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La ignorancia de la historia

14 de septiembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“Don Miguel Hidalgo y Costilla era español y nos dio patria”, escribió en su página de twitter el vocalista de ‘La Arrolladora Banda El Limón’, Jorge Medina, en el mensaje dirigido a sus seguidores para invitarlos a acudir a escucharlo al Zócalo de la ciudad de México el día 15 de septiembre. De inmediato se convirtió en el bufón de los usuarios de las redes sociales los cuales no podían dejar pasar una pifia de ese tamaño en el mes de la patria. Sobre la marcha quiso corregir: “Jamás borraré un ‘Twit’, los errores son cruciales para aprender más”. Hasta ahí todo parecía marchar mejor, su disposición a asimilar la lección con el reconocimiento de su propio resbalón lo salvaba. Pero se hundió en la estupidez cuando volvió a insistir que siempre sí tenía razón, ya que –según él- el Padre de la Patria no nació en Guanajuato y que se consideraba español.

Este pobre joven no es el único cantante mexicano al que le gusta hacer ostentación de su ignorancia, durante los festejos del bicentenario de la patria, en una entrevista banquetera se le preguntó al cantante Cristian, hijo del Loco Valdez y Verónica Castro, a cuáles personajes de la historia admiraba y respondió balbuceando: “Bueno… yo admiro eh… la verdad al que más admiro es al gran Octavio Paz… eh y también a la gran eh… eh De la Cruz, esta chica… (se alcanza a escuchar que alguien se compadece de su ignorancia y le susurra el nombre de la poetisa mexicana, y entonces agrega con firmeza) Sor Juana Inés de la Cruz es la que más admiro de todas porque creo que como mujer fue la… pues fue mejor hasta que un hombre, así que ya quisiera… ya quisiéramos tener más mujeres como Sor Juana”.

Poco tiempo después el conductor de Televisa Joaquín López Dóriga quiso dar a Cristian la oportunidad de que se reivindicara y en entrevista preparada en su noticiario nocturno vuelve a formularle la pregunta sobre los personajes de la historia que más admira, el cantante contesta con suficiencia: ¿Personajes de la independencia o de la revolución?, el conductor le dice que de la revolución y Cristian se luce diciendo que admira a Emiliano Zapata. ¿Y de la independencia?, inquiere López Dóriga. “Benito Juárez”, responde con toda su inocencia a cuestas el “Gallito Feliz” ante las cámaras de televisión del canal de las estrellas, en proyección nacional y a todo color.

No todos los cantantes mexicanos son tan ignorantes como estos dos personajes de nuestra farandulera realidad mediática; ellos sólo son un ejemplo de las deficiencias que viene arrastrando nuestro sistema educativo nacional en cuanto a la enseñanza de la historia. Aunque los critiquemos y nos mueva a risa su ignorancia, la gran mayoría de los jóvenes que egresan de las instituciones públicas del nivel medio superior, salvo honrosas excepciones, ni siquiera han adquirido el gusto por la lectura, mucho menos encontrarán goce en el conocimiento de los acontecimientos de nuestro pasado.

Aunque esté demasiado sobado el refrán que dice: “Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores”. Nos puede servir como base para entender que sólo a través del conocimiento y análisis de nuestro pasado podemos encontrar una salida digna a nuestra compleja realidad social. Sí, la nación mexicana se construyó a base de actos heroicos de mujeres y hombres que se sacrificaron por legarnos un presente mejor, pero eso debe decirnos algo, debemos encontrar la conexión entre el sacrificio de nuestros héroes y el presente que heredamos. El festejo patriotero irracional no tiene sentido.

El conocimiento del pasado no debe quedar relegado al discurso grandilocuente de la tribuna de los festejos patrios, ni al homenaje floral del héroe de bronce que hay en la plaza pública. La historia de nuestra patria es algo más. En ella están las raíces de lo que somos y de lo que todavía no acabamos de construir; ahí están los yerros y los aciertos de lo que mal que bien tenemos. Del análisis objetivo y racional de esos hechos debemos extraer los ejemplos valiosos para normar la vida de las actuales y futuras generaciones.

A muchos, aunque no queramos, por una cuestión ideológica muy explicable, se nos eriza la piel cuando presenciamos la ceremonia del grito en la plaza pública de nuestro pueblo, en la capital del estado o del país y vemos a los representantes populares, cualquiera que sea su signo partidario, hondear la bandera y gritar vivas a los héroes que nos dieron patria; otros, más racionales y fríos, sólo dan rienda suelta a su emoción si el que dirige el protocolo es afín a su ideología. También hay quien no festeja este tipo de ceremonias porque considera que no debería haber fronteras y que todo sentimiento nacionalista es dañino. En un sistema democrático toda expresión cuenta.

Qué lástima que el gusto popular esté tan deteriorado y que el gobierno del Distrito Federal no haya encontrado algo más representativo para expresar el sentimiento nacional que la ‘La Arrolladora Banda El Limón’, cuyo cantante es un pobre muchacho ignorante que si pasó por la primaria, sólo pasó por afuerita.

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