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A Propósito de…

17 de noviembre, 2016

Redacción web/La Voz de Michoacán

Futuro

Martha Revuelta Morales S.

Quizá es demasiada la información que caracteriza nuestro tiempo, lo que acarrea una limitada capacidad para comprenderla; situación razonable porque es imposible conocer y discernir los variados aspectos que ofrece la actualidad, y además tener memoria de la historia.

Cuando empleo “demasiado” me gusta aclarar que es, según el diccionario de la lengua española, aquello que excede de lo necesario o conveniente.

No obstante, habita en la mayoría de nosotros una afanosa inquietud por juzgar y opinar acerca de todo; incluso expresar esos pensamientos de forma pública o compartir bulos, trátese de WhatsApp, Twitter, Facebook o cualquier otra red social.

Un bulo es esa noticia falsa propalada en cadenas de mensajes, que si bien no tiene fines lucrativos, puede deformar la realidad; en lugar de sumar, ayudar o avisar, se logra lo contrario: angustiar, titubear, destruir.

“Antes de propagar algo, cerciórese de la fiabilidad de las fuentes”, es un consejo incesante que desoyen quienes tienen el prurito de comunicar “sin ton ni son”; es decir, fuera de orden, medida, oportunidad u ocasión. La expresión es de origen musical y alude al hecho de que se intervenga sin que el solista o director haya dado el tono previo, lo que probablemente desafinará.

En la actualidad, los partidarios a socializar información sin verificar el origen intentan “curarse en salud” expresando que lo recibieron de un familiar, amigo confiable o manifestando en su publicación un “por si acaso” o “por si las moscas”.

Sobre este último enunciado no existe origen exacto; una leyenda dice que tras la profanación de la tumba de San Narciso, en el siglo XIII, en lugar de encontrar riquezas se desató una nube de moscas que propagó la peste; de ahí el hacer o no hacer algo, en previsión de factibles consecuencias desagradables.

Concuerdo con la mayoría, respecto que el presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica es un personaje peligroso y nefasto para el mundo, por el poco o nulo respeto que le merecen mujeres, extranjeros, minorías, conceptos de bienestar común, suma de naciones y cuidado del planeta, pero es probable que olvidemos parte de la historia; Donald Trump no inaugura esa postura.

Almudena Grandes en un reciente artículo publicado en El País nos recordó que el muro entre México y Estados Unidos existe desde 1994; es feo, triste e inspira vergüenza. El presidente que emprendió su construcción se llama Bill Clinton. En sus palabras: “a las personas que escribieron el nombre de sus seres queridos sobre una cruz de madera, les habrá traído sin cuidado que su mujer haya perdido las elecciones.”

En lo relativo a deportaciones de inmigrantes, el gobierno de Barack Obama está a la cabeza: cerca de 2,5 millones, según su Departamento de Seguridad Nacional (aún falta conocer los números de este año); el 40% no tenía antecedentes penales.

Ningún otro presidente en la historia de EEUU expulsó tantas personas como el actual (su antecesor, George W. Bush deportó alrededor de dos millones en ocho años); pero quién puede negar el enorme carisma de Obama y el importante respaldo de Michelle Obama a su gestión;  icono de sencillez, inteligencia y compromiso social.

Dentro del documento que publicó Donald Trump durante su campaña, que contiene acciones para sus primeros 100 días de gobierno, está acabar con el autodenominado Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés);“drenar el pantano” (zanjar la corrupción en la sede de instituciones de gobierno); poner fin a la reforma sanitaria impulsada por Obama y deportar a migrantes irregulares; sin embargo, en una entrevista concedida luego que resultó presidente, Trump indicó que no únicamente estaría dispuesto a mantener parte del programa de salud que impulsó Obama, incluso manifestó que extenderá sus beneficios.

100 días es un plazo que está de moda aludir desde hace años; engaño que suele anunciarse “con bombo y platillo” y termina con la típica forma de olvidar, borrar o alejarse del lugar, conocida como huir “con la cola entre las patas”; lo han hecho Enrique Peña Nieto, Silvano Aureoles Conejo y otros gobiernos de derecha, izquierda y centro, pero si se trata de identificar mentirosos no se necesita ir lejos; viven entre nosotros los que prometieron una mejora general en empleo, servicios y condiciones de vida, pero se limitan a favorecer intereses personales y de grupo.

Donald Trump es un gran villano, pero no más que los gobernantes mexicanos que obligan a tantos compatriotas a irse del país porque las condiciones que a ellos les favorecen en lo individual, les permiten negar a miles dar de comer a sus hijos, mandarlos a la escuela y proveerles de un futuro.

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