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La insensatez del caos

9 de enero, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

PUNTO NEURÁLGICO

Luis Sigfrido Gómez Campos

Es fácil comprender el sentimiento de irritación social que generó la medida de incrementar los precios de la gasolina. La decisión ha preocupado a todos los sectores de la sociedad y una parte importante se ha volcado a las calles a protestar, en tanto que otros grupos han aprovechado la irritación social para participar en el saqueo de comercios y vandalismo que contribuye a crear un clima de incertidumbre en el inicio de este difícil año 2017.

En las redes sociales fluye la información de manera vertiginosa transmitiendo mensajes y videos que generan miedo porque se observa una población desbocada que lo mismo toma una caseta de cuota en una carretera, que apedrea una vidriera y se roba algún objeto electrodoméstico, o se enfrenta con la policía o el ejercito que intenta “poner orden”.

Es el caos absoluto. Toda la gente que generalmente había permanecido apática en asuntos de la política, hoy le ha surgido un sentimiento cívico de reivindicación social y reclama al Presidente de la República la decisión de recargar en los sectores sociales más vulnerables el costo del descalabro económico que está padeciendo el país. Casi nadie encuentra justificación para quienes optamos por no salir a las calles a protestar. Si no participas, entras en el campo de la sospecha de ser un pequeño burgués insensible que justifica la corrupción y el abuso del poder, partidario del neoliberalismo y cómplice de un sistema ineficiente que no ha sabido administrar correctamente los recursos de la nación.

Sin embargo existe un sector de la sociedad que está alarmado y ve con temor el desorden social que se está generando porque pone en peligro directamente sus intereses. No sólo son los dueños de los grandes consorcios comerciales o de las cadenas de las tiendas de conveniencia. Se observan en algunos videos difundidos en las redes sociales a pequeños comerciantes que bajan sus cortinas, temerosos de sufrir el saqueo de sus negocios.

No desestimando el grado de responsabilidad del gobierno federal en la generación de esta situación, me pregunto si en estos momentos la vía de participación política es salir a las calles y alentar este ambiente que amenaza con desbordarse y conducirnos a una situación de inestabilidad social que mañana pudiéramos lamentar. Existe la opinión prevaleciente de que ésta es la oportunidad de revertir esa medida política económica, porque la participación social es inédita y debe aprovecharse para realizar una verdadera transformación que beneficie a todos.

Coincido con la participación política decidida para hacer uso de los derechos humanos a la protesta y a la libre manifestación de las ideas. Lo que me parece peligroso es que encontremos justificación a la rapiña y a la violencia, al amparo de la protesta social que no debería tener más límites que el respeto a los derechos de tercero.

A río revuelto ganancia de pescadores. A los viejos y conocidos líderes que tradicionalmente han combatido al sistema, se han sumado un sinnúmero de paladines de la justicia a través de las redes sociales que manifiestan tener la solución a los graves problemas del país. Es posible quede ahí surja el verdadero líder con el arrastre unificador que salve a la patria. Sin embargo, hoy aparecen en las redes sociales bajo el velo de la sospecha pues nunca se les había visto arengar a las masas con tan sobrado desinterés y tanta enjundia. De cualquier modo, de todos los caminos éste es el menos peligroso para quienes seguimos creyendo en la democracia como el mejor camino para resolver los problemas de un país en crisis.

No obstante que la pasión política pudiera llevarnos a considerar las acciones de fuerza como justificadas, no hay nada más insensato, pues esta ruta sólo retrasa la posibilidad de acceso a mejores condiciones de existencia de los sectores más vulnerables. Sin embargo en las pancartas y consignas de las marchas realizadas durante este fin de semana, sugieren la radicalización de los movimientos sociales para tratar de revertir la medida federal de incremento a la gasolina.

¿Sería posible que la presión social pudiera hacer reconsiderar al Gobierno Federal respecto de la implementación de esta medida? Tal vez sí. Si bien es cierto que debido a la baja en los precios internacionales del crudo; la caída del peso por la llegada de Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos; la fuga de capitales; la recesión económica, cabría que el Congreso Federal tomara alguna medida extraordinaria para reordenar el gasto público, apretándonos el cinturón y sacrificándonos todos, comenzando por los partidos políticos y las instituciones que realizan actividades no prioritarias. Sería difícil pero no imposible y se destrabaría esta situación de caos antes de que genere más daño.

Pero una acción política de esta envergadura requeriría del esfuerzo de todos, dejando a un lado mezquindades y oportunismos personales; la urgente intervención de los líderes de todos los partidos políticos en la búsqueda de una solución concertada y la confianza del pueblo en sus partidos y las instituciones democráticas. Sé que es difícil, pero se hace necesario.

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