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Perro que ladra infunde miedo

21 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

PUNTO NEURÁLGICO 

Luis Sigfrido Gómez Campos

El adagio popular dice que “perro que ladra no muerde” porque todos sabemos que las fieras que hacen mucho escándalo es porque tienen miedo y quieren amedrentar a sus víctimas, pero pocos seres humanos podemos dejar de sentir terror ante los ladridos de un perro, y más si éste anda suelto, es decir, si tiene la posibilidad real de atacarnos. El cuerpo de un ser humano, cuando tiene miedo, descarga adrenalina y los perros tienen la capacidad de percibirla mediante el olfato y estimular su fiereza. Las personas que logran controlar su temor a sus ladridos generalmente no son atacadas.

El problema real respecto de los ataques de un perro se da cuando lo tenemos junto a nuestra nuestra casa, como vecinos. En las ocasiones en que tenemos una buena relación de vecindad, el problema se aminora, pues generalmente las personas son conscientes del peligro que representa su cachorro, lo mantienen encerrado y alejado de los transeúntes como señal de respeto y buena vecindad. Pero si el dueño de la fiera es un señor gruñón, agresivo, machista, racista y prepotente, tenemos que tomar precauciones porque este tipo de personajes generalmente no está en sus cabales y suelen utilizar a sus mascotas con fines perversos.

La buena vecindad beneficia a todos. Tener como vecino a un loco con el que no se puede hablar genera muchos problemas. Existen decisiones de carácter colectivo que ayudan a la correcta marcha de la vida cotidiana en nuestro entorno cercano; por el contrario, si alguien se excluye de la colaboración en la solución de los problema comunes y parte de la consideración de que todos sus vecinos son unos delincuente con los que si tiene algún contacto le van a infringir un mal, entonces ese prejuicio va alterar de manera sustancial su relación con la comunidad.

Cambiar la cerca que divide tu propiedad por un muro electrificado y poner guardias armados para evitar cualquier intromisión, quizá pudiera constituir parte de tu derecho; pero si tus ancestros siempre habían mantenido una excelente relación con sus vecinos, al grado de que éstos siempre les ayudaron a sacar la basura, cuidar el césped, lavar los platos, recoger los frutos y labrar la tierra; en fin, realizar todas las tareas que su propia familia no estuvo nunca dispuesta a realizar. Qué necesidad tienes ahora de declarar a los vecinos como indeseables y criminales.

Si tus ancestros generalmente habían celebrado convenios de buena relación comercial con sus vecinos, sobre todo con los colindantes, con los que tu familia había signado pactos que te ayudaran a mantener la seguridad de la línea divisoria de tu propiedad para que las ovejas negras de su familia no metan sustancias indeseables y cuiden que otras personas de procedencia más lejana no se metan a tu predio a causar destrozos. Qué necesidad tienes de iniciar un conflicto que ponga en riesgo esa buena relación.

Se nos dice reiteradamente que no debemos caer en alarmismo ni desesperación ante el triunfo electoral del señor Donald Trump a la presidencia de Los Estados Unidos de Norteamérica. Muchos analistas confían en que la mayoría de las amenazas vertidas por el empresario del Partido Republicanono se podrán implementar de la forma como lo había prometido, gracias a que el sistema político norteamericano tiene sus propios mecanismos de seguridad que atan las manos delos políticos que pretenden excederse en las funciones que estrictamente les asigna su Constitución.

Es muy probable que el magnate neoyorquino no pueda realizar de manera inmediata todas las amenazas que anunció durante su campaña para erigirse como el hombre más poderoso de su país, pero sus simples declaraciones y su triunfo electoral ya comenzaron a producir sus primeros estragos: en nuestraeconomía, en la acentuación del carácter racista de gran parte de la población norteamericana y en el imaginario colectivo de nuestros connacionales que ha reaccionado de manera muy diversa.

Este inicial desconcierto debe servirnos para reflexionar y tomar las medidas más eficaces como nación para prevenir cualquier acción que nos perjudique. Lo más insensato es empezar a culparnos de nuestras desgracias. Los mexicanos no tenemos la culpa de estar tan lejos deDios y tan cerca de los Estados Unidos.

Primero, debemos reconocer la enorme dependencia económica que tenemos respecto a nuestros vecinos del norte para aminorar los daños. Requerimos de una estrategia de diplomática que no necesariamente sea agresiva, sino preventiva y reactiva a las medidas que el próximo presidente norteamericano implemente.

Si de falta de colaboración se trata, nosotros también podemos dejar de cooperaren aspectos estratégicos. El gobierno mexicano ha colaborado de manera decidida en el combate al narcotráfico y seguridad de su frontera con su vecino del norte permitiendo incluso la colaboración directa de agentes especiales que actúan en el interior de nuestro país supervisando y vigilando la implementación de programas de seguridad. ¿Quieren que dejemos de hacerlo?

Sabemos que perro que ladra no muerde, pero no podemos dejar de reconocer que sí nos provoca mucho miedo.

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