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Solos, tristes y abandonados

22 de febrero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

PUNTO NEURÁLGICO

Solos, tristes y abandonados

Se ha ido el papa y nos ha dejado completamente solos, con los mismos problemas de siempre, pero un poco más tristes porque ya no nos queda la esperanza de pensar que él va a ayudar a resolver las carencias más ingentes de los necesitados. Se fue y la realidad nos cimbró, inmediatamente se anunciaron recortes de miles de millones de pesos para el ejercicio fiscal 2016; esto quiere decir que algunos programas importantes de gobierno no se realizarán, o que si se realizan se harán con una poca inversión, lo que significa mayor desempleo y un achicamiento de la economía que posiblemente traiga otras consecuencias negativas para los mexicanos.

El papa se fue y nos dejó un Morelia sumida en la tristeza porque ni siquiera recuperamos los gastos de inversión que hicimos para los miles de tacos, tortas y demás antojitos para que no se quedaran con hambre los millones de supuestos visitantes que llegarían; pero todo nos lo tuvimos que tragar porque las visitas nos dejaron plantados, vestidos de blanco y alborotados.

Eso sí, los fieles creyentes que tuvieron la fortuna de ver aunque fuera unos cuantos segundos el paso del Sumo Pontífice quedaron satisfechos porque conservarán eternamente en su memoria el día en que vieron al Papa en Morelia. La emoción que sintieron nadie se las va a quitar, guardarán en sus corazones ese sentimiento de religiosidad profunda que sólo ellos son capaces de sentir, porque esa íntima satisfacción no se puede comunicar a otros mortales con simples palabras. Es un asunto de fe, y eso no requiere explicación.

Se fue el Papa Francisco y nos deja con la certeza de que la transformación del país que queremos es responsabilidad de todos. No podremos acabar con la violencia si no fortalecemos en el propio seno familiar los valores necesarios para que cada uno de sus miembros se comporte todos los días con respeto y amor hacia sus semejantes. Y esa responsabilidad, siendo de todos, principalmente atañe a quienes desempeñan una función pública, pues cuando el simple policía deja de cumplir debidamente con su función, o se colude con los malos, deja a la población inerme, expuesta a los riesgos de enfrentar sola, las más crueles infamias.

Parece ser que requería venir el Papa para que reconociéramos lo evidente: el enorme compromiso de todos, los gobiernos, los empresarios y la sociedad tenemos con las diferentes etnias de nuestro país. Los indígenas han sido y son el rezago ancestral que los gobiernos de Latinoamérica y de México no han podido atender como es debido. Por eso el Papa tuvo que reclamarnos la discriminación, abandonó, el despojo y daño de sus tierras que de manera sistemática han padecido los indios desde sabe Dios hace cuánto tiempo. “Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón!, Perdón hermanos. El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes”, dijo.

Igualmente requería venir el papa a ver nuestras cárceles para decirnos que éstas no son la solución de la violencia que padecemos, sino que la reinserción o rehabilitación social no inicia en las paredes de las cárceles sino en afuera, creando un sistema de salud social en los barrios, las escuelas, las plazas, las calles, los hogares, para que la sociedad no enferme y más bien actúe previniendo situaciones que terminan lastimando y deteriorando el tejido social.

¿Requería venir el Papa Francisco hasta México para regañar al los jerarcas de la Santa Iglesia Católica y decirles que si se van a pelear se peleen como hombres y aprendan a resolver civilizadamente sus problemas? Yo creo que no, eso se los pudo decir en cortito cada vez que le fueran a llevar un chisme al Vaticano: “no fulano, no me vengas a contar esas cosas, eso rebaja tu dignidad. Compórtate de acuerdo con la investidura que posees”, eso les pudo decir para no exhibir a los Obispos mexicanos ante el mundo como una curia muy dada a los comentarios poco serios.

No vino a destacar asuntos espinosos que muchos hubieran querido que tratara con holgura como el de los curas pederastas, o el padre Marcial Maciel; o no se dispuso a recibir a los padres de los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa en audiencia especial pretextando asuntos de organización o agenda llena; ni hizo pronunciamientos políticos claros y directos en contra del gobierno mexicano. No. El Papa, además de ser un líder espiritual de una de las religiones más numerosas en el mundo, también es un jefe de Estado y, como tal, cumple con ciertas reglas de protocolo político que hacen que su discurso sea prudente, o para otros incluso insustancial.

Para algunos descreídos, visitas como las del Papa están de más o incluso causan daño al erario y a la conciencia de los ciudadanos; pero para un pueblo como el mexicano, mayoritariamente católico, resulta que el arribo del Sumo Pontífice es una bendición porque los beneficios que acarrea son de carácter espiritual, muy difícil de cuantificar en términos objetivos.

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