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La frivolidad contra la racionalidad

30 de mayo, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Luis Sigfrido Gómez Campos

La semana pasada se le ocurrió a Wendy González, así nomás de pura puntada, subir a las redes sociales un “meme” que alguien le había mandado en el que se presenta la imagen de Rigoberta Menchú, con retoque y sin retoque, para ejemplificar, según ella, todo lo que puede hacer la cibernética aplicada a mejorar la apariencia de las personas en las fotos que se suben a internet. Wendy agregó a las imágenes este comentario: “Cuando usas las APP de ‘belleza’ en tus fotos… pero todos sabemos la verdad”.

Como muchos sabemos Doña Rigoberta Menchú es una luchadora social guatemalteca, indígena, a la que otorgaron en 1992 el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a sus esfuerzos en pro de la justicia social y reconciliación etnocultural basado en el respeto a los derechos de los indígenas. Es conocido también su activismo político por la desmilitarización y la justicia social en su país, Guatemala, así como su lucha por el respeto a la naturaleza y la igualdad de los derechos de las mujeres.

Wendy González, como también seguramente muchos saben, es una afamada actriz “ojiverde” de televisa, de 30 años, que sale en la telenovela Antes muerta que Lichita, que tiene doble nacionalidad rumana y mexicana, con una amplísima trayectoria en la televisión que la ha proyectado a niveles insospechados de popularidad, participando en proyectos de gran envergadura como el doblaje de la voz de Kiara joven, en la película El rey león II: El reino de Simba; así como otro doblaje en la serie animada Las Chicas Superpoderosas, donde hace la voz de Mike Believe; pero sus mayores logros los ha tenido en la serie La Rosa de Guadalupe donde salió en un episodio haciendo el papel de Rosa y en las telenovelas Nunca te olvidaré y Siempre te amaré, producidas por Juan Osorio que alcanzaron un record de audiencia jamás logrado por otra telenovela en nuestro país el día de su presentación.

Pues bien, esa acción aparentemente inocente de Wendy fue tomada por muchos como un insulto y una falta de respeto a la diversidad y se suscitó un gran escándalo cibernético formando dos corrientes de opinión encontradas e irreconciliables: los racionales contra los frívolos. Los primeros se solidarizaron con la Premio Nobel y le exigieron una disculpa pública a la güera porque consideraron que la imagen y el eslogan son una falta de respeto que alienta la discriminación racial hacia los indígenas.

Ante la exigencia de la disculpa, la actriz manifestó en una entrevista que no se iba a disculpar ante lo que ella no consideraba una falta de respeto; que se trata de un malentendido, un tecnicismo de lo que circula en los medios. La base de su argumentación, aunque no muy explícita, fue la libertad de expresión. Dijo en su defensa: “Los que hacen los cartones de los periódicos ya no tendrían trabajo, las cosas chuscas también morirían”. Y se dejó ir directamente a la yugular de la Premio Nobel acusándola de incongruente porque navega con bandera blanca predicando la paz, pero vino a México a decirles a los padres de los estudiantes de Ayotzinapa que se queden calladitos, aduciendo que en realidad las intenciones de la activista son de carácter político y económico más que cualquier otra cosa.

Las páginas de las redes sociales se vieron inundadas de comentarios apoyando a un bando y a otro; la peor parte la llevaron sin lugar a dudas los partidarios de la actriz, quienes no cuentan con los argumentos ni la capacidad para refutar lo evidente: se trata de un caso típico de discriminación por motivos raciales.

Basta echar una miradita al perfil cibernético de la actriz para darse cuenta que anda navegando muy, pero muy por encimita en las aguas de la superficialidad, no hay cacumen pues. Simplemente es una lucecita más del canal de las estrellas que brilla en el firmamento de la nada y le atinó, como el burro que tocó la flauta, a aliarse con el señor de los reflectores para que le permitieran lucir su carita, la cual deja traslucir que bajo su peinada cabecita no hay nada que le permita defenderse de la saña de los cibernautas que no dejan pasar nada. Acusaron a la actriz de que era una güera operada de las bubis y “las pompis”, pero que se les había olvidado operarle el cerebro; subieron “memes” de la rubia en los que le colocan en lugar de cerebro, un plato de “frutilupis” y otras tantas cosas para ridiculizarla.

Además de evidenciar a la güera, este asunto ha servido para hacer quedar mal a nuestras instituciones; para hacernos ver que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, CONAPRED, con todo su engranaje teórico y jurídico para evitar que las minorías sean discriminadas, no sirve para nada; porque de aquí a que se esperan a que alguien inicie un trámite de queja e inician una investigación para ver si hubo o no discriminación, el asunto ya se olvidó y sólo servirá para, independientemente de lo que resuelva, hacer más popular a Wendy González, quien agradecerá a las instituciones que le vuelvan a echar nuevamente los reflectores para que el vulgo se fije en ella. Así están las cosas.

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