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El conflicto de la UMSNH

17 de octubre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Luis Sigfrido Gómez Campos
“Tú no vas a estudiar, ‘naca’, ya deja que quienes sí queremos recibir clases lo hagamos”, le espeta una joven que ya obtuvo su ingreso a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo UMSNH, a María Casimiro, otra jovencita con rasgos indígenas de la región lacustre de Michoacán que participa en el movimiento del paro del Movimiento de Aspirantes y Rechazados. La agredida voltea con odio buscando a quien la insultó, le duele el agravio pero sabe que es cuestión de resistir, le han dicho las moradores de la casa del estudiante Rosa de Luxemburgo que no se desanime, que es cosa de aguantar para ablandar a las autoridades a que aumenten la matrícula y puedan ingresar más alumnos.

María Casimiro quiere ser doctora, es hija de una partera práctica que no requirió estudiar para ayudar a parir a casi todas las mujeres de su pueblo, se considera buena estudiante pero sabe que a la Facultad de Medicina sólo ingresan los alumnos con el mejor promedio, “o con las mejores recomendaciones” dice entre broma y serio.

El conflicto de la UNMSH se ha agravado después de prácticamente 50 días de paro “indefinido”. Las posiciones políticas se han polarizado. Hay quién dice que a través de este movimiento se pretende desestabilizar a las instituciones; que esto es sólo el preámbulo para ponerle piedras en el camino al gobernador para que no llegue a la grande; que los exgobernadores con relaciones internas en la “Casa de Hidalgo” están metiendo las manos; que exfuncionarios de la universidad con vínculos con las Casas del Estudiante están moviendo sus hilos para tumbar al rector; que los grupos ultraconservadores  y antinicolaitas están inyectando billetes tras bambalinas para desaparecer las Casas del Estudiante; en fin, se dicen tantas cosas y tan a la ligera cuando de dividir se trata.

Ante conflictos como el que tiene actualmente la UMSNH, lo único que puede salvar a la máxima casa de estudios de los michoacanos, es la unidad, la discusión seria de sus problemas por los propios miembros de su comunidad, la prudencia y el diálogo internos. Cualquier elemento ajeno a la universidad y las decisiones autoritarias de cualquier bando, sólo llevarán a nuestra universidad a un conflicto mayor.

El permitir o auspiciar que los grupos de estudiantes de bandos opuestos se enfrenten es perverso y mezquino. No es con denuncias penales, enfrentamientos o sanciones hacia los rechazados o entre los mismos rechazados como se solucionará el conflicto. Se dice que, ante la desesperación por el paro tan prolongado se ha intentado poner en marcha la estrategia de “divide y vencerás”, por lo que los moradores de algunas casas ya se han dividido y han propuesto terminar con el paro, por lo que los líderes de las casas han optado por la expulsión de esos miembros disidentes.

Una de las voces más sensatas en este conflicto proviene del Sindicato de Profesores de la Universidad y los profesores de la Facultad de Economía, quienes propusieron el diálogo para solucionar el conflicto y rechazaron la confrontación entre la comunidad universitaria, “explicaron que se les debe dar oportunidad a jóvenes que buscan un espacio y que no se deben promover políticas de exclusión, ya que sólo condena a los aspirantes al crimen organizado y a la precariedad laboral”. El diálogo que favorezca el entendimiento entre las partes debe ser la pauta para resolver este conflicto, agregaron dichos profesores dialoguistas.

Creo que en este último argumento está la clave de este espinoso asunto. Si no se analiza la problemática universitaria como parte de un fenómeno de contexto nacional, podríamos dejar de de ver que la exclusión de las clases marginadas por una supuesta búsqueda de la excelencia, conlleva el germen de la degradación social, desequilibrios, violencia, discriminación y “precariedad laboral”, como bien dijeron los economistas.

Tratar de resolver el conflicto que vive la UMSNH mediante la imposición de criterios autoritarios, sin un verdadero diálogo y un amplio sentido de solidaridad humana, sólo agravará más nuestra problemática social ya de por sí deteriorada.

Por otra parte, siempre estaré en desacuerdo con esas costumbres fascistas que practican algunos líderes en las casas del estudiante de obligar a sus moradores a participar políticamente con sus causas a riesgo de la expulsión. Soy partidario de la libertad de conciencia y de participación política de acuerdo a la elección de propios principios.

Pero quienes sí merecen la reprobación unánime de todo nicolaita de buena fe, son “las manos que mueven la cuna” o elementos externos, si es que los hay, que con cualquier motivo alteran la correcta marcha de instituciones de tan noble fin. Las mentes más lúcidas de la comunidad nicolaita deben participar para resolver de la mejor manera este conflicto antes de que sea demasiado tarde.

María Casimiro quiere ser doctora, es poco probable que lo logre porque a la Facultad de Medicina de la UMSNH sólo pueden ingresar una cantidad reducida de aspirantes con un alto perfil académico. Lamentablemente los rígidos criterios de selección y los “límites lógicos de espacio”, como le han dicho, la obligarán a elegir otra opción como enfermería, si bien le va.

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