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Morelia, Michoacán a 18 de enero de 2017
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Fin de semana tranquilo

18 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Hace un buen (como dicen los chavos) que no me paseaba por el centro histórico de la ciudad de Morelia un fin de semana. Más impulsado por la necesidad que por el gusto, me desplacé a comprar mis periódicos el sábado por la tarde y quedé sorprendido por la cantidad y diversidad de actividades que sedesarrollaban. Parecía que se estuviera viviendo un día de Semana Santa cuando los turistas asaltan la ciudady provocan el caos de los establecimientos que no alcanzan a satisfacer la demanda de tantosvisitantes: saturan los portales, las plazas públicas, las “chelerías” del jardín de Las Rosas y los cientos de “antrillos” que se han abierto para satisfacer la demanda de tanto paisano y alguno que otro extranjero que busca recrearse la pupila con tanta maravillaarquitectónica que ofrece la ciudad.

La verdad se respira un ambiente de “gran urbe”, como el que se vive en las ciudades más importantes del mundo. Grupos musicales, payasos, personajes sacados del tiempo de la colonia que promueven no sé qué cosa, con sus trajes perfectos pero con sus zapatos comprados en la plaza del zapato (los empresarios morelianos no debían ser tan marros y caracterizarlos completo, con unas zapatillas ad hoc, si ya hicieron el gasto¿que les cuesta?), la danza de los viejitos, los motociclistas con sus Harley Davison y sus trajes de cuero, la quinceañera en limusina y con sus chambelanes de riguroso traje negro con moño morado y tenis blancos, el flautista estrafalario con suszancos, la indígena purembe que ofrece sus jarrones laqueados,en fin, un colorido y un ambiente propio de las grandes ciudades del mundo. Lo único que no cuadra junto a ese esplendor de artificio es la miseria que lo rodea y que se muestra a través de ese ejército de mendigos que pululan por esa misma zona.

Todo es parte del mismo escenario: la magnificencia arquitectónica y lainfraestructura turística que se ha construido para atender a los miles de visitantes que eligen como opción para la utilización de su tiempo libre a este bello “Jardín de la Nueva España”, junto a las colonias periféricas que albergan a miles de personas que viven en la pobreza extrema, algunos de los cuales optan por exhibir su miseria frente a los visitantes nacionales y extranjeros.

La miseria de los países tercermundistas o en vías de desarrollo, o las contradicciones del mundo capitalista,es algo que no se puede ocultar abajo del tapete, a fin de cuentas la pobreza se muestra a través de sus mendigos o en su forma mas peligrosa: la delincuencia.

Pero la mayor parte de la sociedad pretende seguir viviendo la vida como si nada malo ocurriera; es tan grande el anhelo de vivir en paz y sin temor, que decidimos enfrentar el reto de la vida diaria con nuevos bríos y la esperanza de que la violencia de nuestro pasado reciente haya quedado atrás.

Apenas la semana pasada Michoacán vivió por lo menos cuatro días de incertidumbre cuando algunos grupos armados determinaron obstaculizar el libre tránsito de las carreteras federales mediante actos delincuenciales que pretenden sembrar el terror; las comunicaciones en la tierra caliente de nuestro estado se vieron interrumpidas por la quema de vehículos y la protesta de un grupo de habitantes de la Tenencia Cenobio Moreno del municipio de Apatzingán, que se oponían a la instalación de una Base de operaciones Mixtas del Ejército Mexicano, las Policías Federal y del Estado y Municipio. Estos movimientos que no tienen ninguna base de justificación jurídica o política quedaron a fin de cuentas confundidos con otras movilizaciones de los normalistas y maestros michoacanos que se oponenala nueva Ley de Educación, entre otras demandas; pero que con su falta de oportunidad y procedimientos similares, sólo reflejan en la sociedad un sentido de desasosiego e incertidumbre.

Al parecer los grupos de la delincuencia organizada se manifestaron de manera violenta en diversos puntos de la entidad en virtud a que la autoridad detuvo a más de treinta integrantes de sus organizaciones; sus mecanismos de protesta no sólo se dieron en las carreteras, sino que en algunas poblaciones quemaron algunos comercios y gasolineras para mostrar su fuerza y causar terror.

Pero con todo y eso, en las principales ciudades del estado y sobre todo en la Capital, la ciudadanía, haciendo eco de los eventos que las autoridades organizan, participa y se manifiesta entusiasta, procurando mostrar al mundo que nada malo pasa en su comunidad, o por lo menos finge que es feliz aunque en el fondose sepa que estamos en medio de la turbulencia y que lo peor de la tormenta no ha pasado. Con frecuencia, en comunicaciones de boca en boca o vía internet, nos enteramos de que el índice delictivo en las colonias, los asaltos y los robos, parecen ir en aumento. Hemos tenido que cambiar nuestros hábitos.

Todos sabemos que Morelia nunca volverá a ser lo que fue: la ciudad romántica y tranquila en la que podíamos ir de serenata en la madrugada sin el temor a ser molestados por los delincuentes ni por la policía; la ciudad en la que podíamos ir a un lugar apartado con la novia para besarla. Ahora, eso no es posible sin que se corra el riesgo de ser asaltado, por lo menos.

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