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La relatividad y la Universidad

3 de octubre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Luis Sigfrido Gómez Campos

 

 

Los gringos suelen decir “time flies when you’re having fun”, lo que quiere decir algo así como “el tiempo vuela cuando te la estás pasando muy bien”. Es una frase que no solemos utilizar los mexicanos pero que tiene gran parte de verdad. Los momentos de felicidad suelen pasar rápidamente, mientras que los de tristeza, amargura y sufrimiento transcurren de manera lenta. Así suele ser la vida.

Y no es que el tiempo transcurra de manera diferente para cada ser humano, es nuestra percepción subjetiva lo que nos hace que cada cual mida de manera distinta el paso de las horas y los días. A una señorita en sus 15 años, con su vestido de ensueño, su limusina rentada, sus engalanados chambelanes y su vals entre nubes de artificio, las horas se le pasarán como minutos, y los minutos como segundos. Pero el otro jovencito que se encuentra en la misma fiesta trabajando como mesero, desvelado por la noche anterior, preocupado por la enfermedad de su madre y sufriendo porque la novia lo dejó por pobre, los minutos se le vuelven eternos. Por eso también suele decirse que “cada quien habla de la feria según le va en ella”, para referir que de un mismo acontecimiento pueden narrarse dos o más versiones de la misma historia.

Lo anterior puede llevarnos a la inevitable conclusión de que “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, porque todo es según el color del cristal con que se mira”, lo que quiere decir que cada quien posee de su propia verdad y que es muy difícil que nos podamos poner de acuerdo en cuanto a la interpretación de lo que ocurre en el mundo exterior porque cada cual observa un sólo ángulo del fenómeno o tiene su propia versión de lo acontecido.

Esta conclusión de que cada quien posee su propia verdad es válida para poner fin a las discusiones bizantinas de cantina; pero en las universidades, donde se acude para buscar una explicación científica a los diversos problemas de la realidad, de la vida y del universo, debemos evitar llegar a conclusiones relativistas de que cada persona o grupo tiene su propia de verdad y, por lo tanto, no podemos darle una solución a conflictos como el que tiene paralizada a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Es en las universidades donde se concentra la inteligencia, el saber y la ciencia; el espacio donde se debaten racionalmente los problemas nacionales y se busca conectar el conocimiento con la realidad para aportar soluciones que beneficien a todos. Luego entonces ¿por qué no pueden resolver un conflicto que necesita de la inteligencia, la tolerancia, el saber y el sentido social y humano de quienes dirigen nuestra máxima casa de estudios?

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, a diferencia de las universidades privadas, no es un negocio, es una institución de servicio público con una larga tradición popular, lo que quiere decir que se instituyó para acoger en su seno a los hijos de trabajadores y campesinos humildes que han cumplido con los requisitos de haber aprobado los grados inferiores en instituciones de carácter público, mayoritariamente.

Realizar evaluaciones de admisión basada en criterios de un organismo ajeno a nuestra casa de estudios como el Centro Nacional para la Educación Superior A. C., CENEVAL, es violatorio de la autonomía universitaria porque dentro de los documentos básicos de la propia Universidad Michoacana se establecen criterios de independencia para determinar por sí sola los términos y condiciones de ingreso, por lo que darle intervención a otro organismo que duplique funciones propias de sus órganos, resulta del todo ilegal e injusto para los aspirantes, la mayoría de los cuales son indígenas de condición humilde.

Los criterios del CENEVAL pudieran resultar válidos para las universidades privadas, las cuales buscan la excelencia en términos de competitividad productiva de carácter individualista, pero en nada contribuyen en la formación de hombres y mujeres con sentido de compromiso con la sociedad de la que forman parte.

Por otra parte, la exigencia de quienes están inscritos y quieren regresar a las aulas de la universidad a recibir cátedra, también es válida. Las autoridades universitarias deben hacer lo posible por solucionar este conflicto que parece interminable, pero en la solución deben tener en cuenta a los jóvenes que provienen de los estratos más desprotegidos de la población, quienes también tienen derecho a realizar estudios universitarios.

Pareciera que en la solución de este conflicto que vive la Universidad Michoacana nos lavamos las manos como Pilatos, porque a fin de cuentas consideramos que cada quien tiene su parte de razón. En gran medida eso es cierto; pero lo malo de todo esto, es que en este conflicto universitario ambos grupos están enfrentados como si se tratara de estudiantes con intereses contrapuestos e irreconciliables, lo cual no es cierto.

Los estudiantes que ya obtuvieron su ingreso a la Universidad Michoacana deberían ser más generosos con los jóvenes que aspiran a ser sus compañeros y exigir a las autoridades que gestionen ante quieren corresponda el aumento de presupuesto necesario para ampliar la matrícula en las escuelas donde sea posible para, de esta manera, llegar a celebrar acuerdos en los que cada cual no se sienta poseedor de la verdad, sino donde la verdad sea única y compartida.

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