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Perro que ladra no muerde

10 de octubre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Luis Sigfrido Gómez Campos

 

“Perro que ladra no muerde”, suele decirse para referir que alguien que hace mucho escándalo para agredir a alguien generalmente no llega a los hechos. Una fiera cuando va a atacar actúa con sigilo para sorprender a su presa, para evitar que ésta tome sus prevenciones y pueda huir o contraatacar. Pero un animal que hace aspavientos aparentando ser muy “pantera”, generalmente lo que tiene es miedo. Este es el conocimiento que nos arroja la sabiduría popular; pero siempre debemos tener presente que un animal con miedo es siempre un animal peligroso.

Yo pensaba quela sabiduría popular no generaba muchas esperanzas a los mexicanos contra los ladridos de Donald Trump. Este personaje perverso, racista, xenófobo, enemigo de los latinos, de las mujeres y de todas las minorías, construyó su “prestigio” culpando a los mexicanos de todos los males de la nación norteamericana.

Adolfo Hitler, comenzó igual, responsabilizando a los judíos de todos las desgracias que aquejaban al mundo y a su nación; trazó una estrategia propagandística basada en el odio y difundió la idea de que habría que rescatar la grandeza germana de otros tiempos combatiendo a los supuestos enemigos de Alemania. En la etapa de crisis en que se encontraban, su pueblo le creyó. La actitud de Hitler condujo a una de las guerras más atroces que ha padecido la humanidad.

La comparación de Donald Trump con Adolfo Hitler son inevitables, ambos tienen el mismo olfato de sabueso para rastrear las debilidades de un importante sector de su población; dirigen su discurso a los desempleados, a los resentidos sociales y a las clases medias poco ilustradas que pueden creerle que todos los males de su nación podían provenir de un grupo étnico diverso al suyo.

La propuesta de política del señor Trump resulta estúpida y terrorífica. Cree posible no sólo hacer un muro en la frontera con México, sino obligarnos a construirlo, parar el flujo de las divisas, detener las inversiones y correr de su país a todos los mexicanos que le resulten indeseables.

La posibilidad de que Trump llegara a presidirla nación más poderosa de la tierra ha llegado a ser tan real, que esa simple expectativa produjo estragos en nuestro país, y no me refiero a la caída del Secretario de Hacienda, sino a la pérdida de valor de nuestra moneda y al debilitamiento de nuestra economía que podría colapsarse en caso de que ese personaje siniestro llegara a la presidencia.

Somos un país totalmente dependiente de la economía de Los Estados Unidos de Norteamérica. Informaciones recientes reportan que el 80 % de nuestras exportaciones se realizan hacia el vecino país del norte; en 13 años, de 1999 a 2012, se invirtieron aproximadamente 153.000 millones de dólares provenientes de ese país; el flujo comercial entre ambas naciones es tan intenso que cada minuto se trafica aproximadamente un millón de dólares; en sólo siete meses se perderían 15.000 millones de dólares en remesas y muy probablemente quedaría sin efectos el tratado de libre comercio.

Pero afortunadamente Dios es grande y, no obstante que nos puso como vecinos de los Estados Unidos, ha dejado que el libre albedrío de este vulgar sujeto haya mostrado al mundo el verdadero rostro y el viernes pasado el Washington Post difundió una grabación en la que el güero del bisoñé se jactaba con otro sujeto, con expresiones muy vulgares su fracasado intento por acostarse con una mujer casada y refiriendo que la posición social y fama que tiene, le permite abusar físicamente de las mujeres con las que trata sin que éstas protesten: “cuando eres una estrella, te dejan hacer lo que quieras, puedes hacer lo que quieras(…) agarrarlas por el … puedes hacer todo”, se le oye decir.

Después de esta exhibida pública, tuvo que pedir perdón y entrar en su defensa su propia esposa, quien reconoció que esto era vergonzoso y que ella misma desconocía al personaje de la grabación, que el marido que ella conocía era distinto e incapaz de proferir tales vulgaridades.

En fin, que después de este desaguisado, los personajes más importantes de su propio partido, el republicano, decidieron deslindarse del grosero empresario que sigue empecinado en ser presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Parece ser que ahora sí el pueblo norteamericano está conociendo el verdadero rostro de este funesto personaje.

Lamentablemente en este mundo neoliberal en el que priva el interés individual sobre los valores sociales, figuras como la de Donald Trump pueden ascender hasta los niveles más altos del poder no importando su carencia de una formación básica respecto de los valores de respeto y humanidad hacia sus semejantes.

Muchos personajes de la vida intelectual y artística han expresado su repudio a Donal Trump, esperando contribuir a obstaculizar la llegada de este vulgar sujeto al cargo más importante de la potencia más poderosa de la tierra. Pero una de las críticas más vehementes fue la del actor Robert De Niro quien dijo que Trump era un “cerdo” y un “perro” al que le gustaría propinarle un puñetazo. Las palabras de De Niro son tan agresivas como grosero es el propio Trump. Solamente habría que añadir a sus palabras, la frase con la que iniciamos este artículo, y Dios quiera que “perro que ladra no muerda”.

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