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El hombre más rico

23 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Érase de un marinero

que hizo un jardín junto al mar

Y se metió a jardinero

y estaba el jardín en flor

Y el marinero se fue

por esos mares de Dios.

“Parábola”. Antonio Machado.

 

Hacepoco tiempo conocíaunprofesionistaabogado quemeencargóquelesdijera a sus compañeros de generación que los mandaba saludar el licenciado más rico de todo Lázaro Cárdenas. Era un hombre bonachón y dicharachero de esos que abundan en la tierra caliente. Pocas veces le hacen a uno un encargo de esa naturaleza porque generalmente tanto la riqueza como el éxito no se anuncian, se hacen tan evidentes que es una torpeza publicitarla. La verdad no sé si esta persona sea el abogado más rico de esa región de la Costa michoacana, pero sí estoy seguro que es el más hablador.

Además de que me parece de lo más absurdo publicitar la riqueza,es un actotrivial. ¿Eso a quien le puede importar? Si el profesionista dijera: “diles que soy el hombre más dichoso de la región”, vaya que tendría una significación especial su mensaje. O si dijera diles que soy el más sabio, o el más competente. Pero ser el más rico no es una cualidad intrínseca, igual como lo es, mañana puede dejar de serlo.

 

Tener dinero por supuesto que tiene una utilidad en una sociedadtan carente de otros valores; pero se suele atribuir al dinero una dimensión que no tiene. Se me viene a la mente ese famoso cuento “La pata de mono”, de William Wymark Jacobs, en el que un matrimonio se topa con una pata de un mono muerto que es un talismán capaz de conceder tres deseos y la señora le pide una determinada cantidad de dinero, y en ese preciso momento le llega un mensajero con un cheque por exactamente la misma cantidad que había pedido, pero esa cantidad le llega junto con la noticia de que es el pago del seguro de su hijo que acaba de morir en un terrible accidente. Está bien, el dinero es útil y lo necesitamos, pero la pregunta es: ¿estamos dispuestos a pagar el precio por obtenerlo? En ocasiones se pierde la dimensión del valor real de las cosas y olvidamos que el dinero no todo lo puede comprar.

“Poderoso caballero es don Dinero” decía don Francisco de Quevedo y Villegas, y lo es; el dinero casi todo lo puede comparar, y también hay quien, por dinero, casi todo lo puede vender. Pero en esta sociedad de consumo, de mercadeo desmesurado, todavía existen cosas que no tienen precio.

Cuándo jóvenes, tuvimos un amigode un potencial asombroso para la política; además de su capacidad retórica, tenía una mente privilegiada, una disciplina férrea y una ambición desmedida. Pero nuestro amigo, carente de recursos económicos, lamentablemente aprendió por esa época lo que solía decir el viejo zorro de la política, Carlos Hank González: que “un político pobre es un pobre político”, entonces, nuestro amigo dejó a un lado su ambición inicial para intentar primero hacerse rico y después dedicarse a la política. En ese intento se le fue la vida. No es ni suficientemente rico, ni suficientemente competente en el quehacer de la política.

Dicen los que saben que todo es cuestión de estar dispuesto a pagar el precio. Si alguien se propone en nuestro sistema hacer dinero por sobre cualquier otra cosa, es posible. Lo difícil es estar dispuesto a pagar el precio porque en hacer dinero se te puede ir la vida y podrías dejar de hacer muchas de las cosas que valen la pena en este mundo.

Existen burros de oro como Donald Trump y muchas personas darían media vida por tener la cantidad de dinero que él tiene; sin embargo afortunadamente también existen muchas personas que teniendo poco, viven una vida digna y no ambicionan la acumulación de la riqueza por el simple hecho de la acumulación.

¿Dinero o poder? Sí, pero para qué. Si no es para servir al prójimo o para dignificar tu propia existencia, no sirve para nada. De ahí que muchos ricos que llegan a acumular dinero se dedican a hacer obras de filantropía, porque la vida no les alcanza para siquiera imaginar que pueden hacer con tata riqueza, habiendo en el mundo alguien que carece de lo indispensable.

Por eso cuando alguien dice “tengo”, en lugar de “soy”, no debemos sentir envidia sino lástima, por el gran vacío existencial que dejan al querer demostrar con palabras de todo de lo que carecen.

Hay un refrán que viene a cuento y que dice “no es rico el que tiene mucho sino el que necesita poco”. Tiene sus raíces en la sabiduría oriental y algunos antropólogos lo recuerdan cuando estudian sociedades mal llamadas primitivas, de pueblos que carecen de cualquier cosa, apenas llevan un taparrabos y cargan una vara, pero son dueños de la selva, los caminos, las estrellas, las flores y, sobre todo, de sí mismos, de su libertad total y su capacidad de amar todo y cualquier cosa. Debiéramos aprender de ellos qué significa ser ricos.

Por eso me da riza cuando alguien presume de la riqueza cuando bien sabemos que crecen de mucho.

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