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A propósito de…

29 de septiembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Susceptibles

Martha REVUELTA MORALES S.

Lo susceptible es aquello posible de modificar, equivaliendo a apto, dispuesto, capaz; usualmente empleado en frases como “el proyecto es susceptible de mejora”. Referido el término a las personas, es equivalente a un modo de ser irritable, puntilloso o quisquilloso; es decir, fácil de ofender.

Es probable que muchos de nosotros tengamos cierta susceptibilidad respecto a comportamientos de los demás, por ejemplo, que no respondan nuestros saludos, se olviden de dar las gracias o pedir las cosas por favor.

Sin embargo, en la actualidad se advierte una tendencia a desarrollar y propagar una exasperada irritabilidad (lo que también se conoce como “piel fina”), concediendo demasiada importancia a temas que no siempre merecen un desgaste emocional ni inversión del tiempo propio y de los demás, porque su solución esté en ignorar el asunto, comprender el contexto o implementar medidas sustanciales, principalmente tratándose de asuntos que atañen a la formación de los hijos.

Cuando escribo o hablo de lo que es “demasiado”, me entra un prurito de aclarar que no es sinónimo de mucho ni de lo ideal, sí de algo excesivo o que está de más (número, cantidad o intensidad) de acuerdo al diccionario de la lengua española.

Opina el escritor Francesc Miralles, que las personas hipersensibles pierden amistades con facilidad y les cuesta adaptarse al entorno laboral. Desde fuera parece que estén en guerra con el mundo, aunque en el fondo lo están con ellas mismas.

Una manera de mitigar la hipersensibilidad -refiere este también traductor y músico catalán- de modo que no afecte a nuestras relaciones con los demás, es canalizarla en una actividad artística como la escritura, la pintura, la música o la fotografía. Cualquier vía de expresión artística es una catarsis que nos permite descargarnos de nuestra sensibilidad más fina para volver al mundo con la piel más dura.

“No gastes tu pólvora en infiernitos”, reza el refrán mexicano que alude a evitar el desperdicio de energía en algo inútil o insignificante, frente a aspectos que son verdaderamente fundamentales y requieren de profundas reflexiones y contundentes acciones.

Así, la petición que hizo en el pasado verano una madre de familia en la comunidad global de movilización Avaaz -encaminada a tomar conciencia y acción frente a temas de interés internacional, regional o local, como combatir la corrupción, la pobreza, el conflicto armado y el cambio climático-sobre el anuncio de una película de terror en un canal de televisión -no dirigido al público infantil-. La indignación, compartida por miles de padres, aludiendo al trauma que estaba generándose en sus niños pequeños, hizo que se dejara de emitir tal publicidad.

A inicios de la presente semana, Televisión Española (TVE) pidió disculpas por la reciente transmisión de un episodio de la serie de dibujos animados “Bob Esponja (que tienen restringido habitualmente, pero se les “coló”); debido a que un telespectador se quejó de que en él se vierten dos palabras malsonantes: idiota e imbécil. “No es lo más adecuado para nuestros hijos”, expresó el molesto padre.

Peores palabras se escuchan a diario en parques públicos, escuelas y casas. También patéticas situaciones e imágenes repulsivas se ven comúnmente en historias protagonizadas por Bob y sus amigos.

En el mismo comunicado, Radio Televisión Española, pide perdón a la madre de una niña intolerante al gluten, por poner al aire un capítulo donde el amigo del personaje principal consume un producto al que es alérgico, para evitar asistir a una actividad que no le apetece.

Si lo que pensamos y proclamamos al mundo es la idea de formar parte de una plataforma vanguardista, concentrada en luchar por las libertades y respeto a la dignidad, no se justifica culpar a la televisión de la buena o mala educación de los hijos, si existe la posibilidad de apagar el aparato, o estar con ellos durante los programas que les gustan, para orientarles.

Educar es asumir innumerables responsabilidades, como estar realmente pendiente de lo que ven los menores, para dotarles de instrucción adecuada en los aspectos que sean necesarios (el uso de teléfonos u otros dispositivos digitales hace que los padres estén en cuerpo presente, pero más ausentes que si estuviesen leyendo un libro de filosofía).

El politólogo Giovanni Sartori (Florencia, 1924) nos develó en su ensayo “Homo videns”, entre otras cosas, que los niños están reblandecidos por la televisión; adictos de por vida a los videojuegos. En junio del presente año, agregó que el pensamiento y las huellas de la civilización son invisibles para quienes solo entienden lo que ven con sus ojos: mensajes de texto, imágenes y poco más.

Son tiempos fáciles para quienes buscan pretextos y culpables en lo externo, eludiendo la propia responsabilidad, porque encontrarán a quienes culpar de sus males, y encima escucharán la ovación de sus iguales.

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