IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 17 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.65

22.00

A Propósito de…

28 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

Hace días me sorprendió gratamente conocer un proyecto dirigido a combatir los rumores. No de los que despiertan agradables resonancias, asociados con el movimiento del agua en un río o de hojas de un árbol movidas por el viento, sino los que consisten en especulaciones que poco o nada aportan, y sí pueden causar confusiones, rencores o falsas esperanzas.

La estrategia “Antirrumores” está actualmente implementada en cinco ciudades de España, con la idea de extenderla en breve a otras más del continente, contando con el apoyo del Consejo de Europa y otros organismos implicados en temas de respeto a los derechos fundamentales, a fin de evitar prejuicios sobre la diversidad cultural.

Entre sus objetivos, identificar y analizar los principales estereotipos y falsos rumores sobre los extranjeros migrantes que circulan entre la población, recopilando información objetiva y rigurosa que los desmienta; constituir una red de actores sociales que ayuden a combatir los tópicos sobre ese fenómeno, sensibilizando a la población, a fin de que la interacción y convivencia social no produzca actitudes discriminatorias y racistas.

“Si piensas en un rumor, lo paras”, esta es una de las fórmulas para invitar a la ciudadanía a reflexionar sobre los comunes estereotipos de que los migrantes son personas peligrosas, sin estudios ni educación, con malos hábitos y/ocreencias absurdas. Si uno se deja llevar por estas opiniones preconcebidas, sin recapacitar, nace el prejuicio, que no es otra cosa que una actitud hostil y desconfiada hacia quien pertenece a un colectivo distinto.

Dentro de la “Guía práctica para combatir los rumores y prejuicios sobre la diversidad cultural”, se señala que también existen prejuicios entre grupos donde ambos son extranjeros, como los de personas marroquíes hacia latinoamericanos; en un mismo país (lo más común es entre habitantes del sur y del norte); incluso, entre los que conviven en una misma región, como el caso de mestizos e indígenas o nativos. Sin olvidar aquellos por cuestiones de edad, sexo, aficiones o profesión.

Familia, amistades, vecindad, escuela, trabajo, y por supuesto, medios de comunicación, son contextos donde los rumores se aprenden y transmiten, convirtiéndose luego en estereotipos que refuerzan con mayor facilidad las creencias asumidas, pasando desapercibidas las realidades que no se ajustan a lo aprendido, porque relevan o exoneran del esfuerzo de poner en tela de juicio lo asimilado, que sin duda es más cómodo que titubear, pensar, investigar, y luego decidir.

Un monstruo de muchas cabezas, o una mujer con varias trompetas, es la personificación que a lo largo de los siglos se le ha dado al rumor. En la mitología griega, conocida como Feme u Osa; en la romana, como la diosa Fama.

“La habladuría, escurridiza e incontrolable, no solo sigue existiendo, sino que recobra fuerza ante las nuevas tecnologías”. Así lo expresa Hans-Joachim Neubauer (Neuss, Alemania, 1960), autor de “Fama: Una historia del rumor” (Siruela).

Lejos de la idea de que una sociedad desarrollada y civilizada está a salvo del rumor, Neubauer advierte de que la habladuría ha encontrado cobijo en las nuevas formas de comunicación. Estas herramientas contribuyen a su difusión “tan relevante como imposible de corroborar”, que se propaga de forma autónoma y rápida, llegando cualquier desmentido siempre tarde. “Estamos ante una nueva era del rumor”, opina.

La ciencia no se salva del rumor. Hoy día circulan decenas de bulos -noticias falsas propaladas con algún fin- sobre nuevos descubrimientos o avances en la medicina. Igualmente, remedios alternos para el cáncer, la diabetes o el envejecimiento, que no logran contar con un respaldo objetivo.

Tampoco la política es ajena al rumor; en materia de publicidad constituye, incluso, una herramienta para incrementar las ventas de un producto.

Los rumores crecen por la ingenuidad de quienes creen en todo lo que escuchan o leen “a pie juntillas”, porque no tienen interés en verificar la veracidad de la fuente. Ahí está el problema.

Las personas que escudriñan la información que les llega, no suelen propagar rumores. “Si piensan (reflexionan) en un rumor, lo paran”.

 

 

 

 

Comparte la nota

Publica un comentario