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Amor eterno

5 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Luis Sigfrido Gómez Campos

 

A mí querido amigo y arreglista Gonzalo Gómez Covarrubias. Excelente músico y acompañante, durante muchos años, de Juan Gabriel.

 

Yo tenía catorce años cuando empezó la carrera de Juan Gabriel. Fue un “hitazo” en la radio su primera grabación, todo mundo tarareaba la canción “No Tengo Dinero”, una pieza sencilla y pegajosa que se puede tocar con sólo dos acordes de la guitarra, primera y segunda, por lo que cualquier principiante la podía acompañar, era esa una de las cualidades de su gran éxito: la sencillez. A esa primera pieza le siguieron muchas de gran resonancia en la radio comercial, no había de otra. Las estaciones que ahora se dicen culturales porque transmiten desde una universidad o desde una comunidad indígena, no existían.

La música llamada clásica, la de los rockeros Bob Dylan, Jim Morrison y hasta la de Los Beatles era elitista, sólo podías acceder a ella si comprabas los discos o te las ingeniabas para, durante las noches, cuando había poca interferencia, escuchar con ruido las señales de onda corta de la radio de los Estados Unidos. Igual pasaba con Joan Manuel Serrat y otros cantantes latinoamericanos que cantaban música de protesta. La gente humilde no teníamos acceso a esa música. El pueblo nos teníamos que conformar con Juan Gabriel y lo que querían difundir los concesionarios de la radio comercial mexicana.

En ese contexto, la capacidad creativa del llamado “Divo de Juárez” inundó por muchos años todas las estaciones de la radio. Las tonadillas alegres de su primera época eran primaverales: “me he quedado solo, sin tus besos, me has dejado triste y abandonado”; o esa otra que dice: “será mañana o pasado mañana, el lunes o el martes, será cualquier día, en cualquier instante, vendrás a tocarme las puertas de mi corazón”; o la que nos refiere la estación del año más colorida: “en esta primavera será tu regalo un ramo de rosas, te llevaré a la playa te besaré en el mar y muchas otras cosas más”.

Desde sus primeras presentaciones en la televisión se advertían sus finos modales que nos hicieron pensar que poco le importaba que se hiciera pública su preferencia sexual; sin embargo, siempre evadió el tema y exigió respeto a su vida privada cuando los reporteros abordaban el tema. Muchos años después, ante la insistencia morbosa de los medios, hizo famosa la frase: “lo que se ve no se pregunta”, con lo que pretendía dar por cerrado el tema, pero los representantes de la prensa jamás dejaron de hostigarlo.

Nunca dejó de hacer canciones de “corte ranchero”, las de tipo popular acompañadas con mariachi. Desde sus primeros discos se conocieron canciones que interpretaba con mucha efusividad y aguda voz: “te voy a olvidar, te voy a olvidar, aunque me cueste la vida y aunque me cueste el llanto, yo te juro que te tengo que olvidar”; o esa otra que admite no poder desprender al ser querido de su mente: “siempre estoy pensando en ti, día y noche vida mía, cada instante de mi vida, siempre estoy pensando en ti”.

Muchos llegamos a dudar de que algunas de sus canciones de esa época llegaran a obtener el éxito que alcanzaron, me refiero a piezas como “Siempre en mi mente”, “Querida” o “El NoaNoa”. La primera siempre me pareció llena de lugares comunes y hasta algo insulsa, pero tuve que reconocer mis limitaciones de conocedor porque Juan Gabriel me demostró que para construir un éxito popular no debe necesariamente estar lleno de frases originales, que nadie haya dicho o llenas de contenido poético. Él me situó en la realidad: la música popular mexicana no necesariamente está cargada de metáforas y tropos literarios; la música popular es simplemente eso: música popular, y en eso, el divo de Juárez está a la altura de los mejores, de nuestro siempre admirado Agustín Lara o de José Alfredo Jiménez.

La última época de Juan Gabriel fue la más polémica, rica en grandes producciones, hermosas canciones y homenajes; presentaciones es Bellas Artes, orquesta sinfónica, caídas, vetos de las televisoras, persecución política, congelamiento en los medios, lentejuelas y glamour. Pero también está última época es la de mayor entrega y amor del pueblo que se le volcó en aplausos y reconociendo a su ídolo: uno de los más grandes valores de la canción popular mexicana.

“Hasta que te conocí viví la vida con dolor, no te miento: fui feliz, aunque con muy poco amor…” “Soy honesto con ella y contigo, a ella la quiero y a ti te he olvidado, si tú quieres seremos amigos, yo te ayudo a olvidar el pasado, no te aferres…” son algunas de las más memorables de esta época. Pero la más trascendente, la que más se metió en el corazón de la gente, sin lugar a dudas, es “Amor eterno”. Independientemente de las razones que haya tenido Juan Gabriel para componerla, el pueblo acogió esta canción para dedicarla a la madre ausente. El día de las madres en los panteones de México se escucha esa melodía y, quiérase que no, al escucharla se nos parte el corazón.

Sólo siendo mezquinos o envidiosos podemos regatearle méritos a este gran compositor y cantante mexicano. Descanse en Paz Juan Gabriel.

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