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Violencia injustificada

13 de junio, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Por: Luis Sigfrido Gómez Campos

 

Algún día de la semana pasada se hizo viral en las redes sociales un video muy violento en el que una joven propina una serie de golpes a un sujeto corpulento que se deja pegar en un principio para, en forma posterior, devolver la agresión de manera desproporcionada y con sólo cuatro golpes noquear a la chica como si se tratara de su peor enemigo.

El morbo y la tendencia enfermiza a disfrutar la violencia cuando se ejerce contra un ser que se considera inferior hizo que el video se compartiera por millares en pocas horas y los cibernautas intercambiaran comentarios y opiniones sobre el tema de la violencia en el que cualquier usuario de las redes sociales con dos dedos de frente resulta un experto.

A través de los diálogos que se observan en las páginas de internet se puede medir la percepción de la violencia de gran parte de la población que tiene acceso a estos medios alternativos. Lamentablemente existe un gran número de personas justifica la respuesta desmesurada del hombre que con saña inconcebible golpea a la mujer.

“Se lo merecía”, “se lo andaba buscando”, “es lo menos que pudieron haberle hecho”, son algunos de los comentarios que se leen en las páginas del internet, algunos de ellos generados incluso por mujeres. Abundan las anécdotas, en varias versiones, en las que alguien cuenta que alguna vez alguien vio que golpeaban a una mujer e intervino para defenderla, pero la víctima en lugar de agradecer la defensa hacia su persona, atacó a su defensor arguyendo que su pareja tenía derecho a golpearla. Luego entonces, concluyen las voces expertas “con dos dedos de frente”, por lo tanto hay a quien le guasta ser golpeada. No he conocido argumento más estúpido para justificar la violencia hacia las mujeres.

Es cierto que existen relaciones enfermizas y que falta mucho por hacer en términos de racionalidad para aceptar que se debe erradicar todo tipo de violencia. Primero hay que entender que violencia es violencia en cualquiera de sus formas. Tanto la que ejerce la mujer como la que realiza el hombre. La única diferencia es que la que ejercita en este caso la mujer no daña físicamente al fortachón, sino que intenta desquitar infructuosamente un coraje por alguna causa desconocida. Por grave que sea la causa no se justifica la agresión, la cual no lastima físicamente pero sí intenta rebajar, doblegar o herir el orgullo de alguien que es evidentemente más fuerte.

Por lo que ve a la violencia del macho, ésta parece en un principio tolerante, conciliadora y paciente, “hasta la abraza” dicen algunos; pero hay quien observa en ese abrazo el principio de un sometimiento, “controlar con la fuerza”. De cualquier modo no logra sino irritar más a la mujer que sigue con su inútil acometida. De repente el barón se transforma y le suministra nada más cuatro golpes (pero golpes brutales, de ministerio público) y derriba a la muchacha, quien queda sangrante e inconsciente en el suelo. Otra mujer interviene para ayudar a la víctima, pero en un momento también es perseguida por el hombre violento. Después se observa al individuo recoger el zapato de la mujer que quedó tirado en el suelo y conducir por la fuerza al automóvil a la atolondrada y sangrante mujer que parece no recuperarse de la golpiza.

Este video fue grabado al parecer desde una ventana de un edificio en otro país y puede que no tenga ninguna repercusión jurídica para el agresor. En México las lesiones se persiguen de oficio; es decir, no se necesita que medie una denuncia para que las autoridades inicien una averiguación; pero esta agresión más bien parece una tentativa de homicidio.

Pero lo que me preocupa es la comprobación personal de que este tipo de asuntos no sirven para hacer conciencia respecto de la gravedad de la violencia y sus implicaciones, sino que se convierta en un mecanismo de diversión en el que la comunidad masculina reafirma sus patrones de machismo. Al presenciar el video del ataque de este sujeto que supera en mucho la fuerza de la mujer, pude comprobar personalmente, en el medio que me rodea, que al 90 % de los varones que contemplan estas imágenes sólo les provoca risa. Hubo hasta quien comentó, en supuesto tono de broma, que él la hubiera matado.

Perdón, pero la contemplación de la violencia salvaje de esas imágenes inferidas en contra de una mujer a mí no me provocan risa. Hubo quien dijo que yo no tenía sentido del humor. Me permito diferir, creo que sí tengo desarrollado este sentido, quizá hasta la forma execrable de la simpleza; pero la indignidad a que se somete a un ser humano por su debilidad física no me produce hilaridad.

Vivimos en un mundo en el que frecuentemente nos sentimos intimidados por las garras de la violencia y no nos damos cuenta que el mejor remedio para combatirla es rechazarla en cualquiera de sus formas. La violencia genera violencia, pero justificarla o reírnos cuando el fuerte abusa del débil es la vía para que el día de mañana, el más poderoso, por el simple hecho de serlo, abuse impunemente de algún miembro de nuestra familia o de nuestra integridad.

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