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Deporte criminal

3 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Cuando digo “deporte criminal” no me refiero a Los Juegos del Hambre, novela de aventura y ciencia ficción de la escritora norteamericana Suzanne Collins, que ha sido llevada al cine, donde se narra una especie competencia salvaje donde varios jóvenesque representan a diversos distritos en una supuesta sociedad del futuro,luchan por la sobrevivencia; ni a la tauromaquia; me refiero a la caza, actividad que el hombre ha realizado desde la prehistoria como una necesidad de subsistencia y que en la época actual algunos seres humanos practican como una actividad recreativa y a la que pretenden asignarle rango de “deporte”.

La discusión sobre el tema de la caza ha cobrado relevancia en este momento debido a la noticia que le dio la vuelta al mundo respecto a la muerte del León Cecil, animal semidomesticado, tranquilo y majestuoso que era símbolo del parque nacional de Hwange, en Zimbabue, África, y al que dio muerte un cazador norteamericano con un arco y una flecha ayudado por un par de guías africanos.

En un principio se difundió por internet equívocamente la noticia de que había sido un cazador español, pero ahora se sabe que fue el dentista estadounidenseWalter Palmer, quiensupuestamente pagó 50,000 dólares por matar a un león cerca del Parque Nacional de Hwange.Él quería matar un elefante muy grande, pero sus guías lo convencieron de que mejor matara a un león porque el animal que buscaba no lo iba a encontrar en la región. Fue entonces que el león Cecil fue atraído con una carnada y herido con una flecha; después le dejaron vagar herido durante dos días, le siguieron para rematarlo con un arma de fuego y luego lo desollaron y le cortaron la cabeza.

Una vez que se diera difusión internacional a la noticia por medio de internet, se supo que el dentista Palmer es un orgulloso cazador de toda su vida y que tiene muchos trofeos; se dijo también que ya había sido sancionado en los Estado Unidos por matar a un oso negro en un área natural de Pesca y Vida sin tener licencia para ello; se investigó minuciosamente sus antecedentes y su vida profesional y se le satanizó por haber dado muerte al símbolo de esa nación africana. Sus detractores acudieron a su consultorio en Minneapolis, Minnesota y pusieron un altar con animales de peluche y objetos de la película del Rey León, mientras quelas redes sociales fueron inundadas con ataques y amenazas para el cazador. Por último se dijo que autoridades de Zimbabue pidieron a los Estados Unidos la extradición del dentista y la Organización de las Naciones Unidas ONU, emitió una resolución contra la caza ilegal. En menudo lío se metió el odontólogo.

En el fondo del asunto está que algunos consideran a la caza como una actividad divertida mientras en el otro extremo están los conservacionistas, amantes de los animales, que creen en el uso sustentable de recursos naturales y consideran que la cacería es un acto de mero salvajismo que exhibe al ser humano en su dimensión más sanguinaria. Para este sector de la sociedad resulta inexplicable que alguien pueda sentir pasión, emoción o gusto por matar a un ser vivo que está en su hábitat y que no representa peligro.

Leer un libro, contemplar una pintura o escuchar música puede ser motivo de goce y regocijo para alguien, eso es fácil de entender; pero acechar a un ser vivo para privarlo de la vida, cortarle la cabeza y exhibirlo como trofeo es un goce que pocos seres humanos en la actualidad podemos entender. La “caza deportiva” es una actividad elitista y muy cara, sólo los personajes realmente ricos pueden darse el lujo de organizar un safari para matar animales en el África como el ex Rey Juan Carlos l de España, o los hijos de Donald Trump, quienes sienten placer por algo tan estúpido.

Infancia es destino; en algún momento de la vida se presenta la disyuntiva de elegir entre convertirse en un depredador o un defensor de la vida. La curiosidad que pueda sentir un niño por matar un ave con una resortera puede ser reforzada o encauzada haciauna actividad menos perniciosa. Decir:¡Sí hijo ve y mata ese pájaro!, o aprovechar la ocasión para transmitir una reflexión sobre la piedad y el amor a la vida, será determinante para el desarrollo posterior de un ser humano; instigarlo para que defienda sus derechos a golpes o enseñarlo a razonar, puede ser definitivo para convertirlo en un ser humano racional o un espécimen violento y peligroso para la sociedad.

Vivimos tiempos difíciles en los que hasta salir a la calle puede resultar peligroso por el alto grado de violencia que se respira en el ambiente; sin embargo, no debemos convertirnos en presas del terror y el desencanto. Esta vida sólo tiene sentido si logramos anteponer al odio una pizquita de amor. Si logramos transmitir a las futuras generaciones que es hablándonos y no matándonos como debemos entendernos; si logramos enseñarles que no es la resortera ni el rifle el instrumentopara el placer, sino el arte y el amor a nuestros semejantes la vía para el perfeccionamiento de las capacidades humanas.

No siento odio por Walter Palmer, el dentista que mató a Cecil, siento lástima porque la sociedad es cruel y se ensañará de manera desproporcionada con el dentista quien es culpable de no haber aprendido a amar la vida que es maravillosa.

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