IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 18 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.73

21.85

La violencia, el racismo y la estupidez humana

14 de marzo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La mayoría de la gente piensa que la utilización de la guillotina en Francia para ejecutar personas fue cosa del pasado, del siglo XVIII por lo menos. Sin embargo, recientemente cayó en mis manos un artículo en el que se afirmaba que “Francia todavía ejecutaba a personas con la guillotina cuando se estrenó La Guerra de las Galaxias. La premier de la película fue en mayo de 1977, la última ejecución con guillotina fue el 10 de septiembre del mismo año”.

No obstante que no me considero un neófito en conocimientos de Historia Universal, pensé que se trataba de un dato erróneo, creí que la época de salvajismo de cortar cabezas con ese instrumento horrendo en ese país había quedado en la “época de los luises”, pero resulta que estaba equivocado. Un inmigrante de origen tunecino llamado Hamida Djandoubi, fue condenado a morir guillotinado por la tortura y asesinato de su ex novia Elizabeth Bousquet, en la Prisión de Baumettes de Marsella, en la fecha anteriormente referida. La pena de muerte fue abolida en Francia en 1981, siendo Presidente de la República François Mitterrand.

Tenía la falsa creencia de que en los “países más civilizados” acabaron con esas prácticas inhumanas hace ya mucho tiempo y que si la sangre que corrió a raudales con la guillotina fue sólo una necesidad de la pasión revolucionaria de finales del siglo XVIII.

Algo parecido pasa con la historia de los Estados Unidos de Norteamérica. Apenas hace sólo unas cuantas décadas en el vecino país del norte se prohibía abierta y descaradamente a las personas de tez obscura y a otras minorías raciales convivir en los mismos espacios que los blancos. Se trataba de una forma de discriminación de hecho y de derecho. Fue hasta la década de los sesentas que las grandes movilizaciones sociales fueron creando las condiciones para que ese sistema legal fuera abolido y se aprobaran las leyes de los derechos civiles y el derecho al voto de las minorías. Esto fue apenas hace unas cuantas décadas, y los habitantes de esa nación se dicen orgullosamente el país más civilizado de la tierra.

Ese sistema legal discriminatorio fue modificado a fin de cuenta, pero con ello no acabó la violencia en contra de las minorías étnicas. El extraordinario avance tecnológico, el uso del vídeo en la telefonía celular y la comunicación en las redes sociales han permitido que se difundan a nivel planetario el uso y abuso de la violencia por parte elementos de la policía de algunos estados de la Unión Americana contra ciudadanos indefensos por el simple hecho de no ser anglosajones. Hay quien asegura que estoy equivocado, que esos policías arremeten con la misma violencia a los ciudadanos blancos que no se someten voluntariamente a sus normas. No estoy de acuerdo, una gran parte de la sociedad norteamericana es racista, fundamentalmente los sureños que viven cerca de nuestra frontera que han llegado al extremo de organizarse para cazar indocumentados. A esas personas no puede dárseles otros calificativos que los de racistas, fascistas e ignorantes.

Para quien penaba que la discriminación y la violencia norteamericana era sólo problema de unos cuantos gringos ignorantes y despistados, ha llegado el señor Donald Trump a demostrar que el odio hacia los inmigrantes latinos y particularmente hacia los mexicanos es de millones de personas que sienten simpatía por ese multimillonario ignorante que nos ha declarando la guerra aún antes de llegar a ocupar la silla presidencial.

Lamentablemente nuestros paisanos que viven de aquel lado de la frontera no se han destacado, salvo en contadas ocasiones, por su activismo político y participación decidida a la hora de acudir a manifestar su voluntad política mediante el sufragio. Todos sabemos que son millones de ciudadanos que si se deciden pueden convertirse en el voto decisivo para elegir a quién deba gobernar en aquella nación. Quiera Dios que despierte la conciencia latina y obstaculicen la llegada de ese güero fascista que pondría en riesgo la paz del mundo con su odio hacia los mexicanos.

En nuestro país solemos hablar de discriminación racial y de violencia como si sólo se tratara de un problema en otras latitudes, pero lamentablemente somos un pueblo extremadamente racista; aunque nuestro sistema jurídico haga alusión a la igualdad, los derechos humanos y la no discriminación, en los hechos la población indígena ha ocupado durante casi 500 años el nivel más bajo de la escala social. En las regiones donde viven  jamás han llegado los beneficios de la civilización; han sido despojados de sus tierras y de sus bosques y realizan los trabajos más pesados y peor remunerados.

No hemos podido erradicar la violencia generada por la delincuencia organizada que se aprovecha de la necesidad de los más humildes para reclutarlos en sus filas y convertirlos en “carne de cañón” y víctimas de esta pesadilla absurda.

El uso de la guillotina, la pena de muerte, todo tipo de discriminación y violencia debe ser erradicada para dar paso a otras formas más humanas y menos estúpidas de convivencia.

[email protected]

____________________

Comparte la nota

Publica un comentario