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Morelia, Michoacán a 30 de marzo de 2017
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4 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Todos deseamos paz y prosperidad en los augurios de año nuevo a nuestros familiares y amigos. Y realmente lo deseamos con toda la fuerza de nuestro corazón porque el hecho de que pudiéramos lograr establecer un clima de paz y prosperidad en nuestro entorno nos beneficiaría a todos. Si lográramos que reinara la paz nos sentiremos más seguros y confiados respecto al buen resguardo y ejercicio de la libertad de las personas que amamos. Entonces, seríamos más creativos, más solidarios, más amables, y, en fin, mejores personas. Por eso se repiten tanto esos buenos deseos de paz y prosperidad.

Es difícil hacer predicciones respecto a lo que puede ser el nuevo año pues los seres humanos tendemos a ser extremadamente subjetivos. Si asumimos una postura pesimista respecto de lo que puede acontecer en el mundo, en el país o en nuestra comunidad, basta con hacer un recuento de los horrores, las pérdidas y los hierros del año pasado y multiplicar o potenciar los males que nos acechan: los nubarrones se cargan de negatividad y malos augurios y cualquier panorama se ensombrece.

Si comenzamos el año con el ánimo al cien y creemos que a fin de cuentas el bien triunfará sobre el mal, que nada puede ser tan malo como ha sido y que necesariamente tiene que haber un repunte porque después de la tormenta inevitablemente llega la calma, entonces el horizonte se nos presenta pleno de posibilidades. Las cuentas nos resultan muy alegres y nos llenamos de optimismo porque pensamos que no sólo hay una salida, sino muchas que nos conducen al éxito.

Como en todo, debemos tener nuestras reservas. No podemos cargarnos de negatividad y pensar que no hay salida para los problemas; ni podemos cerrar los ojos ante la cruda realidad y pensar que porque en lo personal tenemos una buena racha, le está yendo bien al mundo entero. La vida, en cualquiera de los escenarios se presenta difícil, pero la vida es así, está llena de dificultades y escollos que tenemos que enfrentar con esfuerzo y dignidad. Hacerlo así, nos dará fuerza para la brega de la vida diaria y ánimo para alentar a nuestro prójimo a salir adelante.

La baja en los precios internacionales del petróleo y otros productos como el acero nos presentan un panorama difícil en las finanzas del país. Ya nos condujo a una reducción drástica del gasto público con recortes en muchos programas de gobierno que tendrán sus peores efectos durante el año. Hay quien dice que este apretoncillo del cinturón no será suficiente y que tendremos que hacer más ajustes en el transcurso del año para sacar al buey de la barranca.

Lo malo de los descalabros en el manejo de nuestra economía es que a fin de cuentas quien resulta más afectado, es quien poco o nada tiene, porque necesariamente los tropiezos macroeconómicos tienen una repercusión directa en los índices de desempleo y en los precios de los productos básicos.

Visto así, el panorama para nuestro país se presenta sombrío, porque la pobreza y el desempleo generan una serie de problemas de carácter social que van desde la simple protesta, hasta el alza en el índice de la criminalidad, situaciones que siendo muy distintas, ponen en peligro los cimientos de nuestra endeble y contradictoria sociedad.

A fin de cuentas el principal problema es de orden político; es un problema que atañe a quienes toman las grandes decisiones. ¿Qué hacer con los pocos recursos con los que contamos? ¿Lo invertimos en la construcción de grandes obras como el aeropuerto de la ciudad de México, o postergamos ese proyecto para mejores épocas? ¿Nos las ingeniamos con adicionales mecanismos de recaudación que afecte sólo a algunas capas de la sociedad para contar con dinero suficiente para realizar algunas obras? ¿Le imponemos una carga fiscal a las meretrices al cabo que no tienen vergüenza y se la pasan en la vida alegre?

La respuesta a estas interrogantes no es fácil. No hay fórmulas. La política requiere de una sensibilidad especial para decidir qué hacer ante las crisis, sin embargo, todos, hasta los que no nos dedicamos a la política como profesión, tenemos una opinión respecto qué se debería hacer en estos trances.

Es obvio que la mayoría sugeriríamos un programa de austeridad republicana que sacrifique los ingresos de los servidores públicos de mayor rango y recortes en gastos superfluos que no vayan dirigidos a programas de orden social. En segundo término, con los pocos recursos con los que contamos, invertir en un gran programa nacional que involucre a todos los sectores de la sociedad para generar una paz social efectiva y duradera, no sólo con esquemas de combate a la criminalidad, sino con mecanismos de prevención y atención a las clases marginadas que alimenten un anhelo de perfeccionamiento individual y social.

La paz social es la premisa fundamental para el desarrollo, por lo tanto no se debe dudar en dirigir todos los esfuerzos gubernamentales y sociales en procurarla.

A fin de cuentas todos iniciamos el año deseando paz y prosperidad, deberíamos aprovechar este ánimo para que los deseos de la colectividad no sean infructuosos.

Que este nuevo año 2016 llegue pleno de dicha, paz y prosperidad.

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