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El Papa en Morelia

15 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

El viernes llegó el Papa Francisco a México y la gente se volcó a las calles a darle una bienvenida afectuosa, propia de una población mayoritariamente católica. No hubo dudas. Al grito de “Francisco… hermano… ya eres mexicano”, personas de todas las clases sociales buscaron un espacio para presenciar aunque fuera unos cuantos segundos el paso del Vicario de Cristo.

Más del 80 % de los mexicanos se reconoce católico, y más del 90 % se asume guadalupano, por lo tanto resulta explicable que el arribo del Obispo de Roma a nuestro país cause furor. ¡Claro! Nunca faltan los críticos a los que no les parece que se realicen actos con tanto boato, o que las ceremonias sean presididas por las autoridades surgidas de tal o cual partido; ese celo resulta explicable, pero estoy seguro que cualquier autoridad, de cualquier partido político, difícilmente podría sustraerse a realizar este tipo de ceremonias al Sumo Pontífice, representante del Estado Vaticano, en las actuales condiciones de nuestra política internacional a escasos 23 años de restablecidas las relaciones con ese Estado Soberano.

El Presidente de la República Enrique Peña Nieto, el Gabinete en pleno y toda la clase política y empresarial mexicana participaron en Palacio Nacional, en un solemne acto de recepción a Jorge Mario Bergoglio, representante del Estado Vaticano y Obispo de la Iglesia Católica. El jefe de gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, le otorgó las llaves de la ciudad como se estila cuando un personaje de tan alta dignidad visita la capital de nuestro país.

Francisco, el Papa humilde y carismático, el Papa latinoamericano conocedor de nuestra realidad y nuestras carencias, llega a México en el momento que más se le necesita. Algunos hombres de poca fe dicen que no tiene capacidad para resolver nada, que sólo viene a darle un espaldarazo al Presidente de México, el cual está muy necesitado de popularidad. Ignoro si es posible compartir parte de su prestigio, pero no participo la visión de quienes piensan que la visita del Papa no es necesaria. Los mexicanos tenemos grandes carencias, pero sobre todo de tipo espiritual.

La crisis de deshumanización, violencia y muerte que padecemos; la devoción por otros valores de carácter material por encima del amor al prójimo y el respeto por la vida; el reclutamiento de jóvenes para incorporarlos a los grupos criminales; la veneración de ídolos como la Santa Muerte y Jesús Malverde, el Santo de los Narcos; la falta de unidad y apego a los valores de la familia; el salvajismo de los grupos criminales que desuellan, decapitan y mutilan al prójimo sin el menor remordimiento; el latrocinio y corrupción de autoridades policiacas que protegen a los criminales que secuestran, violan y asesinan; las familias en las que falta alguno de sus miembros porque están desaparecidos, y en fin, todo el cúmulo de desgracias que nos ha tocado padecer a los mexicanos, son el ejemplo claro de la urgencia de revalorar en términos éticos y religiosos lo que estamos haciendo como nación.

Se requiere el ejemplo de líderes como el Papa Francisco, quien tiene la estatura moral para sobre príncipes y soberanos para servir de guía y marcar el rumbo de las acciones de quienes se pierden en el camino. Nadie como él para recordarles a los grandes acumuladores de la riqueza y a los administradores del mundo que ellos con su ambición, al privilegiar el beneficio de las minorías en detrimento de todos, están creando “un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia, el tráfico de personas, el secuestro y la muerte”.

En términos puramente pragmáticos, el Papa Francisco no viene a nuestro país a resolver los problemas sociales, económicos y políticos, esa no es su labor. Él es un guía espiritual para ayudar a quien, teniendo fe, quiera escucharlo y encuentre en sus palabras un poquito de esperanza; es un líder religioso con influencia sobre quienes profesan la religión católica en un país donde existen aproximadamente 100 millones de fieles católicos. Por supuesto que su prédica tendrá algún efecto.

El Papa Francisco en su recorrido por nuestro país está visitando cinco lugares significados por la pobreza y la violencia: la ciudad de México, Ecatepec, Chiapas, Chihuahua y Morelia, Michoacán. El martes 16 llegará temprano a nuestra ciudad, los morelianos seremos anfitriones de un huésped de la más alta jerarquía. El simple anuncio de su llegada ha generado el arribo de millones de fieles que aspiran ver aunque sea un segundo al Sumo Pontífice. La capacidad de la infraestructura turística ha sido por mucho rebasada.

Además de un evento “espectacular”, los morelianos esperamos que la visita del Papa Francisco, a más de de una cuantiosa derrama económica, nos deje un mensaje de aliento, esperanza, fe y caridad, que ayude a transformar en algo nuestra violenta realidad, sembrando la semilla de la fraternidad.

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