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Hacer un paro

7 de septiembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

El idioma castellano, además de melodioso y bello, es rico en figuras retóricas cuyo significado, en muchas ocasiones va más allá de lo que quieren decir las propias palabras. Me explico: “un paro”, según la Real Academia de la Lengua, entre otras cosas quiere decir: acción y efecto de parar(cesar en el movimiento o en la acción); interrupción de actividades colectivas por iniciativa de algún grupo social o de una autoridad; huelga. Por lo tanto “hacer un paro” en nuestro medio, significa una acción política de toma de edificios de una institución para que suspendan sus actividades y de esa manera presionar a las autoridades para obligarlas a negociar tal o cual demanda.

Pero además, “hacer un paro” tiene para nosotros, los mexicanos, un significado muy particular que difícilmente entenderían hispanoparlantes de otros países. Cuando alguien le pide a un amigo que le “haga un paro”,no le está pidiendo que le suspenda sus actividades o que le tome su casa para ejercer alguna presión sobre sus padres, sino lo que quiere decirlesimplemente es que le haga un favor, “que le haga una balona”, otro mexicanismo del caló nacional que la mayoría entiende, pero que no ha llegado a incorporarse al castellano del diccionario de la lengua.

Bueno, pues resulta que el jueves pasado los jóvenes de las casas del estudiante agrupados en el Movimiento de Aspirantes y Rechazados MAR, decidieron “hacer un paro”, tomar las instalaciones de las diversas escuelas e instituciones de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo UMSNH, para presionar a las autoridades a que admitan a aproximadamente mil 500 rechazados que no pasaron el examen de capacidad, o algunos que incluso ni siquiera realizaron los trámites de admisión, pero que decidieron respaldarse en la fuerza de esas organizaciones de jóvenes que todo lo consiguen a base de presión y chantaje y no mediante el diálogo y la exigencia razonada, como debería de ser en una institución de educación superior.

Ante la actitud intransigente de los dirigentes de algunas de las casas del estudiante, las autoridades universitarias también decidieron endurecer su posición y determinaron suspender el apoyo económico para los albergues involucrados en “la toma”, no pagar las becas a los alumnos participantes y sancionarlos con diversas medidas que podrían llegar hasta la expulsión. Sin embargo, no sabemos si debido a la acción decidida del rector de divulgar un ultimátum con amenaza de expulsión en contra de estudiantes paristas, este domingo los jóvenes resolvieron dar marcha atrás y entregar las escuelas tomadas para seguir negociando la cantidad de espacios que las autoridades están dispuestas a conceder.

Ante este tipo de crisis, tan frecuentes en la principal institución educativa delestado de Michoacán, cabría preguntarse: ¿quién manda en la Universidad Michoacana? Todoorganismopúblicoo privado dentro del Estado mexicano cuenta con una estructura de organización jerárquica y un conjunto de normas que rigen su vida interna, las cuales están supeditadas a normas generales y a la Constitución General de la República. Es decir, para evitar el caos, vivimos en un sistema de leyes y de estructuras escalonadas en donde los roles de participación y mando están claramente señalados.

La Ley Orgánica de la UMSNH atribuye facultades y responsabilidades tanto al Rector como al Consejo Universitario (máxima autoridad de nuestra Casa de Estudios), para ordenar los aspectos fundamentales de la Universidad Nicolaita. Pero sucede que en la realidad existen otros actores políticos que por vía de los hechos se arrogan atribuciones que no les corresponden. ¿De dónde salió la facultad de los dirigentes de las casas del estudiante para decidir quiénes deben ingresar y mediante qué mecanismos a la Universidad? ¿Qué no deben ser unidades de carácter técnico de evaluación las que determinen la aptitud de quienes tendrán derecho a acceder a una escuela?

El principal argumento de quienes paralizan la vida universitaria para interceder en los asuntos propios de la autoridad, es que la Universidad Michoacana es una institución pública de carácter popular y que, como tal, debe dar cabida a los jóvenes del pueblo, quienes tienen todo el derecho, como cualquier otro ciudadano, de estudiar en sus aulas.

Este argumento resulta irrefutable, la Ley Orgánica de la Universidad establece el carácter eminentemente popular de la institución, por lo que se debe privilegiar el ingreso de los aspirantes más desfavorecidos de nuestra sociedad; pero sí éstos no cuentan con los requisitos de aptitud necesarios para continuar estudios superiores, la institución debe emitir un dictamen que resulte irrefutable, ya que existen otras instituciones públicas a las que los reprobados deben ser canalizados.

El asunto del rechazo a ocupar un espacio en la Universidad Michoacana no debe ser visto como un asunto de discriminación. Sería deseable que la Universidad pudiera acoger de manera automática a todo egresado de las escuelas secundarias y preparatorias del estado, pero hoy por hoy, en las actuales condiciones del país y con el raquítico presupuesto con que se cuenta, existe un límite lógico de espacios que deberán ocupar los más calificados.

Ojalá que los jóvenes del MAR nos hagan un paro y resuelvan junto a las autoridades este espinoso asunto de los paros.

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