para el público mexicano, consiguió un Lotus 24 Climax. Este auto había participado en muchas carreras, por lo que tenía en bastante uso. El día de prácticas, cuando ocurrió el accidente, Ricardo le había notado alguna falla al auto y, al final del entrenamiento, pidió dar una vuelta más.

En aquel entonces, la pista del autódromo de la Magdalena Mixhuca, tenía un trazo diferente, y antes de entrar a la recta que pasaba frente a los “pits”, había una curva a la que le llamaban “Peraltada”, porque tenía precisamente, un peralte para compensar la velocidad de los autos. Aquella malhadada tarde, Ricardo tomó la curva a alta velocidad, y la “horquilla” trasera, derecha, de su auto, se quebró y este pegó con gran fuerza, sobre la cinta metálica de protección, de suerte que el auto fue proyectado a la izquierda, y quedó a la mitad de la pista, mientras que el cuerpo del chamaco maravill, salió lanzado fuera del auto y fue a dar contra de uno de los postes de acero que detenían la cinta metálica del otro lado; su cuerpo golpeó violentamente un poste de acero, en el abdomen. Llegaron de inmediato los servicios médicos, lo subieron a una ambulancia y lo llevaron al hospital, donde certificaron su muerte.

Lo velamos en la casa de sus padres en la ciudad de México. Mucha gente llegó a aquel domicilio para manifestar su dolor. Al día siguiente, partió la carroza que llevaba su cuerpo adolorido; afuera, una multitud lo aclamaba y lloraba por la pérdida de su ídolo. Una escolta de motociclistas de la Policía del DF abría la caravana de autos que tomó la dirección del Panteón Español, donde había muchos más admiradores. La caminata con el féretro fue dificultosa y muchas las manifestaciones de duelo. Finalmente se depositó su cuerpo en la fosa familiar, donde descansa en paz.

Ricardo tenía un carácter muy afable y teniendo el cabello rubio, le llamábamos Güero. Ya para entonces, muy pequeños, Pedro y Ricardo corrían en bicicleta y el Güero llegó a ganar el campeonato infantil, de las carreras que patrocinaba el diario “Esto”, por lo que le dieron el suéter Rosa, símbolo para los campeones.

Las motocicletas fueron su siguiente objetivo y siendo un jovencito excepcional, comenzó a competir en las motos de 125 cc, y fue aumentando la potencia de las motos, para que, años más tarde, ganara el Campeonato Nacional de Motociclismo, en una memorable carrera que se celebró en el óvalo del Hipódromo de las Américas, corriendo una motocicleta BSA de 500 cc. Ya para entonces, Ricardo, el estupendo motociclista, había comenzado a correr automóviles.

Tal vez el primero fue un Fiat 500 cc, para después competir con Opel, Corvette, Alfa Romeo, Sunbeam, Cooper,Osca, Porsche y Ferrari. Los escenarios frecuentes de aquellas carreras fueron: el Aeródromo Sidar, de la ciudad de Puebla; el Circuito Colón, de la ciudad de Toluca; Avándaro, también en el Estado de México; Guadalajara; León; La Magdalena Mixhuca. En Estados Unidos: Riverside, Sebring y Daytona; La Habana, en Cuba; El Salvador; Nassau, Islas de las Bahamas; París, Francia; Le Mans; Monza; Nürburgring, Alemania; y los grandes premios de Cuba, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania, Italia y el de México, donde habría de fallecer en el primer día de prácticas. Corría el año de 1962.

Durante el tiempo en que Ricardo fue corredor, ocurrió algo que es verdaderamente destacable. Esto sucedió cuando fue a competir a la ciudad de Riverside, en el estado de California, en los Estados Unidos, en el año de 1957. En las dos carreras a celebrarse, competirían solamente autos Porsche de competencia. Ricardo aún no cumplía los 15 años y, por tanto no tenía siquiera licencia para conducir, así que no le permitían correr. Por esto, su padre tuvo que firmar una carta en la que él tomaba la responsabilidad, para el caso de que su hijo sufriera un accidente… o lo causara. Sólo así pudo correr.

El jovencito que era Ricardo, compitió con un Porsche 550 RS. El resultado fue sorprendente, pues Ricardo, prácticamente, un niño, ganó las dos carreras. Al año siguiente, ya no lo dejaron competir; había puesto en ridículo a experimentados corredores, especializados en Porsche.

Como se habrá dado cuenta el lector, prácticamente no me he referido a Pedro, hermano mayor de Ricardo, porque es a éste a quien estamos recordando por la fecha de su deceso y porque, además, no he tratado de hacer una historia puntual de su carrera de piloto profesional de carreras de automóviles y otros deportes, sino evocarlo con el cariño que siempre le tuve y su recuerdo que llevo en el corazón.

Por otro lado, la carrera profesional de Pedro, quien falleció 10 años después de Ricardo, merece un capítulo aparte.

Comparte la nota

Publica un comentario