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El desprestigio de la actividad política

27 de marzo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Luis Sigfrido Gómez Campos/La Voz de Michoacán

Una de las tareas más importantes del ser humano en el mundo es indudablemente la política; sin embargo, el desprestigio de quienes realizan esa actividad ha llevado a algunos a pensar que podríamos prescindir de los políticos porque a fin de cuentas está probado que son más los perjuicios que los beneficios que aportan a la sociedad. Es tal el desdoro en que han incurrido los políticos tradicionales que algunos candidatos a puestos de elección popular se proponen a sí mismos como la “solución de los problemas sociales” diciendo que ellos no son políticos. Esta oferta es absurda ya que se advierte la maquinación de un burdo sofisma que intenta embaucar a los electores de buena fe.

¿Qué hacen postulándose para un cargo político si reconocen a priori que no son políticos?; ¿y si no son políticos qué son? La política en tanto actividad del hombre para administrar los recursos públicos con acciones que beneficien de la mejor manera a la colectividad; el estudio de propuestas e iniciativas legislativas, así como su discusión y aprobación responsable en los parlamentos; el ejercicio profesional y honesto de los altos funcionarios de la administración pública; la toma de decisiones en los asuntos que afectan a la sociedad requieren de las mejores personas, mujeres y hombres con espíritu de sacrificio, con mística de servicio y con una honestidad a toda prueba.

Si alguna persona que aspire a ingresar a la política no reúne estas cualidades mejor debería dedicarse a otra cosa donde haga menos daño. La política en tanto actividad práctica de los seres humanos para participar en la vida pública aspirando llegar al poder para transformar las cosas que están mal, o combatiendo a los miembros de otro partido que circunstancialmente están detentando el poder, con acciones que lleven a la colectividad a una mejora de sus condiciones de vida, es una tarea necesaria que no puede dejar de realizarse. Desde que las primeras comunidades humanas comienzan a organizarse para resolver sus problemas colectivos es que aparece la actividad política como tarea imprescindible que alguien debe realizar. Por eso hay que desconfiar de un político que se ostenta como “no político”: o es un ignorante y no tiene la menor idea de la actividad para la que se propone, o es un demagogo deshonesto que pretende aprovechar el desprestigio del político tradicional para engañar a los electores y sacar las garras una vez que sea electo. Es un lobo con piel de cordero.

Ante el fracaso de la imagen del político tradicional hay quien piensa que cualquiera podría hacerlo mejor. Convengamos que podría tratarse de tecnócratas, empresarios, filósofos, poetas, científicos o especialistas de alguna actividad humana que los ubica en una posición destacada en la sociedad desde donde podrían dar el salto hacia la política. Platón afirmaba que los filósofos son los que deberían gobernar porque son los más sabios; quizá este filósofo de hace aproximadamente veinticinco siglos haya tenido razón, pero tal parece que hay cierto tipo de incompatibilidad, pues los políticos excluyende la política a estos seres pensantes; y los filósofos, a su vez, estando muchas veces en el campo de la filosofía política, no se interesan por esta actividad que les parece despreciable. Pero a los tecnócratas y a los empresarios sí les encanta meterse al campo de la política porque subestiman esta actividad y piensan que un país puede ser administrado como si fuera una empresa; que se trata sólo de cifras y buenas cuentas en términos de eficiencia.

Les basta con proponer y resolver ecuaciones macroeconómicas con buenos resultados sin advertir que abajo, en la base social, existe una problemática humana más compleja que requiere de acciones diversas que solucionen asuntos de educación, salud, trabajo, inseguridad, miseria y todos los derivados que las carencias en estos rubros se requieren. En nuestro país ya vivimos la experiencia de que nos gobernara un empresario de la Coca-Cola, los resultados de su administración están a la vista. Y también llegaron algunos políticos de la tecnocracia a los que les importaron más las cifras de macroeconomía que la solución de los graves problemas sociales. Los resultados también están a la vista.

En los Estados Unidos de Norteamérica los electores creyeron que la solución de sus problemas estaba en elegir a un empresario exitoso, y nombraron como su presidente a un loco mesiánico y mentiroso que está aprovechando el poder para promocionar sus empresas e incrementar su riqueza personal. El problema en México es el grave deterioro de la credibilidad social debido a una gran cantidad de personajes que han escalado cargos públicos sin el soporte éticomoral ysin espíritu de servicio. Es la degradación de los valores y de la vida moral de la sociedad que no sabe distinguir la virtud del vicio. Es el triunfo del viejo “chiste” de “a mí pónganme donde hay, que de lo demás yome encargo”. Qué panorama tan triste.

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