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Nuestro ‘digno’ transporte público

2 de mayo, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Trasladarse de un punto a otro en la ciudad de Morelia o en cualquier otra ciudad de Michoacán, utilizando los servicios de transporte público, debería ser cosa sencilla en la que los usuarios deberíamos sentirnos satisfechos, seguros y contentos; pero sucede todo lo contrario, utilizar los camiones, combis y taxis en cualquier lugar de nuestra entidad es una proeza que crispa los nervios y acaba por frustrar el día completo de cualquier ciudadano por tolerante y tranquilo que este sea.

Veamos: ¿Por qué cuando nos subimos a una de esas unidades nos tenemos que “chutar” invariablemente la selección musical del chofer que no precisamente se caracteriza por su excelencia en el gusto musical? ¿Qué no existirá forma alguna de obligarlos a que tengan un mínimo respeto por el usuario? Hay ocasiones en que ponen a todo volumen canciones descaradamente obscenas y otras selecciones “gruperas” que hacen apología del delito sin que les importe que viajen en sus unidades jovencitas que pudieran sentirse ofendidas o niños en etapa de formación que son vulnerables a ese tipo de mensajes; pero no, los ciudadanos nos tenemos que tragar esas bajezas porque la opción de reclamar no es lo deseable en términos de decencia, al hacerlo la mayoría de las veces nos toparemos con un sujeto soez que nos retará a los golpes porque hay quien les ha dado la justificación de que sólo están haciendo uso de su libertad.

Pero eso sí, exigen a la autoridad mediante leyendas en la parte posterior de sus unidades “no al cambio de modalidad en el transporte señor gobernador”. Lo que urge es un verdadero cambio en la modalidad para que se pueda proporcionar un mejor servicio a la comunidad, ya que a fin de cuentas es la que paga el costo del pésimo servicio público que recibe.

Lo que predomina es la voluntad de un gremio egoísta que vela sólo por sus intereses, que no capacita a sus miembros ni les exige que se esfuercen en proporcionar un servicio de mayor calidad a la sociedad.

¿Podría exigirse a los taxistas que se bañen y laven de vez en cuando el interior de sus unidades? No creo que esta exigencia sea un asunto de discriminación, pues en en muchas ocasiones al subirse a un taxi el usuario tiene que soportar estoicamente olores nauseabundos quedarían ganas de bajarse si no representara un peligro abandonar la unidad en medio de la noche en un punto indeterminado de la ciudad.“ Chúpate” además su “selecto” gusto musical o la cantaleta de la operadora del radio taxi que en código cifrado, con voz inaudible y un ruido de dificultad en la recepción tienes que ir oyendo forzosamente junto con el chofer. ¿Podría exigírseles que usaran audífonos? No sé, pero debe haber una solución que solucione este problema sin que se genere algún de incumplimiento de la ley o riesgo para los usuarios.

Me desagrada cuando alguien se expresa de manera despectiva sobre la ciudad de Morelia, cuando dicen con sorna los que no quieren a los morelianos: “mugrelia”; por eso me da mucha pena que los taxis, particularmente los que reciben a los visitantes en la Central de Autobuses, despidan tan malos olores. ¿Alguien que quiera a la ciudad y que tenga autoridad al respecto podría intentar resolver esto?

¿Podría alguien intervenir para que las unidades de servicio público no lleven sobrecupo, manejen con precaución, limpien sus unidades, no suban pasaje sino en los sitios destinados al efecto, no se pasen los altos, no rebasen en segunda y hasta en tercera fila de la flecha de los semáforos, se comporten con decencia y no nos atosiguen con música estridente y hasta obscena? Creo que lo que se requiere es una reordenación total de todo el sistema de transporte colectivo; si esta reordenación implica un cambio de modalidad, bienvenida sea. Lo importante no son los gremios que no han sabido cuidar el servicio; lo verdaderamente importante es la sociedad que está harta de recibir servicios caros y de mala calidad.

Pero la verdadera carga del problema lo reciben los estratos sociales más necesitados. A fin de cuentas quienes tenemos la fortuna de tener un vehículo no requerimos hacer un uso frecuente de este tipo de transporte. Sin embargo, los miles de trabajadores y ciudadanos que no cuentan con un vehículo propio se enfrentan todos los días al viacrucis de tener que soportar estas inconveniencias.

En tanto concesionarios, los dueños de las unidades deberían estar preocupados por cumplir satisfactoriamente con los ciudadanos y estar sujetos a una regulación que, de no cumplir con ella, perdieran el permiso respectivo. Pero tal parece que todo funciona al revés, los concesionarios del servicio público del transporte y sus organizaciones presionan y condicionan a las autoridades a tal grado que los organismos reguladores se ven obligados a admitir las grandes deficiencias de los transportistas.

¿Sería deseable que en nuestra entidad se autorizara el funcionamiento de una compañía de servicio de taxis como la empresa Uber? Si los actuales concesionarios del transporte en las principales ciudades de Michoacán no cambian de actitud y proporcionan un mejor servicio, por supuesto que se justifica que la libre competencia del Mercado nos brinde un mejor servicio. La sociedad lo reclama.

 

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