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Morelia, Michoacán a 21 de enero de 2017
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Triste navidad

21 de diciembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Hoy es día 21, hace frío y ya huele a navidad. Hoy toca la posada en casa de doña Eduviges, la del pozole, ella había dicho que este año no iba a participar pero quiere mucho a sus nietos y ni modo de no hacerles aunque sea una piñatita.

A doña Gloria no le gustan las navidades, se pone triste. Dice que no sabe por qué, pero todo lo malo que le ha pasado en la vida le ha pasado en diciembre. Armando, su marido, se fue un 28 de diciembre, un día de los inocentes, como si fuera broma, y nunca volvió. La dejó con tres hijas ya grandecitas y uno que venía en camino, el Tito, que ya ven ahora lo que le ha pasado. También en diciembre murió su madre hace ya algunos años, un día 20, en la mera época de las posadas. Recuerdo que le fueron a avisar a la casa de doña Ramona cuando estaban rezando, y el rezo se convirtió en puro llanto. De ahí nos fuimos a la casa de Gloria a acompañarla en su dolor, pero ella ya no tuvo consuelo. Desde ese día como que todo se le volvió más triste.

Luego, en otro diciembre, se le fue su hija Concha con el novio; durante todas las fiestas nomás anduvo en la tristeza, “ora qué vamos a hacer”, decía, era la que ayudaba a mantener la casa. Concha acabó yéndose para los Estados Unidos. Dicen que allá vive felizcon su marido y nunca se volvió a acordar de su madre. Así pasa siempre, los hijos son unos ingratos, les das todo, nomás crecen y nunca se vuelven a acordar de ti.

La navidad siempre la festejábamos juntos todos los vecinos cuando éramos pocos, pero la colonia ha crecido y desde hace mucho hemos hecho la costumbre de juntarnos los mismos, los viejos vecinos, los que vivimos cerquita del templo, aunque cada vez somos menos porque algunos ya se han muerto o se han ido a otro lado. De cualquier modo aquí en la colonia siempre nos hacemos el ánimo de celebrar las fiestas, nunca hemos dejado fe festejar, somos re animosos. Ponemos un nacimiento afuerita del templo con su niño Dios y todo, un arbolito de navidad, algunas lucecitas y párale de contar. Al final de las fiestas guardamos todo para el año que viene, para no gastar, y todos felices.La única que no se hace el ánimo es doña Gloria que cada vez se siente más agobiada por la tristeza.

Las otras dos hijas de doña Gloria le salieron medio alegres. Nomás crecieron tantito y se le perdían por aquí cerquita con los muchachos de su edad; poco faltó para que se acabaran de descarriar y se salieran muy arregladas todas las noches. No sé si fue para bien o para mal, porque a partir de entonces ellas se hicieron cargo de los gastos de la casa. De cualquier manera ahí se la llevaron por algún tiempo, hasta que les pasó lo del Tito.

Al Tito le pusieron así porque se llama Roberto y para no decirle Robertito cuando estaba chiquito, pues se le quedó Tito. Ese muchacho siempre fue buen muchacho. Muy serio y estudiosillo. Tenía buena pinta. Nomás empezó a crecer, su madre cifró todas sus esperanzas en él. Casi no se juntaba con los malandros de barrio y clarito que se veía que iba a ser alguien. Pero hace como tres años, cuando cumplió los diecisiete empezó andar de enamorado con la hija del carnicero, y fue entonces que le ganó la ambición. Como al papá de la muchacha no le parecía que anduviera con uno que fuerapobre, se le despertó la codicia.

Desapareció en diciembre de ese año. Las malas lenguas dijeron que lo había levantado la maña, pero yo estaba seguro que no era cierto porque la maña sólo levanta a los que se pudren en lana o a los que andan metidos en algo, y el Tito ni la debía ni la temía, era un alma de Dios.

Tiempo después apareció el Tito con una Cheyenne, andaba con camisas de seda de esas muy vistosas estampadas con caballos y todo, con el estéreo a todo meter y corridos de narcos paseando con la hija del carnicero. Entonces el papá ya no dijo nada. Era un orgullo para él que su hija anduviera con un muchacho tan pesado. Sólo doña Gloria no tuvo sosiego. Lloraba la pobre con el ánimo sobresaltado por la angustia de pensar que en cualquier momento le llegaran con la mala noticia de que a su hijo se lo habían matado. Pero no. Llegó la otra navidad y las cosas en casa de doña Gloria parecían ir todo bien.

Fue hasta el año pasado cuando le llegaron a doña Gloria con la mala noticia de que a su hijo lo había detenido la federal, lo acusaban de sabe Dios no sé cuántos delitos y lo metieron a una cárcel federal, creo allá por el estado de Tamaulipas. Pobre doña Gloria, ni siquiera puede ir a verlo, tan lejos y sin dinero. Se metieron los policías a su casa disque a buscar indicios y la saquearon toda, no le dejaron nadita, de por sí nunca tuvo nada.

Por eso doña Gloria se la pasa tristeando. Dice que los diciembres no le gustan, y menos las navidades, porque todo lo malo que le ha pasado en la vida ha sido en diciembre. De cualquier modo sus otras dos hijas, aunque dedicadas a la mala vida, nunca la dejan sola, esas siempre la acompañan en la navidad a compartir la tristeza de su madre para hacérsela menos pesada.

No sé por qué también a mí me invade en diciembre una honda tristeza. Yo no he sufrido todas las desesperanzas de doña Gloria. ¿Será que la tristeza también se contagia?

 

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