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Fuerza interior

27 de junio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Luis Sigfrido Gómez Campos

 

30 personas fueron tratadas por quemaduras luego de caminar sobre carbones ardientes, esto ocurrió el jueves pasado en la ciudad de Dallas Texas, en los Estados Unidos de Norteamérica, cuando un líder motivacional intentaba impulsar a los asistentes a “desbloquear y liberar las fuerzas interiores que pueden ayudarte a romper cualquier límite y crear la calidad de vida que deseas”. Asistieron a dicho evento aproximadamente 7 mil personas, las cuales pagaron como mínimo un poco más de 11 mil pesos. Uno de los lesionados que sufrió quemaduras de tercer grado manifestó que él había tenido la culpa porque no había seguido correctamente las instrucciones del líder espiritual, quien le había indicado que mirara hacia arriba y él volteó a ver las brasas ardientes. El guía motivacional que organizó dicho evento posee una fortuna personal de más de 9 mil millones de pesos.

En los últimos años ha proliferado en el mercado de los libros un tipo de “literatura” de autoayuda que pretende dizque orientar a un público ávido de conocimientos que le auxilien en esta difícil tarea de sobrevivir en un medio de competitividad donde tienen mayor importancia los bienes materiales que cualquier otro valor. Esa búsqueda, errada en el rumbo desde su origen, en un medio con un bajo nivel de escolaridad y una muy mala orientación sobre el tipo de literatura que debemos elegir, conduce a la gente a acercarse a temas motivacionales como si se tratara del gran remedio para los grandes males de la sociedad contemporánea.

Tengo la certeza de que los grandes males de nuestro tiempo no se resuelven con libros de autoayuda ni con líderes mesiánicos que dicen tener la fórmula fácil de motivación y resolución anímica para que alguien, sintiendo que tiene la fuerza interior, resuelva problemas que no sólo tienen que ver con nuestra conciencia sino con el mundo exterior.

Los grandes líderes tienen la capacidad y la destreza para convencer a las masas de que lo irracional tiene algún grado de racionalidad. Adolfo Hitler logró persuadir a una de las naciones más poderosas de la tierra de la existencia de una raza superior y conducirlos hacia una de las guerras más atroces que ha sufrido la humanidad. Todavía en esta época hay quien siente admiración por ese personaje.

En el año de 1978, 918 estadounidenses murieron en un suicidio colectivo en lo que llamaron “suicidio revolucionario”, de los cuales 303 eran niños. Eran liderados por un pastor de la secta El Templo del Pueblo, Jim Jones, en un país de América del Sur, Guyana, quien logró convencerlos de esa atrocidad mediante argumentos religiosos.

Los miembros de la secta La Orden del Templo Solar, convencidos de que su muerte sería un escape a la “hipocresía y opresión del mundo”, serían llevados a Sirius, una estrella muy brillante que representaba para ellos la salvación de sus almas. Así, iniciaron una serie de suicidios en masa entre 1994 y 1997 que sumaron 74 muertes. Los miembros de esa secta habrían hecho donaciones a su líder Joseph di Mambro, por un millón de dólares.

Podríamos seguir enumerando casos en los que líderes con poder de convencimiento que persuaden a muchos con argumentos falaces sobre el advenimiento de un futuro mejor, y es tal la necesidad humana de encontrar un escape a nuestros problemas que muchas veces somos presa fácil de embaucadores y merolicos de una salvación prodigiosa. No hay tal.

Es cierto que existe una fuerza interior en cada uno de nosotros para intentar cambiar el mundo. Pero esta fuerza tan poderosa que remueve montañas si se hace necesario, no es otra que la fuerza de la voluntad, la razón y la solidaridad humana. No existen soluciones mágicas para los problemas de la humanidad. Desconfía de quien te ofrezca el sol y las estrellas a cambio de dinero.

Existen fenómenos extraños de explicar para la mente humana. Hay faquires en otro lado del mundo que toleran el dolor de la epidermis recostados sobre tablas con clavos; encantadores de serpientes; prestidigitadores e ilusionistas que nos hacen percibir que también existe un mundo paralelo de magia y encanto que nos debe motivar a ser más racionales y humanos.

Pero debemos aprender que en este mundo individualista de intereses, generalmente, cuando te ofrecen una salida fácil para resolver un problema difícil a cambio de dinero, hay algo oculto o extraño que nos debe llevar a la desconfianza. Ese viejo refrán que supo utilizar muy bien en su publicidad una empresa comercial, lo dice todo: “si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”. En esta vida no hay empresa fácil ni paraíso terrenal sin sacrificio y esfuerzo.

Si aprender a caminar sobre carbones ardientes sirviera en algo para cambiar al mundo yo estaría dispuesto a correr el riesgo. Pero me parece tan inútil y estúpido que sólo me mueve a la risa la justificación del seguidor del líder espiritual que dice que se quemó porque no atendió bien las recomendaciones de su dirigente.

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