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Libertad individual o simple pachequismo

16 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“Sí cómo no, don Richard le quemaba las patas al diablo”. Comentan entre risas varios amigos mientras observan una fotografía de cuando era joven el licenciado Ricardo Coldwell, un prestigiado abogado que niega enfáticamente haber consumido mariguana en sus tiempos de juventud. “Yo nunca me drogué”, dice enfáticamente, “yo vine a estudiar a esta ciudad”. La simple apariencia de don Ricardo es signo inequívoco, a juicio de los presentes, de que fue consumidor: el pelo largo, la camisa floreada y las gafas a la John Lennon, lo delatan. Su gusto musical acaba por confirmar las sospechas: Rolling Stones, The Beatles, Pink Floyd. “Sí, pa qué lo niega don Richard, confiese, usted la quemaba las patas al diablo”.

Ese es el gran prejuicio de mi generación, de mis mayores y de gran parte de la sociedad actual: la hayan probado o no, pocos confiesan haber fumado “la hierba”, es causa de desprestigio. La decencia no se lleva con la mariguana. Si alguien pretende, en ciertos círculos de la vida social, presentarse como una persona honorable, no puede admitir que en su juventud fumó cannabis. Tiene que mentir para “conservar su reputación”. Vivimos enel mundo de las simulaciones donde existe necesidad de engañar para subsistir, porque si se sabe que simplemente probaste “la maldita hierba”, la sociedad no dejará de señalar: “no sé por qué dicen que ese es un gran abogado, porque cuando yo lo conocí, no era más que un simple mariguano”.

El otorgamiento de un amparo a cuatro personas para que consumieran mariguana si así les place, abrió el debate nacional sobre la legalización del uso recreativo de este enervante. La polémica podemos encuadrarla fundamentalmente en dos frentes: los prohibicionistas, que coinciden más o menos con la regulación jurídica actual que permite que las autoridades repriman a quienes trafiquen con dicha sustancia y, por otra parte, los antiprohibicionistas, que promueven la regulación de su consumo con fines medicinales o meramente recreativos.

En el primer frente se ubica el ala conservadora de la sociedad que encuentra razones médicas, ético-morales, religiosas, humanas, filosóficas y de salud y seguridad pública, para oponerse a una eventual regulación del uso de este enervante. Para este sector de la sociedad, el uso de la mariguana no es más que simple “pachequismo”, una tendencia aberrante del ser humano que crea adicción y que abre el camino hacia el uso de drogas más fuertes, así como a la comisión de hechos asociados con la delincuencia. Por lo tanto, está plenamente justificado que la autoridad actúe castigando a quien opere en su producción, venta o consumo. Cero tolerancia con el uso de esa sustancia que corrompe y degrada al ser humano.

Este grupo creyó que la solución era enfrentar el problema con la persecución policiaca de los productores y distribuidores, confiando en el eterno juego del gato y el ratón que dejaba buenos dividendos. Sin embargo la derrama económica que propiciaba el cultivo, transporte y venta que se hacía rumbo al vecino país del norte, a la postre resultó muy dañina para el desarrollo social y cultural de nuestro pueblo. Hemos tenido que pagar con creces el grave deterioro del tejido social, que tardará seguramente años en restablecerse.

Una verdadera solución al grave problema de la inseguridad en México deberá afrontarse más allá de visiones autoritarias y prejuicios personales. Se requiere encontrar de manera emergente una salida diferente a la violenta, pues resulta evidente que nos equivocamos con esta guerra frontal contra el narcotráfico.

Miles de campesinos pobres, que ante la falta de recursos se vieron cooptados por el narcotráfico que les ofreció dinero para sembrar la hierba, se encuentran compurgando largas condenas en el sistema penitenciario mexicano. Ellos están pagando por otros que, sin riesgo, se han aprovechado de la necesidad y la miseria de nuestra gente del campo.

En el sector de los antiprohibicionistas encontramos algunas mentes lúcidas que alcanzan a vislumbrar que gran parte de la raíz de la violencia generada por el narcotráfico está en la prohibición. Si les quitamos el monopolio de la producción de la mariguana a los narcotraficantes resolvemos parte del problema. No la simplificación burda de la propuesta de Fox, que lo ve como simple problema de mercadotecnia con ganancias y todo, sino como un problema más complejo que comprende tanto su uso médico terapéutico, el consumo recreativo como parte de la libertad y los derechos humanos de quienes, responsablemente, decidan hacer uso de esa libertad.

En primera instancia, el otorgamiento del amparo a los cuatro promoventes, sólo beneficia a ellos; pero se ha abierto la discusión para que médicos, psiquiatras, psicólogos, curas, filósofos, abogados, líderes de los partidos políticos y demás asociaciones interesadas en el tema, discutan ampliamente la conveniencia o no, de regular jurídicamente el uso de la mariguana con fines médicos y recreativos.

A fin de cuentas el problema de don Richard de si fumó o no hierba, es un problema menor de prejuicios personales y sociales. No todo el que fue joven a fines de los sesentas y principios de los setentas, que usó el pelo largo, camisas floreadas, lentes a la John Lennon, y que le gustaba el Rock and Roll, fumaba mariguana.

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