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A propósito de… Culpas y pecados

9 de julio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

No sé a cuántos de ustedes les sucede que ciertas situacionesrelacionadas con el descanso, el paseo o la simple holgazanería, sin haber realizado antes algo productivo-por mínimo que sea- les produce una sensación de culpa o pecado que no permite disfrutarlas como se debiera; por ejemplo, quedarse hasta tarde en la cama, ya sea durmiendo, leyendo oviendo algo en la pantalla;permanecerel día en casa sin realizar alguna actividad provechosa, o salir de ella, dejando trastes sin lavar o camas sin tender.

Se necesita más que voluntad para apartarse de esa cultura en la que fuimos formados varios de nosotros, en la que esforzarse, fatigarse y siempre ocuparse es medio y fin;no obstante que se trate de fines de semana, días feriados o periodo de vacaciones.

En una columna reciente, el escritor Vicente Verdú, expuso que a muchos nos enseñaron disciplina y abnegación para saber vivir. Quedó, por tanto, anulada la permisión para disfrutar sin remilgos y procurarse tanto el reposo como el placer. En sus propias palabras: “neuróticos del sentido del deber o en hacer más y mejor sin sentirse jamás satisfechos […] Para ser identificado y condonado era necesario hacer. Desde los curas del colegio hasta las lecciones de Carlos Marx el lema resultaba ser el mismo: somos lo que hacemos. No hacemos y, en consecuencia, no somos.”

Por supuesto que este prurito por sentir que merecemos un descanso o espacio de libertad para leer, jugar over una película, únicamente si antes realizamos acciones de provecho, ya sea físicas o intelectuales, no es atribuible a nuestros padres, sino consecuencia de las condiciones que estuvieron presentes durante nuestra formación.

Intentando comprender las razones de este modo de ser, así como el opuesto, que se observa en algunos adultos, pero principalmente en personas más jóvenes, quienes no se abruman si durante el día no realizan algo útil para sí mismos o los demás, indagué si en las características de las diversas generaciones que existenactualmente se encontraban las claves.

Fue así que me enteré que,por primera vez en la historia de la humanidad –por efecto de la ampliación en la expectativa de vida de los adultos mayores- son ya cuatro los grupos de personas que conviven e interactúan día con día en ámbitos económicos, emocionales y cognitivos;denominados por influencia de la cultura de EEUU como: “babyboomers”, “generación X”, “generación Y” y “generación net”.

La descripción de estos diferentes grupos se centra primordialmente enlas influencias históricas y culturales recibidas durante la conformación de su personalidad.

Por mencionar algunas de las diferencias entre los de la “generación X” (nacidosentre finales de la década de los sesenta y principios de los ochenta) y los de la “generación net” (nacidos a partir de la década de los noventa), los primeros tuvieron una formación educativabasada en experiencias directas y textos en papel, pero con dificultad para llegar a donde soñaban, por la saturación de egresados universitarios. Asimismo, una gran influencia de la televisión, desarrollando luego capacidades para la tecnología.

Los jóvenes de la “generación net”, encuentran fascinantes las nuevas tecnologías, aunque la realidad generalmente no les parece suficientemente emocionante; en cuanto al aprendizaje, hacer es más importante que saber; conocen más, pero a menor profundidad; ser multitareas es su forma natural de operar, y tienen poca tolerancia a la demora.

No obstante lo interesantes que puedan las particularidades de las diversas generaciones, es quizá en otro campo donde se encuentra la posible respuesta a la conducta referida en los primeros párrafos, porque la educación que recibimos está más allá de ser descendientes de los “babyboomers”, al ser tal situación algo ajena a la experiencia mexicana.

Esas personas que somos proclives a sentir culpa o insatisfacción por no hacer algo productivo cada día del año, es probablemente porque vivimos de cerca la compleja circunstancia de nuestros padres, quienes no hallaban en domingos ni días de fiesta tiempo para merecidos descansos.

La mayoría de ellos vinculados en sus primeros años a ámbitos rurales, creciendo luego en condiciones elementales, con sobriedad y carencias de comodidades, sin posibilidad de elegir qué comer, porque lo que se les servía en el plato era bastante motivo para agradecer; vistiendo ropa heredada de primos o hermanos, confeccionada la mayoría por costureras del barrio. Asimismo, educados en el respeto a la autoridad (padres, profesores, sacerdotes, policía, y en general, a los mayores).

“Infancia es destino”, como lo dijo Freud; y si la experiencia infantil es la causa del determinismo de las neurosis que desarrollamos con el transcurrir de los años, que sean de la naturaleza que no dañen a los demás, y sí en cambio puedan aportarles algo básico, como nunca salir de casa sin antes tender la cama.

 

 

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