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La mano que mece la cuna

8 de agosto, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Luis Sigfrido Gómez Campos

La actitud intransigente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación CNTE, ha llegado a exasperar a algunos sectores de la sociedad que han visto amenazados sus intereses por los paros, manifestaciones, marchas, mítines, tomas de carreteras, de vías de ferrocarril, vehículos de autotransporte federal y de compañías privadas que constituyen en muchos casos un rompimiento con el orden jurídico establecido. La justificación de los maestros es que sólo están haciendo uso de sus derechos otorgados por la Constitución General de la República.

La verdad es que el gobierno federal asestó un golpe crucial al gremio magisterial con la llamada Reforma Educativa implementada con el apoyo de los grupos parlamentarios más representativos del Congreso de la Unión.

Formalmente el gobierno cumplió con todos y cada uno de los mecanismos estipulados en la ley para modificarla, lo único que no tomó en cuenta fue el factor político; es decir, someter a consenso de todos los interesados la aprobación de esa ley. Repito, formalmente estuvo bien, incluso supo negociar al más alto nivel con las fuerzas más representativas de la nación, pero faltó tacto para medir la respuesta del gremio magisterial más radical, sus organizaciones adyacentes y los grupos políticos interesados en cambiar el sistema socioeconómico de raíz.

Y aquí estamos, entrampados en un berenjenal absurdo de posiciones contrapuestas aparentemente irreconciliables en donde nadie quiere ceder un ápice a sus posiciones, porque políticamente significaría un fracaso.

Los maestros de la Coordinadora no quieren otra cosa que la abrogación de la Reforma Educativa, lo que significa doblegar al gobierno federal en uno de los proyectos más ambiciosos. Para lograrlo, a los profesores no les ha importado colocarse al margen de la ley. Su empecinamiento ha llegado a crear sospechas, en voz de algunos “comunicólogos”, de que grupos políticos interesados en la sucesión presidencial de 2018, son la mano que mueve la cuna en este conflicto.

Todo es posible. Los intereses políticos en un período de sucesión presidencial son tan fuertes que cualquier especulación resulta ingenua respecto al los verdaderos resortes que mueven la política en asuntos del poder.

Los empresarios oaxaqueños y otras entidades de la república exigen impacientes al gobierno que actúe con mano dura porque consideran que no ha hecho lo suficiente para garantizar un estado de derecho que propicie las condiciones para un desarrollo ágil de la economía. Sin embargo, voces más sensatas del mismo sector recomiendan mesura y búsqueda de alternativas a las mentes más lúcidas del país para que aporten ideas y soluciones inmediatas a este conflicto que día a día amenaza con desbordarse.

A nadie conviene la radicalización del conflicto magisterial, salvo quizá a quienes tras bambalinas atizan la hoguera para llevar agua a su molino sin medir las consecuencias y daños que se causan a la nación.

“Ante la adversidad, no nos dejemos abatir, todos somos pueblo”, dice el empresario Harp Helú, tratando de llamar a la cordura a todos los sectores del país en la solución de este conflicto educativo. Sí, requerimos que voces sensatas llamen a la cordura, pero donde sí exageró míster Helú es en considerar que “todos somos pueblo”. A él se le atribuye una fortuna de poco más o menos mil 500 millones de dólares, mientras que millones de compatriotas carecen del mínimo indispensable para subsistir. Cabría acotar que sí, todos somos pueblo, pero algunos somos más pueblo que otros.

Sin embargo, la opinión del millonario Oaxaqueño intenta ser un llamado a la sensatez y un pedimento a sus pares empresarios para que dejen de amenazar al gobierno federal con presentar sus declaraciones de impuestos en ceros y suspendan inversiones por 50 mil millones de pesos en entidades del sur del país, donde las movilizaciones magisteriales tienen más impacto.

El conflicto magisterial ha hecho más visibles las diferencias socioculturales, étnicas, lingüísticas y económicas de las regiones del país. No somos una nación homogénea sin contradicciones, sino que vivimos en una sociedad de una rica diversidad que enfrenta sus retos muy particulares a cada momento de su historia. Se requiere de un esfuerzo por parte de la clase empresarial mexicana para que entiendan que gran parte de la riqueza que han obtenido, es gracias a esta sociedad plural en la que los menos favorecidos han sido los indígenas de las entidades del sur.

En todo caso, lo urgente sería que se lograra desenmascarar a quién o quiénes ocultos bajo las sombras de la impunidad son la mano que mece la cuna del conflicto magisterial. Son ellos, y no los pueblos de los territorios del sur castigados por la pobreza, quienes deberían pagar cara la afrenta de mantener en un estado de zozobra a toda la sociedad mexicana que aspira a vivir en paz. Todos los esfuerzos de los sectores de la inteligencia nacional deberían estar enfocados a desenmascarar a esas mentes perversas.

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