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La violencia como solución de conflictos

23 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

La noche del 30 de octubre pasado “un grupo subversivo indeterminado” puso artefactos explosivos en cuatro autobuses articulados de la línea 2 del Mexibús en la ciudad de México causando daños materiales, pero afortunadamente sin consecuencias de lesiones o pérdida de vidas humanas. Posteriormente un grupo que dijo llamarse La Secta Pagana de la Montaña se adjudicó los hechos, argumentando: “El ataque coordinado entre varios grupos que se posicionan en contra de la civilización, con explosivos, que hemos ejecutado por la noche del 30 de octubre en nueve carros del Mexibús, fue una muestra de nuestro rechazo y repudio en contra del frenético avance del desarrollo moderno”.

Después de tres semanas de ocurridos los hechos, algunos ciudadanos todavía no salimos de nuestro azoro; como que nos cuesta trabajo entender que exista un grupo de personas que han decidido organizarse para luchar violentamente contra el avance de la civilización. Agregaron en su comunicado: “¡Fuego y explosivos contra la civilización!”

Este grupo subversivo, calificado como de línea anarquista manifiesta su desacuerdo por la destrucción de la naturaleza. Dicen: “Las ciudades crecen exponencialmente devorando las montañas y las zonas salvajes, la mancha urbana cubre preocupantemente los territorios del coyote, del venado, de los halcones, usurpando su habitad (sic), orillándolos a una vida en cautiverio y reduciendo la vida silvestre a miserables reservas “naturales ecológicas”, la consecuencia de que toda esta forzada extinción y devastación somos nosotros, y nuestros actos en defensa de todo lo Salvaje”. Alguien comentó con burla: por qué mejor no se meten al Partido Verde.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, surgió en Inglaterra, un movimiento subversivo que se manifestaba violentamente contra el avance de la civilización porque se estaba creando nueva maquinaria que desplazaba el trabajo de los obreros. Si la máquina sustituía a los obreros, había que destruirla porque, a fin de cuentas, era la responsable de la miseria del trabajador. A estas acciones de destrucción de máquinas se le llamó ludismo, en alusión a un joven obrero llamado Ned Ludd, que supuestamente rompió dos telares en 1779, y cuyo nombre pasó a ser emblemático para los destructores de máquinas.

Lo curioso es que los ludistas responsabilizaban a las máquinas y no al sistema socioeconómico o a los patrones que realizaban los despidos. Hoy en pleno siglo XXI, cuesta trabajo entender la lucha violenta emprendida contra las máquinas, según eso, símbolo del “frenético avance del desarrollo moderno”.

Cuesta menos trabajo destruir que construir. El acto impulsivo de un sujeto neurótico es destruir. “Es que no me puedo controlar”, dice para justificar su reacción violenta cuando ya dejó todos los platos rotos. Si todos reaccionáramos violentamente contra los objetos que tenemos enfrente porque no podemos controlar nuestros impulsos o nuestro enojo, el mundo sería un caos. El hombre es un ser racional y deber aprender a controlar sus pulsiones.

Esto sucede con los actos meramente individuales, pero el problema se complica cuando algún loco con iniciativa logra convencer a otros más estúpidos para realizar acciones de destrucción masiva pensando que eso podría constituir un aporte para la solución de los problemas de la humanidad.

Edificar, construir, emprender una acción de utilidad para la humanidad, es trabajo de generaciones enteras de mujeres y hombres que empeñan su vida en la búsqueda de mejores alternativas para las futuras generaciones. Sin embargo, lamentablemente también existen depredadores que desvirtúan las intenciones y logros de los primeros. De todo hay en la viña del señor. La disyuntiva individual está en la elección de formar parte de los edificadores o los destructores.

Aunque parece frase del filósofo de Güemes: cualquier acción que se realiza con el uso de la violencia no es edificante. Tanto los atentados de París como los bombardeos a los territorios de los yihadistas se inscriben en el contexto de los destructores; toda protesta social en la que se realicen robos, vandalismo, y daño de edificios públicos, aunque la causa de la protesta sea justa, también se inscribe en el terreno de los destructores; los depredadores de los bosques y recursos naturales que no realizan acciones de reforestación y restablecimiento de las recursos naturales, forman parte de estos grupos nocivos. Cualquiera de estas acciones son reprobables, pero la alternativa correcta para combatir sus equivocadas acciones, no es la vía violenta.

La Secta Pagana de la Montaña. Si no fuera por los daños materiales causados a los vehículos, las fotos de los explosivos, el comunicado por internet reivindicando los hechos, parecería una broma de mal gusto. Lo grave de este asunto es que si revisamos la cantidad de artefactos explosivos caseros que diversos grupos han colocado en los últimos años en lugares públicos, nos llenaríamos de espanto.

El hecho más lamentable y doloroso de este tipo para Michoacán, lo constituye sin duda el atentado ocurrido la noche del 15 de septiembre de 2008, cuando un grupo de personas de los que destruyen, quién sabe con qué fin, aterrorizó a los morelianos matando a ocho ciudadanos y lesionando a más de 100.

luissigfrido@hotmail.com

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