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Azul celeste

23 de julio, 2015

admin/La Voz de Michoacán

“El que quiera azul celeste, que le cueste” dice el conocido refrán, aludiendo a aquellos casos en que para lograr algo que interesa hay que esforzarse, sin quejarse por todo lo que pueda implicar.

Celeste es el color del cielo, es decir, un azul claro. Equivale a algo bueno, apetecido y de valor. Esta paremia -con cierta ironía- de acuerdo al “Refranero multilingüe” del Instituto Cervantes, es similar a las frases: “Quien quiere la col, quiere las hojas de alrededor” y “Nunca mucho costó poco”.

En esta expresión pienso cuando intento hacer uso, en forma gratuita, del inmenso caudal de información que existe en la red, dado que cada vez son más las batallas que hay que librar para leer noticias o columnas en los periódicos, reportajes en revistas, ver videos o escuchar listas de canciones que ofrecen los diversos sitios digitales.

Por citar un ejemplo: para llegar a una noticia concreta en la edición en español de “El Huffington Post” -el diario en línea más leído en EEUU-es necesario esperar a que se abra la página, luego ver la publicidad obligada, y cuando por fin se entra al texto, sortear los múltiples distractores animados de esa misma índole.

Precisamente el medio de comunicación referido, señaló hace días que la actual lentitud del servicio de Internet no es necesariamente por circunstancias del hogar o del proveedor del servicio, sino porque las páginas de la web son cada vez más pesadas y complejas (imágenes de alta resolución, videos, animaciones, publicidad, enlaces a redes sociales); sumado esto a los sistemas que se utilizan para conseguir información de nuestros hábitos de navegación -lo que permite crear perfiles para ser utilizados luego con fines publicitarios-;también a la necesidad de hacer compatible el sitio con los diversos mecanismos electrónicos e implementar los correspondientes protocolos de seguridad. “Parece que este es el precio que hay que pagar”, concluye el mencionado artículo.

Y en efecto, estar informados hoy en día, también interactuar socialmente o simplemente escuchar música a través de medios electrónicos, exige además de una inversión de tiempo, una buena dosis de paciencia, una vista aguda para pulsar sobre todas las “x” que se nos crucen en el camino, y una imperturbable actitud ante el acoso de la publicidad.

Si lo anterior no fuese bastante, existen innumerables técnicas para despertar nuestra curiosidad y hacernos pulsar un titular; aunque la mayoría de las veces es un engaño, por la poca o nula calidad de la información contenida.

“10 cosas que te conviene saber para ser más culto”; “Algo que no podrás creer, pero existe; “Un video que te hará volver a tener fe en la humanidad“; “Ella no sabía lo que le esperaba al abrir la puerta de su clóset”; “Lo que la industria del pollo no quiere que sepas”, son algunos ejemplos que llevan a miles de personas a abrir enlaces, motivados esencialmente por tener nuevas experiencias o vivir diversas emociones.

El cebo del clic (clickbait), es una estrategia que tiene mala fama en el periodismo serio, pero funciona a niveles de mercadotecnia, porque siempre hay personas interesadas en ello, aunque en segundos claudiquen si es extenso el texto.

No faltan los sitios que contienen información inexacta, pero sus publicaciones son compartidas por quienes aún creen que es veraz todo lo que se publica. Así, la supuesta teoría de que los “Minions” tienen relación con niños judíos utilizados en un experimento nazi, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando en realidad se trata de una fotografía de un grupo de buzos de un submarino, existente en el archivo histórico de un museo del Reino Unido.

Estamos viviendo en la era de la información, en la época de mayor acceso a las obras antiguas, contemporáneas y atisbos de lo que ofrecerá el futuro; pero a la vez, en una espiral de engaños y mentiras liderados por la publicidad, que muestra su cara más agradable para incrementar su poder.

Existen, como sabemos, diversos mecanismos nacionales e internacionales, encaminados a regular los contenidos de los medios tecnológicos en materia de marketing; sin embargo, la naturaleza de ese sector, que es extremadamente dinámico e inasible, dificulta su eficacia.

Por ello, quien quiera azul celeste le costará esfuerzo y paciencia abrirse camino entre la publicidad excesiva y la información superficial o falaz, a fin de aprovechar los avances de la tecnología, que sin duda representan una fuente maravillosa para crear, pensar, expresarse, conocer y también divertirse.

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