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Los Odiosos I

25 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

 

Vidal Mendoza

¿Quiénes son los ‘odiosos ocho’ de la última película de Quentin Tarantino, con ese mismo título? Todos ellos, los blancos racistas y el soldado negro de la Unión, hombres y mujeres, representantes de la ley y criminales, son igualmente malvados, brutales y vengativos. El momento más patético de la película acontece cuando el oficial negro (interpretado por el excelente Samuel L. Jackson) describe a un antiguo general confederado, con todo detalle y con evidente placer, cómo mató al racista de su hijo, responsable de muchas muertes de negros: después de obligarle a marchar desnudo en medio de un viento gélido, Jackson promete a este tipo blanco, que se está muriendo de frío, que le conseguirá una manta caliente si le hace una felación; pero, después de que se la haga, Jackson no cumple su promesa y le deja morir… Es decir, que en la lucha contra el racismo tampoco hay buenos tipos, están implicados todos con la máxima brutalidad. ¿Acaso la lección de las recientes agresiones sexuales en Colonia no es asombrosamente similar a la lección de la película?

Aun en el caso de que la mayoría de los refugiados que llegan a la Unión Europea sean efectivamente víctimas que huyen de países arrasados, no se sienten impedidos de actuar de manera despreciable. Tendemos a olvidar que no hay nada redentor en el sufrimiento: ser una víctima en lo más ínfimo de la escala social no convierte a nadie en una especie de voz privilegiada de la moralidad y la justicia.

Ahora bien, esta idea general no es suficiente; hay que observar más detenidamente la situación que dio origen al incidente de Colonia. En su análisis de la situación mundial después de los atentados de París, Alain Badiou discierne tres tipos predominantes de subjetividad en el capitalismo global de hoy en día: el ciudadano liberal-democrático de la ‘civilizada’ clase media occidental; aquéllos que, fuera de Occidente, están desesperadamente ansiosos por imitar el ‘civilizado’ estilo de vida de las clases medias occidentales; y los fascistas nihilistas, aquéllos cuya envidia de Occidente se convierte en un autodestructivo odio mortal. Badiou deja claro que lo que los medios llaman la “radicalización” de los musulmanes es fascistización pura y dura: “Este fascismo es el anverso del frustrado deseo de Occidente que se organiza de una manera más o menos militar según el modelo flexible de una banda mafiosa y con tintes ideológicos variables en los que el lugar que ocupa la religión es puramente formal”.

La ideología de la clase media occidental tiene dos características opuestas: exhibe arrogancia y confianza en la superioridad de sus valores (libertades y derechos humanos universales amenazados por los bárbaros foráneos), pero, al mismo tiempo, está obsesionada por el temor a que su limitado territorio termine invadido por los miles de millones de individuos que están fuera, que no cuentan para el capitalismo global porque ni producen bienes ni los consumen. El temor de sus miembros es el de terminar por sumarse a los excluidos.

La expresión más clara del ‘deseo de Occidente’ son los refugiados: su deseo no es revolucionario, es el ansia de dejar atrás su hábitat hecho ruinas e incorporarse a la ‘tierra prometida’ del Occidente desarrollado (los que se quedan atrás tratan de recrear miserables copias de la prosperidad occidental, como esas zonas ‘modernizadas’ de todas las metrópolis del Tercer Mundo, en Luanda, en Lagos…, con cafeterías que sirven ‘cappuccino’, centros comerciales, etcétera).

Sin embargo, puesto que para la gran mayoría de quienes lo anhelan no hay posibilidad de satisfacer este deseo, una de las opciones que quedan es la ‘contramarcha nihilista’: la frustración y la envidia se transforman de manera radical en un odio autodestructivo hacia Occidente; y no faltan quienes se involucran en una venganza violenta. Badiou sostiene que esta violencia es una pura expresión de pulsión por la muerte, una violencia que sólo puede desembocar en actos de (auto) destrucción orgiástica, sin ningún tipo de visión seria de una sociedad alternativa.

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