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La dictadura perfecta

1 de diciembre, 2013

admin/La Voz de Michoacán

PUNTO NEURÁLGICO

Luis Sigfrido Gómez Campos

Dicen que Mario Vargas Llosa prácticamente tuvo que salir huyendo del país hace 23 años tras declarar que en nuestro país se vivía la dictadura perfecta. Una dictadura camuflada de tal modo, decía, que parece no ser una dictadura, pero que si se le rascaba tantito se podía advertir que realmente vivíamos en un régimen dictatorial, no de un hombre, sino de un solo partido que no permitía la alternancia. Sus declaraciones causaron gran revuelo y malestar del gobierno del Presidente Salinas de Gortari, pero no sé si realmente hubo algún intento persecutorio del que tuviera que sentirse acosado.

Entonces, Vargas Llosa no había obtenido el Premio Nobel de Literatura ni adquirido la nacionalidad española; pero ya había contendido a la Presidencia del Perú en la que fue derrotado por el entonces candidato popular Alberto Fujimori, hoy en la cárcel. No obstante ya era reconocido como prestigiado intelectual y uno de los grandes escritores latinoamericanos, considerado como un hombre de tendencia ideológica derechista.

Había dicho que la dictadura perfecta no era el comunismo, ni la Unión Soviética, ni Fidel Castro, sino México. Ya por aquellos días el Partido Revolucionario Institucional se había mantenido más de 60 años en el poder de manera ininterrumpida desde su fundación. Hecho insólito en la historia contemporánea tan cambiante y accidentada de nuestra querida Latinoamérica, donde los golpes de Estado y los gobiernos dictatoriales se reprodujeron de manera copiosa durante el siglo pasado. Nuestro país había sido la excepción, hasta esa demoledora declaración del intelectual peruano que a muchos hizo pensar que México no había escapado ala terrible maldición despótica de los gobiernos del cono sur.

Grosso modo, podemos decir que una dictadura se caracteriza por la concentración del poder en la figura de un solo individuo (dictador), que se consolida a través de un gobierno de facto sin existencia real de una división de poderes y una tendencia a gobernar de manera arbitraria en beneficio exclusivo de una minoría que lo apoya, sin posibilidades de que la oposición pueda llegar al poder, por ausencia de procedimientos democráticos institucionalizados.

A juicio del escritor peruano, nuestro país en el año de 1990, encajaba perfectamente en ese molde de las dictaduras; sólo que en lugar de ser un militar que se impusiera mediante un golpe de estado, había un presidencialismo de apariencia democrática, que en realidad no era sino una dictadura más.

Fuertes consideraciones las del intelectual peruano para un régimen político que se preciaba de ser ejemplo democrático para las repúblicasdel cono sur donde los “gorilatos” continuamente se disputaban el poder a través de las armas. Vargas Llosa había sido invitado por Octavio Paz a un debate de intelectuales que se transmitiría en vivo en un canal del consorcio Televisa denominado Encuentro Vuelta, El Siglo XX: La Experiencia de la Libertad. Durante la mañana de ese mismo día el escritor peruano se abstuvo, en una rueda de prensa, de emitir juicios sobre el sistema político mexicano argumentando que era por respeto al país que lo tenía de huésped; pero por la noche hizo a un lado el respeto a su anfitrióncon esa polémica declaración: México es una dictadura perfecta.

Era tal la incomodidad que provocó, que Octavio Paz se vio obligado a matizar argumentando que como escritor e intelectual prefería la precisión. Dijo que le parecía que en nuestro país no se vivía una dictadura, sino un sistema hegemónico de dominación de un solo partido en el que no habían gobernado los militares. Enrique Krauze, discípulo de Paz y moderador del debate, dijo que en México no había una dictadura, sino una “dictablanda”.

Han pasado 23 años desdeaquel famoso encuentro de intelectuales y Mario Vargas Llosa vuelve a la escena política mexicana habiendo obtenido el Premio Nobel de Literatura en el año 2010, y con una visión muy distinta de nuestro país. Dijo que la dictadura a la que se había referido hace más de dos décadas, no era perfecta, sino que era una dictadura imperfecta y que prueba de ello es que hoy no hay una dictadura en México. Agregó que no obstante que él no hubiera votado por el PRI, este partido no es el mismo de antes, que está funcionando dentro de la democracia. Habló ampliamente sobre América Latina y sus logros democráticos; pero lo que llamó fuertemente la atención fue su visión diametralmente distinta de nuestro país. ¿Qué fue lo que cambió en este período?

Lo que salta a la vista sólo es la transición política en la que tuvimos dos sexenios gobernados por el Partido Acción Nacional y la vuelta al poder del Partido Revolucionario Institucional desde hace un año. Obviamente en este tiempo ha habido ajustes legislativos y avances en nuestro sistema político todavía en proceso de transformación. Hay que esperar al término de las actuales reformas política y energética para ver cómo queda configurada nuestra democracia. Pero cabría preguntarnos si lo que cambió en este tiempo fue nuestro país o el pensamiento de Vargas Llosa. Seguramente esta es una visión “maniqueísta” de la realidad y todos hemos cambiado.

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