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Los patos a las escopetas

10 de agosto, 2015

admin/La Voz de Michoacán

¿De cuando acá los patos les tiran a las escopetas? El líder comunitario Hipólito Mora juega con fuego cuando le pone un ultimátum al gobierno para que detenga a los delincuentes e infiltrados en la Fuerza Rural, grupo que se creó para dar legitimidad a los autodefensas que se crearon en diversas regiones de la tierra caliente michoacana para combatir a los criminales. El problema es grave porque Hipólito acusa directamente a la facción de Luis Antonio Torres, mejor conocido como El Americano, que tiene su propio grupo de autodefensas, de ser parte de los malos, mientras que éste a su vez culpa y combate a Hipólito Mora, exactamente por lo mismo.

Todos los michoacanos sabemos de la fama de los hombres de tierra caliente respecto a su arrojo para entrarle a esos asuntos de las armas, no se arredran y exhiben cierto descaro en su gusto por la violencia.

Pero cuando proliferan los grupos, cuando estos no se ponen de acuerdo y reina el descontrol en cuanto a la portación de las armas de grueso calibre, la población queda inerme y en riesgo permanente.

El gobierno de la república y del estado no pueden avalar a un grupo y descalificar a otro sin realizar las debidas indagatorias otorgando las garantías constitucionales a cada individuo que se pretenda sentar al banquillo de los acusados; el gobierno no debe realizar acusaciones a la ligera o auspiciar la violencia dando la razón a uno y sancionado a otro a priori. Pero sí tiene el derecho y la obligación de intervenir cuantas veces sea necesario en todas las regiones del estado de Michoacán y del país e imponer su potestad sobre todos los grupos armados llámense como se llamen: comunitarios, fuerzas rurales, policía, ejército o criminales. Ningún grupo debe estar por encima de la ley.

Si bien se debe reconocer la importante labor que tuvieron los grupos armados de autodefensa en el combate a los grupos criminales, también debe advertirse que éstos fueron aprovechados por un número indeterminado de “arrepentidos” que se incorporaron a sus filas para expiar sus culpas e intentar evitar ser sancionados.

Por lo tanto, las autoridades instituidas deben realizar todas las revisiones y evaluaciones de confianza que sean necesarias, al personal que pertenezca a sus corporaciones y a la Fuerza Rural, sin que nadie se sienta sorprendido, máxime cuando es difícil que podamos hablar de alguna agrupación de seguridad que no haya sido infiltrada o sometida en el pasado reciente a los intereses de los grupos criminales.

El jueves pasado se creó cierta tensión en la población de La Ruana porque la policía destruyó las barricadas que Hipólito Mora había instalado afuera de su casa como medida de control para evitar un posible ataque de las fuerzas armadas del Americano. Luego de esta medida de la autoridad fue que Hipólito, puso un “ultimátum” al gobierno. Dijo que quienes forman parte de las autodefensas retomarán las armas en varios municipios de la entidad porque las cosas están igual o peor que antes.

Al mismo tiempo que amenaza y pone barricadas, Hipólito se declara listo para encabezar la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública en el próximo gobierno de Silvano Aureoles, pues advierte que el problema es la corrupción en los sistemas policiacos y en el gobierno y por lo tanto, se colige, él puede acabar con esos vicios.

El polémico líder, miembro fundador de las autodefensas en La Ruana, su tierra, aspiró en las pasadas elecciones a convertirse en diputado federal por el partido Movimiento Ciudadano, se decía que podía llegar a encabezar la Comisión de Seguridad Pública en San Lázaro, pero sus aspiraciones quedaron frustradas por los electores que no otorgaron la cantidad de votos necesarios al partido de Dante Delgado para que llegara este líder a ocupar una curul.

Resulta incuestionable la aspiración de cualquier ciudadano a ser electo a un puesto de elección popular o a desempeñar algún cargo público para el que se tenga la capacidad o los atributos que la ley exige para tal responsabilidad. Lo que resulta contradictorio es que por un lado te pongas al límite de lo permitido por la ley poniendo un ultimátum al gobierno para que se realice tal o cual exigencia, amenazando con realizar ciertas acciones en caso de incumplimiento y por la otra aspires a un cargo público. ¿No cabría más bien un ultimátum en sentido contrario? Es decir, ¿que se advirtiera a Hipólito, al Americano y a cualquier otro individuo o grupo que pretendiera realizar acciones de violencia que el gobierno no tolerará acciones fuera de la ley?

Es cierto que debemos exigir al gobierno que nos brinde seguridad y que establezca programas que van más allá del simple combate frontal a los criminales; es decir, que se implementen programas de asistencia social, empleo, educación, recreación, arte y deporte para los jóvenes de las áreas marginadas de Michoacán, para que puedan elegir la alternativa de desarrollo individual que más les agrade y no tengan como única opción el camino de la violencia.

Eso sí sería exigible al gobierno y estas acciones son de carácter cívico, de las permitidas por la ley, y no amenazas estériles que a nada conducen como el ultimátum.

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